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viernes, julio 23, 2021

Detención de Cienfuegos golpea al Gobierno y al Ejército

De ser ciertas las acusaciones, la detención del General Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa, reafirma que el pacto de impunidad entre Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto sigue vigente; evidencia la desconfianza de Donald Trump al Gobierno de AMLO y pone en entredicho el combate a la corrupción del que tanto presume el Ejecutivo Mexicano.

Revela, además, la poca eficacia del Sistema Nacional de Inteligencia (SIN), creado en esta administración para sustituir al CISEN -por la desconfianza de Andrés Manuel a este último-, y de la Fiscalía General de la República; y también representa un golpe a la relación del actual Gobierno con el Ejército Mexicano.

Es inadmisible, por la dimensión de los delitos que se le imputan a Cienfuegos, que la administración federal no haya tenido un expediente abierto en su contra. Eso sólo se puede explicar a partir de dos cosas. Una, que como parte de los acuerdos entre Peña Nieto y Andrés Manuel, no se tocará a los personajes de mayor confianza del gobierno anterior. De hecho, AMLO ya exoneró a EPN y la consulta no tendrá la más mínima consecuencia legal en su contra.

Por otro lado, la detención del extitular de la Secretaría de la Defensa indica que la lucha contra la corrupción en México es mucho discurso. En realidad, quien está haciendo el trabajo en materia de narcotráfico, lavado de dinero y delincuencia organizada; es el Gobierno de Estados Unidos.

De comprobarse las acusaciones, sería el Gobierno Estadounidense, a través de la DEA, el que estaría haciendo labores de investigación y deteniendo a algunos de los “peces gordos”; mientras AMLO utiliza las instituciones de procuración e impartición de justicia para el show mediático y la revancha política.

Esto explica, quizá, el que ni el Gobierno de Trump ni la DEA hayan notificado al Gobierno Mexicano la investigación y posterior detención de Cienfuegos. Saben de la descomposición de las Fuerzas Armadas, que están infiltradas desde hace años por el narcotráfico y que esta contaminación también ha permeado a funcionarios públicos de primer nivel, entre ellos varios gobernadores.

No es, la de Cienfuegos, la primera detención de un militar de alto rango acusado por delitos similares, la precede la de los Generales Jesús Gutiérrez Rebollo, director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas –INCD, antecedente del SIN-; Alfredo Navarro Lara, Jorge Maldonado Vega, Francisco Quirós Hermosillo, Mario Acosta Chaparro, Juan Manuel Barragán, Tomás Ángeles Dauahare, Roberto Dawe González y Rubén Pérez Ramírez. (Animal Político, 16/10/2020).

Esta desconfianza aplica también para el SIN que, en los hechos, no ha tenido resultados y sí varios fracasos, uno de ellos es el fallido operativo contra Ovidio Guzmán y la ineficaz articulación de los cuerpos que lo integran en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia.

Y por supuesto contra la FGR, que se niega a ejercer su autonomía y está sujeta a los dictados del Presidente, quien desde las mañaneras da línea de a quien no y a quien sí se debe investigar; y a quien se debe exonerar. No hay, en torno a la detención de Cienfuegos, un solo pronunciamiento del Fiscal.

Ha sido AMLO quien primero lo condenó, poniéndolo como ejemplo de la “decadencia” de los gobiernos neoliberales, y luego pidió esperar los resultados de la investigación.

Es evidente que al Presidente no le preocupa la Justicia. Está más ocupado en defender el prestigio de las Fuerzas Armadas. “Tenemos que cuidar a una institución tan importante como la Secretaría de la Defensa Nacional, es un asunto que no puede descalificar de tajo una función tan importante que ayuda”, dijo en la mañanera de este lunes.

Y no es para menos. AMLO ha hecho de las Fuerzas Armadas, y en particular del Ejército, un pilar de su Gobierno. No sólo le ha entregado a la Guardia Nacional, encargado la lucha contra el narcotráfico y el huachicol; sino que le ha asignado un rol estratégico en sus principales proyectos, entregándole contratos de obra pública tan relevantes y multimillonarios como el Aeropuerto de Santa Lucía y las oficinas del Banco del Bienestar.

Le preocupa tanto, que se asumió como “vocero” –haciendo a un lado al mismo  Secretario de la Defensa y al Fiscal General de la República-, y tomó la determinación de actuar, en este caso, no como Presidente de todas y todos los mexicanos, sino como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. (El Universal, 19/10/2020)

Con ello, está tratando de minimizar el desprestigio que este asunto implica para las Fuerzas Armadas, por el rol tan preponderante que ahora tienen en distintos espacios de la vida pública del país.

Está preocupado por su futuro y el de la 4T. Sabe del impacto y las implicaciones que en materia de corrupción, violencia, narcotráfico e inseguridad tiene la detención del General Cienfuegos y lo que esto conlleva para el país; pero se resiste a aceptar que ha puesto la iglesia en manos de Lutero.

Miguel Alonso Raya
*Miguel Alonso Raya es profesor, militante por las causas de la Educación Pública, la Seguridad Social, el Sindicalismo y el Partido de la Revolución Democrática.​ Ex diputado federal. ​Twitter: @AlonsoRaya_

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