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domingo, marzo 7, 2021

Biden y AMLO, ¿respiro político?

La relación entre Joseph Biden y López Obrador ya tiene antecedente histórico. Fue en marzo de 2012 cuando el entonces Vicepresidente de Estados Unidos recibió de manos de quien fuera un precandidato a la Presidencia de la República Mexicana, una carta en la que manifestaba un diagnóstico de país y las maneras de como fortalecer la política interna, con el fin de que el país de las barras y las estrellas colaborara para el desarrollo social de México, base fundamental para contrarrestar la situación de inseguridad incrementada en tiempos del entonces gobierno federal mexicano, encabezado por Felipe Calderón.

En aquél antecedente, la situación era distinta, AMLO no era formalmente ni siquiera un candidato oficial de la coalición que lo postulaba: PRD-PT-MC, con las siglas de un movimiento por entonces incipiente, llamado MORENA. Por otra parte, Biden era vicepresidente en un gobierno que traía la inercia de nuevos tiempos y de una política poco acartonada y de amistad mediática, promovida por Barack Obama.

Luego de un tiempo y de un proceso electoral estadounidense álgido, provocado en buena medida por el polémico personaje de Donald Trump, Joe Biden logró más de 270 votos en el Colegio Electoral, suficientes para ser designado presidente del todavía país más poderoso del mundo.

Son muy cortas las distancias entre los votos que se ven representados en el Colegio Electoral, con base en los estados donde la contienda fue muy apretada. No obstante, la votación popular representa una diferencia que supera los 4 millones de votos en favor a Biden.

Los demócratas lograron aglutinar el desprecio por los arrebatos mediáticos de Donald Trump, pero algo les es cuestionado por propios y ajenos, donde tal vez el presidente mexicano también inscriba común a su manera de ver las cosas, pues fue precisamente en la última gestión demócrata donde más deportaciones oficiales de mexicanos ha habido.

El resultado electoral estadounidense muestra un alto grado de confrontación política en el seno de la sociedad y no sólo entre las fuerzas gobernantes. Muy parecido a las circunstancias internas que se viven todos los días en México. El populismo de izquierda o de derecha ha alimentado la polarización de quienes apoyan o están en contra de tal o cual circunstancia.

Esta coyuntura no sería tan preocupante, si no fuera porque Estados Unidos requiere de reformas profundas tanto como México. La gran confrontación social que se expresa en la política interna de Estados Unidos se debe a que, un gran sector de trabajadores ha perdido su ingreso en y a que un pequeño conglomerado de grandes capitales ha aumentado demasiado sus ganancias. Pero en México es justo lo contrario, las dádivas gubernamentales, sin mucha estrategia para dar apoyos sociales y el desprecio a la clase empresarial, parece contraponer los contextos mexicano y estadounidense.

En cualquier otro momento de la historia, parecería que un gobierno demócrata y otro que se acercara, por lo menos de nombre, a un gobierno progresista mexicano, tendría alcances positivos para la región, pero el resultado electoral en Estados Unidos ha prendido ya las alarmas en el gobierno federal mexicano. Por eso no ha llegado la felicitación y el reconocimiento, arguyendo prudencia. Por eso, la única visita de Estado que López Obrador ha tenido durante su gestión, ha sido con el “amigo” Trump.

Como quiera que sea, la nueva relación bilateral entre la dupla AMLO-Biden se enfrentará a dos maneras de ver el mundo y de hacer política, pero que igualmente tendrá que resolver el asunto migratorio, tema de siempre, bajo la lupa de un aparente cambio de discurso, más humanista, pero que tiene el record de haber regresado a más migrantes a su soberanía de origen; un cambio de estrategia de seguridad, máxime con la detención de Genaro García Luna, un exsecretario de seguridad, operación de la cual no enteraron al gobierno mexicano las autoridades estadounidenses; y, la ejecución del T-MEC, donde por meses la fracción demócrata bloqueó el tema, por no considerar a México estándares de calidad en material laboral y medioambiental, pero que finalmente resultó en su aprobación, son solo algunos ejemplos del reto venidero en esta nueva relación bilateral.

El triunfo de Biden alegra mediáticamente al mundo entero, incluso a muchos mexicanos que han visto agraviados sus intereses y sus identidades nacionales, pero este respiro político no parece tener buenas bases, ya que al actual gobierno mexicano, parecería que le venía mejor una administración más parecida a la suya en los hechos y el discurso, entre buenos y malos, que otro donde se convoque a la unidad nacional.

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José Cristian Urrutia Negrete
Licenciado en administración pública por la Universidad de Guanajuato, Director General del IMAP, maestrante en política y gestión pública en la Universidad Iberoamericana León, profesor universitario, instructor-capacitador y miembro fundador del Colegio de Administración Pública de Guanajuato Capital, A.C. Twitter: @urrutianegrete

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