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miércoles, diciembre 8, 2021

Sucesos paranormales en la San Miguel Chapultepec (parte I)

Lo platiqué con mi cliente y podemos ofrecer lo siguiente: contratar un seguro de responsabilidad civil que cubra los daños que se puedan causar a terceros por la construcción de la obra, mas no podemos constituir ninguna fianza—, dijo el abogado Iker Medina a sus homólogos de la contraparte, quienes tras varios segundos de susurros, el más grande de ellos contestó:

Tenemos un acuerdo— y extendió su mano al joven y petulante presidente de la empresa Construimos Casas, S.A. de C.V., Carl Koller, quien la estrechó con entusiasmo por saber que su empresa, que atravesaba por un momento difícil, ingresaría 500 millones de pesos por la construcción de un edificio y a la vez con confusión por no recordar la platica a la que su abogado refería. En el elevador, cuando ambos estaban a solas le advirtió: —Lo del seguro jamás lo platicaste conmigo. Lo voy a descontar de tus honorarios—.

Todo lo contrario, yo debería cobrarte más por recordarte que contratar un seguro de responsabilidad civil es una obligación que deviene de la ley; misma que tu padre ha cumplido religiosamente desde hacía treinta años cuando constituyera la empresa que tú pretendes dirigir—. Las puertas del elevador se abrieron e Iker descendió de él, mientras una sonrisa irónica se dibujaba en su rostro.

Haber concluido de forma exitosa dicha negociación, entre otras de similar cuantía, fueron las razones por la cuales Iker fuera ascendido al puesto de asociado en el prestigiado despacho Sanz & Sáez, S.C. Además del considerable incremento salarial, le significó un aumento de responsabilidades en la forma de tres constructoras internacionales, cada una más demandante que la otra, así como una nueva meta de horas mensuales facturables.

Iker era alto y delgado; tez morena y cabello lacio obscuro que peinaba de forma impoluta hacia atrás. Sus ojos eran negros y muy sensibles a la luz; motivo por el cual llevaba anteojos antireflejantes. Tenía veintiocho y pese a codearse con la crema y nata de la abogacía capitalina, vestía trajes sencillos de la marca jbe y calzaba diversos modelos de Flexi. No obstante la diferencia de precios entre sus prendas y las de sus colegas, jamás lucía desaliñado o fuera de lugar. Y a diferencia de ellos, él sí estaba a dispuesto a dar un esfuerzo adicional en beneficio de sus empleadores. Por ello que fuera tan apreciado entre los socios del despacho, quienes lo describían como un abogado inmobiliario de alto rendimiento cada vez que lo encontraban a deshoras golpeando armoniosamente el teclado de su máquina y la tenue imagen de la pantalla se reflejaba en los cristales de sus gafas.

Tenía diecinueve cuando su padre muriera a causa de un cáncer de colón que había tardado tres años en quitarle la vida y a su madre las ganas de vivir la suya; razón por la cual Iker viviera todavía con ella en un pequeño departamento de la colonia Toriello Guerra. Pese a la cercanía y cuidados de su único primogénito, ella se encontraría con su esposo siete años después. Cardiopatía fue la causa que se asentó en la acta de defunción, pero Iker estaba convencido de que su madre había muerto por amor.

Tuvo suerte en vender el departamento al mismo tiempo en que se adjudicara a título de herencia la propiedad del mismo. Lo hizo a un vecino que quería ampliar el suyo. Y a fin de restar a las largas jornadas laborales, el tiempo de trayecto entre el departamento y el despacho que se ubicaba en la avenida Presidente Masaryk, se dispuso a hacer lo que todo soltero empoderado y con ganas de olvidar haría: mudarse. E inocentemente pensó que el precio de la venta del departamento aunado a sus ahorros serían suficientes para comprar un pequeño departamento en la colonia Polanco o las Lomas, pero lo cierto es que su millón y medio de pesos no bastaban ni para el enganche de un flat, como los agentes inmobiliarios llaman a los espacios de 40 metros cuadrados en los que la cama se ubica entre la estufa y el escusado. Ignoró las recomendaciones de colegas, familiares y amigos de buscar un crédito hipotecario, pues creía que destinar mensualmente cualquier cantidad al pago de intereses, sería un desperdicio de sus recursos. Y no se diga de rentar, que era capaz de escupirle a quien se atreviera a sugerirlo.

La búsqueda fue larga y tortuosa, y para sorpresa de nadie, sin éxito. Antes de la media noche de un martes particularmente tedioso, mientras su Nissan Versa se encontraba detenido en el tráfico de los carriles laterales del Blvd. Manuel Ávila Camacho —cortesía de las obras nocturnas en los carriles centrales— una notificación en su celular proveniente de un sitio de bienes raíces llamó su atención:

 

Departamento en la San Miguel Chapultepec en venta

220 m2 – 3 habitaciones – 2 estacionamientos

$1,500,000 MXN

Continuará…

Said Farid Nasser Guerra
Abogado leonés especialista en derecho corporativo. Activista desde muy joven en la protección de animales. Actualmente se desempeña en el área jurídica de la empresa ABInBev. “Panza Verde”, apasionado por la lectura, el futbol, la bicicleta de montaña y la Fórmula 1.

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