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lunes, marzo 8, 2021

Días de Halloween: Razas de la noche (1990)

-“He visto el futuro del horror… y su nombre es Clive Barker”.

Con estas palabras Stephen King hacía poder de su nombre para la publicidad de Hellraiser (1987), la película que consagró a Clive Barker, quien servía como prostituto ocasional para conseguir el dinero suficiente para su compañía de teatro, la cual mostraba obras inusuales y de contenido gótico que resonaban en la comunidad lgbtttiq inglesa. Barker era aguerrido, un paria del sistema y sus visiones a menudo hablan sobre temas sobre la exploración del placer en relación con los límites del cuerpo que a menudo desembocan en irrealidades pesadillescas, algo que quizás la gente que le daba el dinero para cumplir sus fantasías literarias no tomaban en cuenta pero que poco importaba cuando Hellraiser se volvía un éxito de taquilla superando su presupuesto de 1 millón de dólares catorce veces.

Y a pesar de esto, Barker no se entregó completamente a la silla directoral. Produjo dos secuelas de la franquicia que dio nacimiento a Pinhead, pero Barker mostraba ser más y más receloso de sus propiedades intelectuales, las cuales también estallaron a raíz de su éxito como director y hasta la llegada de los noventas. Particularmente Barker terminaría por escribir en 1988 un libro que tituló Cabal y, en un evento que emocionaba a los fanáticos del horror, lo contemplaba como apto para una adaptación a la pantalla grande.

No sólo veía a Cabal como una película cualquiera, no… en la visión de Barker –y considerando el final abierto de la novela- esto era material para una épica que comparaba con Star Wars o El señor de los anillos, y se sentía tan comprometido, que logró hacer que la persona involucrada con la adaptación, fuera él mismo; así, Clive Barker regresaba a los cines con un presupuesto mucho más elevado que Hellraiser y… nada, nunca tuvimos la saga del horror que se nos prometió.

Antes Barker podía escudarse con los problemas que tuvo con la productora Morgan Creek. De acuerdo a su anécdota, el estudio hizo dos cosas que afectaron a Razas de la noche: el primero era que el estudio al ver el primer corte, lo encontraba tan enraizado y enigmático, que terminaron por eliminar cerca de media hora de grabaciones, lo que terminó formando a una película más discordante de lo que temían, y el asunto de la publicidad… que de acuerdo a Barker terminó siendo enfocada a una película slasher lo cual no tiene nada de sentido porque sería como si el estudio no supiera qué fue lo que habían aceptado en primer lugar.

El tiempo le daba un aire místico a Razas de la noche como una de estas películas violadas por gente torpe, y la esperanza de poder ver una versión más cercana a lo que Clive Barker buscaba en primer lugar era algo que sólo se podía soñar, siendo un santo grial moderno del horror, algo que terminaría cambiando con la llegada del nuevo milenio; de pronto una versión que recuperaba el material perdido de Razas de la noche a través de copias en vhs eran un rumor que se acrecentaba con el paso del tiempo, y todo en función de un milagro de estudio que lograba no sólo aceptar este nuevo corte del director, sino que además lo restauraba como la edición que Barker siempre quiso. Lo cual es fascinante dentro de su compleja producción e historia posterior, pero que esconden por desgracia una película infructífera, inconsistente y todavía confusa.

Razas de la noche es una adaptación bastante fiel a la novela origina que omite los elementos hipesexualizados -y extremadamente raros, como el protagonista eyaculando la cara de un dios oscuro- cuyo subtexto se puede leer en una metáfora sobre los oprimidos de la sociedad, oprimidos de los cuales Barker obvio formó parte por parte de su identidad sexual y con lo que el protagonista tiene un viaje de descubrimiento personal sobre quién es y quién le gustaría ser; esta idealización de un equipo desterrado no es ajeno a otras obras ficticias porque Razas de la noche tiene obvias inspiraciones en los X-men de Jack Kirby y Stan Lee y en los Niños perdidos de las obras de J. M. Barrie. La principal modalidad de este grupo de héroes desterrados es que uno les confiera la suficiente aceptación como lector o audiencia para que estos sean capaces de realizar actos maravillosos que demuestren su propia valía… aunque en Razas de la noche esto sucede de una manera demasiado infructífera.

Los monstruos viven rezagados de la sociedad y son bastante cerrados a aceptar a un miembro dentro de su comunidad –mucho menos a un humano- pero lejos de ser partícipes en un acto de cambio o de una motivación fuerte como para tomar un nuevo líder a partir de la figura de Aaron Boone (Craig Sheffer) la mayoría del tiempo viven encerrados en su enigma del cual la cámara y el diseño de producción goza mostrar, pero no pasa más allá del factor maravilloso visual en momentos que sólo dejan en evidencia lo detestables que llegan a ser. Es además complicado porque a los idiotas la película los intenta manejar con un misticismo y mitología inconsistente que bien pudo ser mejor desarrollada pero queda registrada en meros atisbos narrativos.

Y así, la película termina transcurriendo con un desinterés. Nunca además conocemos de verdad a Aaron o a Lori (Anne Bobby), la cual sufre al igual que nosotros por no entender bien qué está pasando con su novio al que ahora forma parte de una secta indescifrable. Quizás lo peor suceda cuando la trama decide adherir al doctor Phillip K. Decker (David Cronenberg, si… ESE David Cronenberg); es una idea con potencial extremo porque el doctor que además es asesino serial mostraría ser el verdadero monstruo a comparación de los escondidos, pero este termina deambulando sin razón y también es vinculado hacia el conflicto final sin algún sentido del tiempo o desarrollo, pero al menos Cronenberg se da la divertida de su vida interpretando a una persona carente de emociones y con una máscara aterradora.

Razas de la noche es una película cuyos problemas yacen dentro de su material original y guión, los cuales Barker no intenta formular como expansivos más allá de la adaptación y que palidecen demasiado, lo cual también es un gran desperdicio considerando el enorme detalle visual y sonoro que la película tiene. Bajo esa noción es cierto que resulta un festín de creatividad en donde gran parte del presupuesto fue destinado –en un caso bastante inusual de una película de horror de semejante costo dedicando tanto esmero a sus efectos visuales- además de un cautivante score musical de Danny Elfman, pero estos elementos se pueden apreciar de manera independiente y terminan perfilando como meras curiosidades.

De haber tenido una secuela o una saga entera quién sabe qué locuras Barker hubiese intentado plasmar, pero al ser tan ofusca, Razas de la noche es una auténtica película de culto que fue casi al instante, y una que me resulta enigmática de entender y apreciar siendo tan antipática… pero hey, si te hace feliz y te hace sentir parte de un grupo de rechazados, quién es uno para decirle que no es permitido este sentimiento.

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