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martes, julio 16, 2024

Día Internacional de la Diabetes. Protege a tu familia

Por Eugenia del Carmen Araiza Marín

Hoy 14 de noviembre, conmemoramos el Día Internacional de la Diabetes. El lema de este año es “protege a tu familia“. El principal objetivo de la campaña es aumentar la concientización sobre el impacto que la diabetes tiene sobre la familia y promocionar el papel de la familia en la gestión,  atención, prevención y educación de la condición. 

Y hablando de la importancia de la familia y el entorno de quien vive con diabetes me gustaría tocar un tema que se vive, pero poco se aborda.

Cuando alguien es diagnosticado con diabetes, toda la atención va en torno a esa persona. La mayoría de las familias toman acciones y medidas para protegerlo y cuidarlo pero, ¿qué pasa con la familia?, ¿alguien les ha preguntado cómo se sienten con ese diagnóstico?, ¿cómo se modificó su visión de vida y sus actividades diarias?

En mis consultas como nutrióloga y educadora en diabetes, suelo observar a  los papás de los niños que viven con diabetes, su angustia y ansiedad por el control de su hijo o hija. También veo a las esposas/esposos e hijos preocupados con cómo hacer para que su papá, su mamá o su abuelita logren bajar las glucosas y disminuyan el consumo de azúcares.

Y es normal, es parte de un proceso. El problema viene cuando su atención está al 100% en la nueva vida o en las modificaciones que se están realizando para la persona que vive con diabetes y se olvidan de que tienen otros hijos, tienen papás, tienen hermanos y sobretodo, se olvidan de ellos mismos y se convierten en “los cuidadores de la persona que vive con diabetes”. Esto disminuye y merma su calidad de vida y por ende, la situación en casa se vuelve sumamente estresante, no solo para quien vive con diabetes que puede llegar a sentir que es su responsabilidad o  todas las cosas que suceden en casa y también para los que conviven con la diabetes porque llega ese sentimiento de culpa si se salen un poco de la rutina para hacer algo para ellos.

La diabetes está llena de culpas propias y ajenas. Cuando recién se hace el diagnóstico a un paciente suelo escuchar: “seguramente le di dulces el otro día a mi hijo y eso lo ocasionó” , “la culpa es de mi esposa porque cocina bien rico” “mi papá tenía diabetes y me lo heredó” “no puedo dejarlo solo porque si le pasa algo va a ser mi culpa”. 

No es necesario echar culpas, mucho menos sentirlas. Las culpas no solucionan nada y nos van alejando cada vez más de nuestro objetivo, que es lograr un control adecuado de las glucosas. Entendiendo que las culpas son parte del proceso de duelo al diagnóstico de una enfermedad crónica como la diabetes, podremos entonces pasar a la acción, que va de la mano con la responsabilidad de asumir la situación y ponernos a trabajar para controlarla. 

En la acción es donde se observan mejoras, no solo en los niveles de glucosa de quien vive con diabetes sino en su calidad de vida y en la de su familia. En la acción podemos buscar herramientas adecuadas para aprender sobre diabetes más allá de mitos y de soluciones mágicas (que muchas veces dañan más), podemos trabajar con los especialistas (médico, nutriólogo, educador en diabetes, psicólogo) y exigirles la atención pero dando de nuestra parte: llevando nuestro monitoreo de glucosa, tomando nuestros medicamentos conforme lo indicado, siguiendo nuestro plan de alimentación, haciendo ejercicio y sobre todo educándonos en lo que realmente es la diabetes y cómo nos afecta a nosotros (recordemos que cada diabetes es y se maneja de forma diferente).

Esta acción tiene dos partes. La parte más importante es de la persona que vive con diabetes, pues nadie más va a sentir lo que siente y por ende, el cuidado no va a ser el mismo que el que uno mismo se pudiera dar. Esto abarca desde la toma de medicamentos, hasta la decisión de hacer o no ejercicio y las elecciones de alimentación. La otra parte, que también es importante, es de la familia. La familia como acompañante y como apoyo pero permitiendo que la persona que tiene diabetes logre empoderarse y sentirse en control de la enfermedad y no de forma contraria. En el caso de niños pequeños, darles las herramientas necesarias para que vayan aprendiendo de la vida con diabetes sin detener su vida propia para que en ese proceso los niños sepan que tienen una condición que les hace tomar diferentes decisiones y acciones pero que eso no los hace diferentes a todos los demás niños. Como me dijo una ocasión un pacientito de 5 años “yo no estoy enfermo, solo vivo con diabetes y tengo que hacer otras cosas que otros niños no hacen, como cuidarme más, cuidar lo que como y ser feliz”.

La diabetes es cuestión de equilibrio, y para lograrlo, también es necesario tener equilibrio en casa, que todos cuidemos de todos y principalmente que cada uno cuide de sí mismo. Una familia sana no solo significa que haga ejercicio, que coma adecuada y equilibradamente, que duerma bien y tenga sus momentos de descanso, sino que todos en la familia se sientan satisfechos, valorados y empoderados sobretodo viviendo con una enfermedad que si bien, no es fácil, es una enfermedad que se puede controlar y con la que se puede tener excelente calidad y expectativa de vida.

Eugenia del Carmen Araiza Marín es miembro del Colegio de Nutriólogos de León A.C. y licenciada en Nutrición y Ciencia de los Alimentos y Educadora en Diabetes por la Universidad Iberoamericana.

Maestría en Nutrición Pediátrica por la Universidad de Cádiz, España. Especialista en diabetes.

Fundadora de Healthy Diabetes. 

 

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