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sábado, julio 2, 2022

Da pena ser rico 

Ahora resulta que nadie puede llegar a trabajar a Presidencia Municipal en Moroleón en su vehículo, de verdad que dan pena ajena, si cualquier textilero de este municipio exportador de ropa tiene autos de lujo. 

Fotos circularon por red social y la noticia fue a nivel nacional, todo porque Alma Sánchez Barragán, presidenta municipal de Moroleón, se le ocurrió dejar su Lamborghini Huracán de 7 millones de pesos estacionado afuera de Presidencia. 

Ah, pero eso sí, nadie puso atención en el riesgo que puedan robarle su Lamborghini a la alcaldesa, claro es muestra que hay una mejor seguridad, sino que le pregunten a Juancho, que también deja su bicicleta amarrada a una banca del jardín. 

Y mientras Juancho cuenta los pesos para el litro de gasolina para su podadora que usa en su jale de jardinero, la alcaldesa no se preocupa para abastecer de combustible a su lujosa unidad italiana de V10, un acelerón costaría unos 25 pesos. 

De verdad que da pena ser rico, me imagino que es complicado despertarte, abrir tu armario y no saber cuál ropa debes ponerte, porque sería un oso no combinar con el color de tu vehículo, la solución, comprar el Lamborghini en color blanco.  

Navarro da sentencia al MUMO

La enredada crónica del Nuevo Museo de las Momias ha tomado nuevamente un giro inesperado y tal vez contundente por el presidente municipal de la capital.

Después del endeble respaldo a ciegas del estado, Alejandro Navarro ha asegurando que se ha quedado sin más letras del abecedario para darle continuidad al museo más allá de dos últimas cartas: una política y una legal.

Ante medios estatales y de la Cámara Mexicana de la Industria y la Construcción en Guanajuato reiteró sin rodeos que no insistiría más en el museo si no ‘cuajan’ las últimas luchas. Aseguró que el ‘plan b’ es la cancelación del museo y la deuda.

En pasadas ocasiones ha comentado que la ‘4T’ está jugando en contra de Guanajuato, sin tal vez considerar que más que barreras partidistas se tratan de barreras legales que deberían haberse aplicado desde el ámbito estatal y municipal, y con condicionantes que se solucionarían si detrás hubiera la cordialidad de presentar un proyecto sólido y con lógica de un museo de momias.

Tal vez esta última batalla no se trate de una lucha épica y desequilibrada entre un municipio y el gobierno federal, sino entre la frivolidad del MUMO y el de legalidad.



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