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viernes, julio 19, 2024

Crítica: Maxxxine (2024)

La saga de Maxine y su paso a la fama toma un impulso elevado ambicioso con presupuesto y temas… que por desgracia Ti West no logra integrar haciéndola una decepción bastante tediosa.

La saga de Maxine -o titulada como La saga X– es una de las más peculiares dentro del cine de horror moderno, porque su mayor particularidad es que surgió a través de impulsos creativos que casi ya no existen en el cine norteamericano de género, irónicamente una serie de sucesos que la hicieron ver la luz de una sala de cine sin tener la idea original de expandirse de forma capitular. X (Ti West, 2022) fue la primera de estas y se presenta como un homenaje a Tobe Hooper y su Masacre de Texas (1974) tomando en paralelo el florecer de la industria pornográfica de los setentas. Para ese entonces la idea de que hombres con sierras y máscaras de cuero o que mujeres exuberantes liberen endorfinas a través del orgasmo puede resultar en una idea explotativa para consciencias conservadoras y para la industria pero su miserables valores de producción se recuperaban de inmediato en apuestas mucho más gratificantes que las producciones estándar y esto, era motivo de envidia para la industria que pasaría hasta nuestros tiempos demeritando estos ejercicios como mundanos.

X es muy divertida, y apunta un sentido enérgico inusual para Ti West, quien entrega por primera vez un ejercicio fílmico redondo en lo que se propone. X incluso se atreve a jugar con el modelo tradicional del slasher y proponer reinterpretaciones de este: Maxine (Mia Goth) que desde el inicio aspira coca como si no hubiera mañana, se motiva en un discurso aspiracional de que es la mejor de todas, “Una puta estrella”, no importa qué tenga que hacer para dejar huella glamorosa o cuántos fluidos tenga que tragar. Maxine es un personaje egoísta, burlón de aquellos ajenos al círculo erótico, retirado social y que toma las peores decisiones para ajenos de vez en cuando sobresaliendo una inteligencia instintiva.

En el mundo slasher es la típica víctima que tiene el destino de ser destazada marcado en la frente… pero no pasa. Maxine sobrevive el embate y lejos de adquirir un trauma, sigue con su proceso escalado de éxito, que se jodan todos los demás de forma triunfal.

Esto mismo ocurre con los antagonistas del filme. La emulación de Hooper y su sureño mutilado nos hace sospechar de un culto caníbal de rednecks con dientes mugrosos, pero X tiene a una pareja octogenaria que al ver cómo los rescatan del olvido para producir un filme pornográfico se revelan sus verdaderas personalidades y un quiebre final para la mente de Pearl: quien al ver el “éxito” de la juventud, encuentra envidia, sed de justicia por su camino de frustración y sobre todo, entender su sexualidad en un tema mucho más tabú para la industria que ver agonizantes o penetraciones en escenas que para la mayoría de las audiencias resulten extraordinariamente grotescas, pero que los vuelve más humanos.

No es tampoco nada ajeno el interés de West por hacer que Mia Goth tenga una dualidad interpretativa haciendo a Maxine y a Pearl. La idea de la melancolía frenética de la anciana por ver su símil en tiempos modernos es imposible de omitir y precisamente gracias a la interpretación de Goth en entendimiento con West, estos terminan por escribir en secreto una precuela sobre el personaje.

Pearl, también del año 2022, se distancia totalmente del aparatejo grindhouse de la primera para emular un estilo colorido propositivo a la Technicolor, en lo que más o menos se puede sintetizar como un personaje sacado de la filosofía de las heroínas de John Waters: personajes que creen merecer lo mejor del universo, ensimismadas en una misión y aspiración de ser aduladas, incluso si en realidad no tienen capacidades más allá de la imaginación y un desvío perturbador hacia la psicopatía. Es un camino de completa degradación emocional en donde Pearl, deja entrever su disfuncionalidad familiar y también su tragedia: de vivir en un entorno en donde quizás de no haber generado tantos traumas y omisiones de censura, pudo ser una persona feliz… pero sus acciones la vuelven un personaje irracional, que pasa de una dulzura sacada de la voz de Adriana Casselotti -la original Blanca Nieves de Disney– hasta explosiones iracundas en donde su rostro comparte el rojo de sus atavíos y el rojo de sus víctimas. Esta confusión termina impactando en la audiencia con su final, en donde su rostro de satisfacción y supuesta felicidad, terminan tapando lo que será un camino de completa tristeza y de una ira interna insatisfecha.

Por mucho es la mejor película de las dos para el voto popular -si me lo preguntan, X me parece mucho más efectiva y entretenida pero son hermanas inseparables que las vuelven mejor una a la otra- y una anormalidad que conecta con audiencias jóvenes, las cuales terminan escalando a Pearl en un tono heroíco, logrando lo que en vida nunca pudo: volverse una estrella admirada.

Fácilmente, West pudo dejar esta duología para enfocarse en otras cosas, pero embriagado del impulso creativo y crítico de las anteriores, de pronto se da cuenta de que su mundo tiene potencial y con ello el anuncio de una serie de películas en torno a Maxine. De inmediato la idea de seguir a Maxine suena demasiado atractivo, porque con ello West podría establecer infinitas posibilidades de seguir explorando el mundo del horror y la pornografía con el paso de los años.

Y esa es la palabra clave: podría. West en Maxxxine termina entregando un producto pesado: demasiado ambicioso para su propio bien en donde tras los laureles de la victoria concretada por las anteriores dos baja el nivel de dirección y escritura, siendo bastante torpe al terminar desechando sus postulaciones y, con ello, afectando también el argumento de Maxxxine.

Y es que ahí están las ideas dentro del universo de Maxxxine: el mundo del horror y la pornografía encuentran nicho dentro de las tiendas de video, reciben los ataques mediáticos al ser asociados con la decadencia de un gobierno inestable y en donde es más fácil entender las fallas sistémicas de la violencia asociando al horror con una serie de crímenes y la alza de los asesinos seriales en el infame pánico satánico, y el mundo pornográfico encuentra que sus actores son incapaces de abandonar las pretensiones eróticas para intentar establecerse en el mundo narrativo hollywoodense. De cómo el rechazo de estas personas los terminan arrojando a un camino de autodestrucción y pesimismo al ser incapaces de formar parte del sistema… pero West no sabe qué hacer con estos. La mayoría de las veces que vemos estos ejercicios temáticos son no en acción sino en diálogos inexplicablemente secos ejercidos más por el valor temático que por la insinuación de esta a través de argumento. Elizabeth Debicki quizás sea el caso más notorio y obtuso porque sus interacciones son un jolgorio discursivo reiterativo de más de tres ocasiones frente a Maxine, realzando su importancia y la del horror frente a todo esquema crítico que reciba, de ser una artista frustrada sin reconocimiento que sabe lo que vale.

Eso no es tan malo como lo que hace West para trasladarnos a 1985 y sus complejidades. Su construcción de espacio y tiempo y asimilación de la vida real lo hace abriendo y cerrando la película con montajes televisivos perdiendo la oportunidad de que estos impacten de manera sobresaliente más allá de, de nuevo, brechas discursivas sin terreno emotivo o la de hacer una suerte de revisionismo histórico a la Tarantino con la relación de Richard Ramirez y sus crímenes en su película en probablemente la idea más confusa de todas: porque al no tener relación con lo sucedido ni una aparición más que la mención y una resolución otorgada a través de los montajes -más no en el drama explícito- uno se pregunta por qué la insistencia de dar amenaza de su presencia y consecuencias si no va a tener el mínimo de presencia.

Entonces no usa la carta de la postulación de las implicaciones reales, es decir… no es obligatorio a pesar de su insípido final, pero West en Maxxxine hace que esta se enfrente a un misterio bajo la mirada del giallo italiano en completa discordancia con lo poco efectivo que resulta. West no es el primero en tratar de emular las bondades del giallo: Brian de Palma construyó la mayor parte de su carrera con estos ejercicios durante los ochentas al lado de J. Lee Thompson, William Friedkin o Paul Verhoeven -aunque este último podría decirse que se enfocaría más en la evolución de este en forma de thriller erótico y sus ejercicios fueron a partir de los noventas- entendiendo tanto los estímulos eróticos presentes en el sexo como un arma peligrosa para la audiencia y las víctimas, así como dejar una serie de pistas que traten de desviar la atención de atentos pero que en revisiones, el misterio quede bastante claro sin salir de la manga del escritor.

Básicamente, es la base de todo buen misterio, el que el partícipe tenga el interés de armar las piezas, de complejas secuencias de asesinatos y de que su caja de misterio no sea tan fácil de deducir. Maxxxine termina siendo presa de su ejecución. Por un lado, está el hecho de que Maxine como personaje sigue teniendo ambiciones desmedidas y una cautela sobre qué decir de su pasado, lo que le termina siendo bastante simpático el hecho de que en la ejecución de una subtrama detectivesca, ella intente salvar su pellejo pero viéndolo más como un tedio del que no quiere formar parte, ni con la clásica pareja de detectives buenos y malos, ni con un Kevin Bacon caricaturizado como Jack Nicholson en Barrio Chino (Roman Polanski, 1974).

Esto es una ejecución muy natural de su personaje que trata de despegarse de las condiciones tradicionales del género dictaminado en turno, pero West que deja los momentos de ejecuciones y violencia como respiros ante tanto desprecio de los protos y los innumerables personajes que aparecen y desaparecen de escena volviéndose obsoletos, trata de afianzar con recelo el misterio y su personaje indispuesto en un tercer acto que se siente totalmente descontextualizado de lo que hemos estado viendo hasta el momento, fuera por la falta de desarrollo en torno a Maxine y unos bosquejos de investigación que por lo menos debería de tomar para mayor efecto, o porque trata de reconectar elementos de la anterior película y su enigmático pasado con el material de archivo del principio y fin y si no logró esa ejecución temática en más de una hora… menos lo va a hacer en menos de 10 minutos de que acabe la película.

Es muy frustrante lo que termina ejerciendo sobre su personaje y más, porque Maxxxine tiene rasgos de genialidad. Sobresaliente que cueste más cara que las anteriores películas pero que todavía tenga un humilde presupuesto de 2 millones de dólares que se lucen en la recreación de las ambientaciones en detalles de neón que ya son un cliché, pero que West y su habitual en la fotogfrafía Eliot Rockett -interesante que un director de foto repita en una franquicia de horror con aspectos visuales contrastantes- también anotan sobre la frialdad y mugre de la ciudad, de la contaminación audiovisual de una noche que nunca acaba o de hoyos de perversión que existían en espacios públicos sin tapujo alguno, y Mia Goth sigue expandiendo a su personaje; las audiencias lo van a querer posicionar frente a Pearl como el camino que inevitablemente va a terminar por emular, pero Maxine es fuerte y astuta, incluso tiene una relación estrecha genuinamente conmovedora por la falta de insinuación sexual establecida en dos almas perdidas que toma como otra raya más al tigre de su monte olimpo a pesar de lo frío que pueda resultar, pero cuál es el punto.

West también es que no presenta una secuencia espectacular o referente en Maxxxine siendo una secuela que se ve y suena bien, pero profundamente vacía, necesaria de otras reescrituras para solidificar puntos para evitar una neutralización comparativa con las demás películas. Es un problema latente en Maxxxine pero honestamente, es un problema habitual dentro de la filmografía de West fuera de la saga X.

Maxxxine comparte este elemento fallido con La casa del diablo (2009) o The Inkeepers (2011): películas con argumento sencillo, ejecutadas en un sentido rítmico lento para enfocarse en la construcción de personalidad de sus protagonistas, que pasa por demasiado tiempo y termina en el efecto tenebroso hacia un final insípido porque no se siente meritorio.

Es muy probable que Maxxxine encuentre defensa y fervor por parte de los fanáticos incondicionales y que encuentren valor dentro de sus bendiciones, y es más amenaza el hecho de que West entregará una MaXXXXine que ya se encuentra escribiendo por estos momentos; ojalá y sea la oportunidad de establecer una película más efectiva y no otro insípido viaje por el boulevard de la memoria que se siente más inteligente de lo que pretende ser.

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