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viernes, septiembre 30, 2022

Palabras para razonar

El lenguaje es la base para entender la realidad. Una reflexión que hacen los psicolingüistas es que los recuerdos se hacen con imágenes; pero el razonamiento se hace mediante el lenguaje. Prueba de ello son los silogismos. El razonamiento lógico requiere de palabras –las exactas para reflejar la realidad– y eso permite llegar a conclusiones válidas, lo que hace comprender a cabalidad el objeto de la reflexión.

Contar con un lenguaje rico permite al cerebro encontrar la palabra exacta para dotarnos de los instrumentos que faciliten los procesos de razonamiento. De igual forma, si contamos con la herramienta precisa, la que se requiere, nuestros conceptos no estarán sesgados, serán certeros. De ahí se puede comprender que si nuestro lenguaje es impreciso o limitado, lo será también nuestra acercamiento a la realidad.  Entonces, para razonar es imperativo contar con muchas palabras y comprender lo que significan.

Y si las imágenes evocan, es decir, nos entregan a recuerdos, abandonar las palabras nos deja más como espectadores frente a diversos temas. El trabajo racional, reflexivo, se nulifica al no recurrir a las palabras. Es decir, dejar de leer, no escribir cartas o mensajes largos, incluso, reflexiones extensas o no conversar con personas, evitar las controversias, nos deja en el más lamentable de las limitaciones.

Uno de los problemas graves de la evolución social es que ha tendido más a lo visual. El desarrollo tecnológico de la sociedad cada vez más recurre a las imágenes (Tiktok, videojuegos, memes, emojis o emoticones) que a los conceptos. Es decir, se prefieren videos como juegos, personas videograbadas hablando o los llamados memes (que son conceptos más apoyados de imágenes que de palabras) y a caritas sonriendo, que a expresarnos por escrito. Las cartas postales casi han muerto y se han sustituido por mensajes breves, llenos de imágenes.

La tendencia actual es la proliferación de tecnología de mayor capacidad que busca formatos visuales que no sean una carga en la operación, para llegar rápida y de forma efectiva al consumidor. Esta tendencia se viene arrastrando desde los años cincuenta del siglo pasado, cuando irrumpió socialmente el televisor y el cine. Ambas tecnologías experimentaron una decidida carrera de expansión. La radio reunía a la familia a su derredor para escuchar –y, desde luego, imaginar– las aventuras en las radionovelas. También era regular –aunque menos frecuente– las lecturas de cuentos en grupo o a los niños antes de ir a la cama. Pero el televisor y el cine rompieron con ese camino. Ya no hay necesidad de imaginar porque la producción audiovisual ya entrega personajes elaborados (francamente, los hobbits de Tolkien los había imaginado totalmente distintos a como nos los entregó el cine).

Con el desarrollo tecnológico los teléfonos –originalmente concebidos para comunicarnos personalmente con mayor facilidad– ahora se han transformado en centros de aislamiento para exponer a su usuario a un alud de imágenes. La imagen nos ha atrapado y la palabra pierde terreno ante ella. Esta es una de las razones por la cual cada vez usamos menos variedad de palabras (denunciado por la SEP desde 1980). Hablamos menos, vemos más.

De ahí la reflexión, abandonamos el uso de la palabra y con ello nos alejamos cada vez más de analizar, de desarrollar el pensamiento crítico, para entregarnos al mundo contemplativo de la imagen. De ahí que cada vez sea más común el manejo de masas.

Enrique R. Soriano Valencia
Enrique R. Soriano Valencia
Mexiqueño. Licenciaturas en Periodismo y Ciencias de la Educación. Premio Estatal de Periodismo Cultural 2009. Cuatro libros y tres centenares de talleres, cursos y conferencias sobre Redacción, Ortografía, Formación de Instructores y aspectos de la cultura mexica. Correo electrónico: sorianovalencia@hotmail.com Facebook: Chispitas-de-lenguaje Twitter: @ChispitasDeLeng

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