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viernes, julio 23, 2021

Yo, el desalmado

¿Tienen alma?, se preguntaron los europeos cuando llegaron a encontrarse con los habitantes de este lado del mundo.

Del buen salvaje al pueblo bueno, los predicadores creen que hay nobleza intrínseca que nomás hay que moldear.

Mientras sean los pecados enlistados por el asceta Evagrio (acedia, gula, lujuria, soberbia, traición, avaricia, envidia, ira) o los del etólogo Lorenz (deshumanización, superpoblación, asolamiento del espacio vital y natural, la obsesión del hombre por competir consigo mismo impulsado por el acicate de la revolución tecnológica, la paulatina atrofia de los sentimientos, el quebrantamiento de la tradición, la manipulación de las masas, la decadencia genética, la proliferación de armas nucleares), los humanos somos causa de todo lo causado.

¿Por qué desde un gobierno se nos quiere moralizar? Esa no es su tarea. Véanse si no los años que el catolicismo guanajuatense lleva “inculcando valores, educando con el ejemplo” y hasta encomendándonos al Sagrado Corazón y pasearnos al Papa; y nada, que estamos al tope de homicidios dolosos, en feminicidios y acosos sexuales en todos lados y otras linduras propias de la humanidad pecadora que demuestran el fracaso oficial blanquiazul en esa intentona. Ánimas que no atino a pensar qué diantres es “el alma” en ya saben quién. Su evangelismo va a chocar con la pecaminosa mexicanidad que exige bienestar material y social, no esa entelequia del “bienestar del alma”. México necesita valores contantes y sonantes y no lecciones morales oficiales.

O, ¿acaso va a emplear a los neurocientíficos para moldear nuestros algoritmos cerebrales? ¡Órales!

 

Arturo Miranda Montero
Profesor y gestor asiduo de la política como celebración de la vida juntos.

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