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lunes, agosto 2, 2021

El cuento

El cuento moderno es el género literario más difícil de definir. En la estupenda obra de cuatro tomos de Lauro Zavla Teorías de cuento (UNAM, 1993) son tantas las definiciones, apreciaciones, acercamientos, opiniones de múltiples autores, que uno llega a la conclusión que en efecto todos tienen razón, pero ninguno alcanza a definirlo en la totalidad.

En cada volumen, ordenados temáticamente, se recopilan pasajes, conferencias, artículos, entrevistas y cuentos de los más variados escritores latinoamericanos, europeos y norteamericanos, pero con todos apenas se llega a la intuición de lo que debe ser un cuento.

Por ejemplo, en el primer volumen de la obra se incluye el decálogo de Horacio Quiroga donde señala las características del cuento. Sin embargo, en el tercer volumen una autora Silvina Bullrich destroza los postulados al observar cómo los propios textos de Quiroga rebasan su propio decálogo o incluso lo contradicen. Ello sin demérito de los cuentos del autor sino para valorar que es incompleto e inexacto lo que otros autores toman como la mejor guía para escribir cuento.

Más adelante aparecen reflexiones sobre el género de Édgar Allan Poe que se quedan cortas ante algunas apreciaciones de Ernest Hemingway. Y este último autor no coincide en el ciento por ciento con aportaciones de Jorge Luis Borges o Gabriel García Márquez.

Si todos tienen razón y se cumplen sus apreciaciones en algunos de sus cuentos y en el de otros autores, ¿qué hace imposible definirlo definitivamente…? Su plasticidad. El cuento es uno de los géneros literarios con mayor número de matices, propuestas, temáticas y estilos.

Hay cuentos de las más variadas características. Los tenemos largos que bien podrían parecer novelas, pero que no cumplen con las exigencias de este último género, ni como novela corta; pero también los hay tan pequeños, que no rebasan una sola línea (ahí está el multifestinado cuento del dinosaurio de Agusto Monterroso; ahora promovidos como minificción, microficción o hasta tuiteratura). Como las novelas, los tenemos de terror, horror, eróticos, fantásticos, de fábula, históricos, de ciencias ficción, humorísticos; costumbristas o vanguardistas; con moraleja, sin moraleja, reflexivos, no reflexivos; textuales, hipertextuales (cuentos que hablan sobre cuentos)… una variedad que resulta casi imposible limitar la clasificación o, incluso, a algunos considerarlos químicamente puros en una de ellas.

Y en el estilo, a veces lo más importante es lo que no se menciona: «… el texto se construye no solo con palabras, sino también con el silencio», Hernán Lara Zavala; «El cuento es como un iceberg, solo se ve una fracción mínima», Hemingway.

Entonces, lo más cercano podría ser lo que Silvia Molina escribió: «El artista no cuenta con reglas para la creación, porque el arte no puede crearse con reglas universales, pues cada artista funde las leyes estéticas anteriores a él (…). Debe pensar como un matemático, pero sacrificar a tiempo la precisión por el gusto».

Un cuento es un relato para disfrutar y, como los gustos son tan variados y tan disímbolos, quizá por ello, para satisfacer la demanda, su plasticidad sea tan polifacética.

sorianovalencia@hotmail.com

Enrique R. Soriano Valencia
Mexiqueño. Licenciaturas en Periodismo y Ciencias de la Educación. Premio Estatal de Periodismo Cultural 2009. Cuatro libros y tres centenares de talleres, cursos y conferencias sobre Redacción, Ortografía, Formación de Instructores y aspectos de la cultura mexica. Correo electrónico: sorianovalencia@hotmail.com Facebook: Chispitas-de-lenguaje Twitter: @ChispitasDeLeng

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