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jueves, junio 13, 2024

Del Homo-Sapiens al Homo-Internetens: ¿Evolución? o ¿Involución?

El video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen.

– Giovanni Sartori

El consumo del tiempo que pasamos los mexicanos en internet se ha incrementado de 4 horas con 9 minutos en 2012 a 8 horas con 20 minutos en 2019 de acuerdo a los estudios de hábitos de conexión por parte de la Asociación de Internet Mx. Este fenómeno socio-tecnológico hasta antes de la pandemia del Covid-19 marcaba una clara tendencia a digitalizar una cantidad considerable de procesos cotidianos, sin embargo, no se visualizaba un crecimiento exponencial y repentino de este tipo de tecnologías, especialmente en economías en vías de desarrollo. Digamos pues, era una necesidad palpable, pero aceptábamos que nos llevaríamos nuestro tiempo en adoptarlas a diferencia de los países con una alta orientación tecnológica que ya ejecutaban acciones acerca del trabajo remoto, ciudades inteligentes, tecnología en hogares, etc.

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Homo Sapiens. Obtenido de Canva. https://www.canva.com

La llegada del Covid-19 impulsó una serie de adecuaciones en temas que parecían tabúes, especialmente en las organizaciones más tradicionales y con gestiones extremadamente jerárquicas: facilitar los trabajos remotos y la flexibilidad laboral, propiciar la digitalización de procesos documentales, invertir en innovación tecnológica en atención a usuarios, cuidar al talento con visión digital y sobre todo generar espacios para la transformación institucional son algunos de los ejemplos más palpables con los que inicio este nuevo escenario sanitario y que ha puesto en jaque a las y los líderes de las organizaciones, especialmente a los más arcaicos.

Conforme la pandemia continua y las organizaciones se adecuan a este nuevo escenario, las atrofias y enfermedades organizacionales explotaron en las dinámicas de los trabajadores “remotos”, ejemplos como el micromanagement, poca empatía a las madres y padres trabajadores y especialmente la poca flexibilidad en la ejecución de las acciones han puesto en evidencia dos necesidades fundamentales en la nueva sociedad y en las nuevas organizaciones:

a) La necesidad de nuevos liderazgos en las organizaciones, quienes cuenten con la capacidad de motivar a las y los trabajadores en un mundo digital, que les permita re-encontrarse con la magia y propósito de su trabajo, más allá de los mensajes de “solo hacer el trabajo” o “cumplir con la jornada de trabajo”. Líderes con una mística de trabajo interno-personal, auto-descubrimiento y fortalecimiento de habilidades emocionales y sensoriales. Así como de líderes auténticos que lleguen a esos puestos de autoridad y mando por sus méritos de desarrollo personal, más que por los compadrazgos enquistados en sus organizaciones.

b) La necesidad de atender la erosionada salud emocional y física de las y los trabajadores que ante un resguardo prolongado en casa por parte de las autoridades sanitarias, las adecuaciones para llevar el trabajo a casa y el miedo generalizado de la población a contraer la enfermedad han minado sus capacidades creativas, organizativas y de innovación; fuentes fundamentales de insumos para enfrentar los nuevos retos de la sociedad Poscovid.

Aproximadamente hace 1.8 millones de años apareció en esta bella Tierra Azul los primeros especímenes del Homo-Erectus, conocido como nuestro ancestro directo. Esta especie se caracterizaba por contar con un cerebro mayor que sus antepasados, rostro plano y una mandíbula sobresaliente. Esta especie utilizaba el fuego, poseía un estructura social para la recolección de alimentos y realizaba labores de comunidad en el cuidado de los hijos.

Nuestra especie, el Homo-Sapiens, aparece aproximadamente hace 120,000–110,000 años, sus huesos más redondeados, desarrolla el bipedismo y sobre todo tiene una mayor capacidad cerebral. Claramente relacionado con el desarrollo tecnológico, esta especie se ha dedicado a conquistar sus límites y es esa misma la que enfrenta un nuevo desafío: La hipertecnologización de su vida y su dependencia a una de sus creaciones: La internet

Desde la última década, la tendencia a digitalizar procesos cotidianos era considerada una realidad, lo que conocemos como Internet of Things o internet de las cosas se posicionaba como una tendencia, en la que la mayoría de los países en desarrollo veía con asombro, duda y tal vez algunos como una plataforma para generar nuevas conexiones con las potencias económicas; una especie de promesa para resurgir de la desgastada globalización y las reactivar las “promesas” del Banco Mundial por llevar desarrollo y crecimiento económico a cada esquina del planeta, poner fin a la pobreza y compartir la riqueza de manera equitativa. Sí, una utopía, en la que lamentablemente, las economías hacen proyecciones, préstamos nacionales y sobre todo: Afectaciones a decisiones en el nivel micro, como las empresas y las familias.

En este mundo hiperconectado, con más de 3,800 millones de personascomo usuarios de internet parece algo natural sumarse a la ola tecnológica, sin embargo, este mismo fenómeno pone en evidencia la arrogancia, la inequidad y sobre todo los interés comerciales de unos cuantos en la puesta en marcha de agendas digitales nacionales que no suman a todas y todos en sus planes.

Si bien en los países con un alto nivel adquisitivo, elementos como la infraestructura tecnológica y el alto nivel educativo hacen que la transición hacia las carreteras digitales sea una tarea ordinaria y hasta consecuente de una serie de medidas que se han tomado, sin embargo, para los países menos desarrollados, en donde aproximadamente 1 de cada 7 personas posee acceso a internet, la historia cambia. Los factores que propician esta realidad son diversos, sin embargo convergen en estos hechos estructurales: a) Costos altos en el acceso a internet, b) Falta de acceso de infraestructura para internet de banda ancha y c) Falta de capacitación digital en el aspecto formativo y educativo.

Porcentaje de la población mundial que usa internet (1990–2018). Fuente: Banco Mundial. Obtenido de: https://datos.bancomundial.org/indicator/IT.NET.USER.ZS?end=2018&start=1990&view=chart .Consultado del 6 de Julio de 2020.

Curiosamente, cruzamos el momento preciso de la historia para conectar a cada ser humano a internet, sin importar el origen del financiamiento, sea público o privado, es decir, pareciera lo natural, atinado y obvio ¿no? pero, conectar a cada ser humano en este planeta ¿nos llevaría a una evolución? ¿el Homo-Sapiens terminará convirtiéndose en el Homo-Internetens mejorando su bienestar? ¿Seríamos más felices? ¿Estaríamos regocijados de nuestras creaciones tecnológicas? ¿Sonreiremos con gozo al brillo de nuestras pantallas mientras damos compartimos algún TikTok? o…

¿Estaremos estresados por ser “útiles” a la nueva la ola tecnológica? ¿Viviremos agobiados alrededor de una conexión a internet? ¿Estaremos involucionando hacia un control mediado por la tecnología? ¿Estaremos confinados a una realidad que nos dice qué pensar, qué ver, qué decir, qué amar a través de una pantalla….?

Soren Kierkegaard filósofo y teólogo danés decía:

La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada.

El Homo-Sapiens es una especie de homínido que desde que abre sus ojos por primera vez busca experimentar el mundo a su alrededor. Sus aromas, sus brillos, sus cadencias. Busca entablar relaciones con los semejantes en su entorno, pero sobre todo busca crear y también sanar a los demás a través de diversos medios: Su talento, la naturaleza o sus palabras. Si nos hemos de convertir en unos homínidos conectados a la web:

¿Dónde estará la magia de nuestra existencia? ¿Dónde vivirá el cosmos de energía que reboza en nuestro origen? ¿Dónde vivirá el potencial creativo e innovador de nuestros corazones? ¿Sólo en una pantalla? ¿Sólo en bits y bytes?

El Homo-Internetens es una versión de nuestra especie hiperconectada a un mundo no sólo de pantallas, como diría Giovanni Sartori, sino alrededor de estímulos, relaciones y emociones plenamente mediadas por internet, al mismo tiempo, desconectada de su realidad, su planeta, su origen, su historia y especialmente de su tribu.

Si este escenario, aún hipotético, fuera posible, cambios en la estructura física y emocional en la especie se darían paulatinamente, pues somos adaptativos a los cambios en el entorno donde vivimos. Curiosamente, algunos de ellos ya han empezado a presentarse, como modificaciones en el cráneo y cuerpo, algunos investigadores describen en una simulación de apariencia cómo nos podríamos ver en el año 2100, su nombre: Mindy.

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Mindy: A view from the future. Fuente: https://www.subrayado.com.uy/asi-sera-el-cuerpo-del-ser-humano-del-futuro-obsesionado-las-tecnologias-n537452 Consultado el 7 de julio de 2020.

Pero, bueno esta bien, podría aceptar esa versión de la especie, si vamos a un mejor lugar en nuestro bienestar, es decir ¿en economía vamos a un mejor sitio? ¿cierto? La respuesta es Sí para algunos, No para la mayoría.

Para los que no, que somos la mayoría, enfrentamos, entre algunos temas: La pérdida de trabajos en nuestras naciones y alrededor del mundo, focalizado en aquellos que no poseen altas habilidades digitales; empresas pequeñas que desaparecen ante un apagón inconmensurable de la economía de consumo tradicional; gobiernos nacionales ejecutando sus acciones económicas dictadas letra a letra por Washington, Londres, Berlín, Moscú o Pekín, en lugar de atender necesidades locales y servir a su comunidad; sistemas educativos nacionales y Universidades de economías en desarrollo, que buscan mantenerse actualizadas a tropezones en un mundo en cambio acelerado e incierto que las rebasa cada día; campesinos presionados por mantener los precios de sus productos en una simulación inflacionaria , los oligopolios tecnológicos que drenan la riqueza de los países más pobres y países como México que están debatiéndose en una guerra civil vestida de narcotráfico.

En medio de esto, ¿es posible que vayamos a un mejor lugar para todas y todos? ¿Existe espacio para la cooperación? Para el filósofo liberalista Herbert Spencer los frutos de la cooperación en una sociedad equitativa deberían ser para todas y todos. Sin embargo, mientras la economía local se hunde, para las empresas tecnológicas, especialmente aquellas que cotizan en la bolsa de valores y en los índices tecnológicos no podría ser una mejor época.

¿Irracional? Tal vez para algunos, pero para otros es señal de otro fenómeno. En cuanto a mi postura, es un poco más sentir-pensante y con miras al 2025:

Estamos demasiado hiperconectados a la red para sentir, reflexionar y problematizar la nueva realidad en temas colaterales al Covid-19 y que son especialmente troncales para el renacer social en 2025: La Economía Social Distributiva, La Educación para la Vida Sustentable, La Innovación para el Bienestar Glocal y La Ética para un Mundo en Renacimiento.

Desde una perspectiva personal, la mejora en los indicadores en Economía, Educación, Innovación y Ética, que sin duda abordaré posteriormente en un artículo de investigación más amplio, nos invita a replantear: ¿Cómo vivimos como sociedad? ¿Qué estamos creando? y sobre todo: ¿Quién la esta creando?

Re-conectar con la magia de nuestra especie, como aquellos Homo-Sapiens que sentían su Tierra, el Cosmos y la conexión con sus sentires, emociones y rituales podría ser una base para re-tejer no sólo nuestro sistema económico, educativo o social, sino las bases mismas de nuestra especie y de nuestra civilización, con miras al 2025.

Personalmente, prefiero amar al Homo-Sapiens y re-pensar no convertirme en un Homo-Internetens. Por favor, desconéctate un período de tiempo, camina en el bosque, obsérvate y comparte con tus seres amados la experiencia. Cierro con las palabras del maestro Henry David Thoreau:

Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no darme cuenta, en el momento de morir, de que no había vivido…

Francisco Javier Álvarez Torres
Francisco Javier Álvarez Torres
Doctor en Ciencias de la Administración por la Universidad de Aguascalientes. Profesor Investigador de tiempo completo en la División de Ciencias Naturales y Exactas y coordinador de la Maestría en Gestión e Innovación Tecnológica de la Universidad de de Guanajuato. Apasionado del uso de la tecnología digital en la educación y en el ámbito empresarial.

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