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domingo, junio 13, 2021

Sheffield, el gran derrotado

Ricardo Sheffiel fue tal vez, el único funcionario público federal al que Andrés Manuel López Obrador le permitió renunciar después del 31 de octubre, la fecha que el propio presidente había señalado para separarse del cargo a quienes quisieran aspirar a un cargo de elección popular.

Todo hacía suponer que se trataba de una estrategia para competir por el municipio más grande del Estado, pues hizo que el PAN mostrara sus cartas primero y destapara a Alejandra Gutiérrez como su abanderada.

Inicialmente parecía que el exalcalde por el PAN podría cerrar la competencia contra su partido de antaño.

Ello hubiera asegurado a Sheffield como el virtual candidato a la gubernatura en 2024, con altas posibilidades de dar la pelea.

Pero no fue así, el sueño se derrumbó para Sheffield. En cifras preliminares habría sacado, en el mejor de los escenarios, la mitad de los votos obtenidos por la panista, si no es que apenas una tercera parte.

Se trata del segundo fracaso consecutivo al que el expanista arrastra a Morena. Se ve difícil que tenga una tercera oportunidad.

No votar, también fue opción

Siempre el abstencionismo ha marcado nuestras elecciones. Esta vez no fue diferente.

El problema es que lo damos como un fenómeno normal, pero reflexionamos poco sobre el sentido que tiene que un porcentaje tan alto de ciudadanos no salgan a votar. Desde las causas que imposibilitan a aquellos y aquellas que sí desean votar y que por alguna razón de salud, de movilidad, de infinidad de cosas no pudieron hacerlo.

Pero también están aquellas personas que decidieron no hacerlo porque no encontraron en ninguna de las boletas una opción que se acercara a la representación de sus aspiraciones.

En ellos y en ellas es donde está la mayor signficación. A ellos y a ellas ningún partido y ningún candidato los ha escuchado, y si lo ha hecho, no las ha atendido.

Ahí es donde la democracia peligra. En el momento en que los partidos y candidatos no representen la alternativa de país que se desea.

PRI, PAN, PRD no fueron capaces de entender la urgencia de renovarse, de revisar sus propuestas y sus candidatos de cara a esta elección.

Por su parte Morena no supo, o no quiso evitar los vicios que siempre han marcado a los partidos.

Los partidos “chicos”, tal parece que lo único que buscaron fue reforzar su posibilidad de ser bisagras.

Los partidos siguen despreciando a los electores y con ello a la democracia, esa que no son capaces de practicar siquiera en sus proceso internos.

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