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viernes, mayo 20, 2022

El deseo, el engaño y la desilusión

Andrea Iacona[1] sostiene que existe una clara correlación entre deseo y engaño. Ninguna persona se encuentra exenta de autoengañarse con tal de vivir en una felicidad artificial, nadie quiere salir lastimado, por lo que parece ser razonable no querer sufrir desilusiones.

¿Cuántos infomerciales de productos milagro no pueden ser vistos en una noche de insomnio? ¿Quién no se ha mofado de las fajas ultra reductoras de Ninel Conde, los cuchillos samurai a los que nunca se les acaba el filo, el calcio de coral que promete ser la panacea de toda enfermedad o  bien a crema de baba de caracol que promete lucir una piel de porcelana?

¿Cuántas personas no conocemos que tienen una pareja tóxica o abusiva? El Don Juan, el sugar daddy y la sugar baby. Todos hemos sido o conocido a alguien ciego de amor (si no es que nosotros mismos) podemos recordar frases como “puede ser grosero(a) pero una vez que le conoces es diferente” o “prometió que cambiará, dejará a su otra pareja” o peor aún: “yo le voy a hacer que cambie”.

Y no podrían faltar a la lista los políticos sin escrúpulos que llenan sus campañas de falsas promesas y los servidores públicos que nos crean expectativas de bienestar. ¿Cuántas promesas de campaña no podemos enumerar de las pasadas elecciones? Bajar los precios de la gasolina, encarcelar delincuentes, disminuir los índices de corrupción, contaminación y violencia.

Todos ellos tienen en común que necesitan del engaño para beneficiarse de ello y otra persona o personas que parecen no distinguir la realidad de la fantasía en la que se vive. Llámese Innova, la ex pareja tóxica o nuestro nuevo Gobernador. Claramente todos ellos son una falacia.

Sin embargo nunca falta una tercera persona que vea de otra perspectiva la situación. A veces es quien busca desenmascarar a quienes engañan. Generalmente estos terceros nunca tienen éxito, ya que quienes tienen mayor necesidad de fe, deseo o amor, son utilizados por quienes engañan para reafirmar sus propias mentiras.

A pesar de ser menos doloroso vivir en una fantasía que distinguirla de la realidad, en el fondo todos sabemos que ni necesitamos la batería de cocina ultra fancy a la que no se le pegan las grasas, que la sugar baby no está enamorada de aquel hombre mucho mayor y poco agraciado que le da dinero a ella o bien que vamos a tener una Fiscalía que sirva.

Es lógico creer algo, porque deseamos fuertemente que suceda. Mientras estemos ávidos de cambio continuaremos reafirmando estas mentiras. Pero ante las fulminantes oleadas de violencia, feminicidios y enfrentamientos de grupos delictivos, ¿quién va a ser el o la valiente que quiera desengañarse y trabajar para una fiscalía que sirva?

Claramente es una mala combinación el poder y el autoengaño de un gobierno que no tiene la voluntad política de cambiar su Estado.

 

[1] Díez y Iacona. (2016). Del amor y otros engaños. Breve tratado filosófico sobre razones y pasiones. Barcelona, España. Alpha.

María Isabel Puente Gallegos
María Isabel Puente Gallegos
Abogada por la Universidad de Guanajuato, Maestra en Derechos Humanos y Doctoranda en Sostenibilidad por la Universidad de Valencia, España. Activista. Fanática de la Fiera. mapuenga@alumni.uv.es Facebook: María Isabel Puente


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