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miércoles, abril 21, 2021

El mito del equilibrio natural

Mtro. José Gustavo Sámano Dávila

Universidad de Guanajuato/CEFTA

 

En la película The Matrix, el villano en turno le explica a otro personaje que los seres humanos son el virus del planeta Tierra. Su argumento es el siguiente: todos los mamíferos, y demás seres vivos, consumen los recursos del medio pero alcanzando un equilibrio natural; los seres humanos, sin embargo, consumen todos los recursos y cuando los agotan se mueven a un nuevo lugar, destruyendo dicho equilibrio. El argumento del control de la población en favor del control de los recursos naturales se ha vuelto un cliché del villano de las películas a partir de entonces. El hecho de que este argumento sea tan popular en las películas actuales es un síntoma de una creencia mucho más arraigada en la psique de la población occidental: el mito del equilibrio natural. Este mito establece que si no hubiera seres humanos (o su consumo de recursos fuera controlado o sustentable) la vida silvestre alcanzaría un punto de equilibrio por sí sola: es decir, suficiente alimento para todos los seres vivos de este hermoso planeta verde. O algo muy similar.

La misma proposición “existe un equilibrio natural” es falsa en casi todos los niveles, desde los sistemas complejos físicos hasta los biológicos, sin mencionar las sociedades humanas. De hecho, la idea de “equilibrio natural” está en directa contradicción con conceptos científicos clave, tal como la selección natural. En el fondo de esta idea, subyace la milenaria tendencia humana de antropomorfizar la naturaleza.

¿Qué es el equilibrio natural? No existe definición de este concepto. Ni siquiera los grupos activistas de conservación natural tienen una. Pero aquí voy a tratar de dilucidar en qué puede consistir dicha idea. Existe, claro está, una definición precisa del equilibrio mecánico. Pero éste último concepto se aplica a sistemas de cuerpos y fuerzas, como una balanza. Cuando se le aplica la misma fuerza, o peso, a los brazos de la balanza éstos no se mueven, y decimos que está en equilibrio.  Existe también el concepto de equilibrio térmico. Para simplificar, piense el lector en una taza de café caliente que disminuye su temperatura con el tiempo hasta alcanzar la misma que la del medio que le rodea; en ese momento decimos que la taza y el medio están en equilibrio térmico, puesto que están a la misma temperatura. Existe, al menos, una diferencia entre el sistema mecánico y el térmico. Si jamás se movieran los pesos de la balanza, en teoría ésta seguiría sin alteración para siempre: estaría en equilibrio hasta el infinito, si nada más pasara. Pero los sistemas térmicos “abiertos” siempre tienden a perder calor, o energía. La temperatura del medio siempre está cambiando, por lo que los equilibrios térmicos cambian también. Esto es claro si se piensa en las estaciones del año, o en el transcurso del día: puesto que la temperatura de, digamos, la habitación cambia constantemente, la temperatura de la taza también estará cambiando; no obstante, hay periodos de tiempo en los que la temperatura se mantiene más o menos igual. Así pues, el concepto de equilibrio térmico sólo es válido durante ciertos periodos de tiempo, pero jamás se mantendrá hasta el infinito en sistemas abiertos, es decir, aquellos sistemas donde hay intercambio de energía, donde ésta entra y/o sale. Sólo en un sistema cerrado la energía, y la temperatura, se podrían mantener, pero en la naturaleza no existen tales sistemas, exceptuando, tal vez, el propio universo.

Tomando en cuenta el concepto de equilibrio térmico y la característica de los sistemas abiertos (como el propio planeta Tierra) podemos decir lo siguiente: no existen sistemas que no estén cambiando, e intercambiando, su energía y temperatura, aunque presenten periodos de relativo equilibrio térmico. En general, todos los sistemas siempre están cambiando. Incluso a nivel subatómico. Desde la escuela nos enseñaron que incluso las montañas, sin hacer nada, cambian por la erosión. La montaña, que parece que siempre está en equilibrio mecánico, sufre también cambios, derrumbes, por ejemplo. La montaña, que es un sistema mecánico relativamente simple, sufre cambios con el inexorable paso del tiempo…¿qué pasa con los sistemas vivos, infinitamente más complejos, y que siempre están intercambiando energía con el medio que les rodea?

Gracias a la teoría de la evolución de Darwin sabemos un poco de cosas sobre los sistemas vivos y las especies. En primera, que el medio ambiente siempre está en constante cambio: un volcán hace erupción, terremotos, sequías, meteoritos, olas de calor, glaciaciones, temporadas de lluvia, etcétera. Y todo esto sin participación del hombre. Las especies que logran adaptarse mejor al cambio sobreviven: a este proceso de adaptación se le llama selección natural. En segunda, las propias especies sufren mutaciones. De repente, por pura casualidad genética, el individuo de una especie tiene una ventaja que le hace la vida más fácil: mejores dientes, mayor tamaño, un pico más fuerte, mejor producción de encimas, un color que se confunde con el entorno, etcétera. Estos cambios le harán conseguir comida más fácil, o tener más decendencia. De cualquier manera, algo del entorno acabará cambiando.

Todos los seres vivos cambian algo de su entorno. Lynn Margulis, famosa bióloga del siglo pasado, ponía el ejemplo de los organismos aeróbicos que, en el Precámbrico, modificaron la atmósfera con un venenoso oxígeno que causó la extinción de casi el 90% de los seres vivos que les eran contemporáneos. Sin embargo, hay periodos de tiempo en los que, a muy grande escala, el estado de las cosas en la naturaleza parece no modificarse. A fin de cuentas, hay ecosistemas que perduran miles de años. Pero tales ecosistemas cambian, aunque lentamente, por un gran número de factores, de los cuales he mencionado sólo dos: cataclismos y mutaciones, pero créame, o investigue, querido lector, que hay siempre constantes alteraciones en los ecosistemas, y la más importante es la influencia directa de todos los seres vivos. El equilibrio natural, un hipotético estado ideal estático, donde la cantidad y proporción de individuos y especies se mantienen constantes en un ecosistema es imposible en el mundo real. Todos los sistemas, con ecosistemas incluidos, cambian en el universo. Todas las especies vivas, desde el reino monera hasta el animal, están condenadas a desaparecer eventualmente. Pero nos queda el consuelo de que, por un breve espacio de tiempo, las cosas parecen quedarse quietas, sin alteración, permitiéndonos apreciar un pequeño momento de equilibrio frágil y fugaz.

¡Bendita felicidad la de aquellos que ignoran el constante devenir de las cosas!

Sporadikus
Sporadikus
Esporádico designa algo ocasional sin enlaces ni antecedentes. Viene del latín sporadicos y éste del griego sporadikus que quiere decir disperso. Sporás también significa semilla en griego, pero en ciencia espora designa una célula sin forma ni estructura que no necesitan unirse a otro elemento para formar cigoto y puede separarse de la planta o dividirse reiteradamente hasta crear algo nuevo. Sporadikus está conformado por un grupo de estudiantes y profesores del departamento de filosofía de la UG que busca compartir una voz común alejada del aula y en contacto con aquello efervescente de la realidad íntima o común. Queremos conjuntar letras para formar una pequeña comunidad esporádica, dispersa en temas, enfoques o motivaciones pero que reacciona y resiste ante los hechos del mundo: en esta diversidad cada autor emerge por sí solo y es responsable de lo que aquí se expresa.

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Comentarios

  1. Nuestra inteligencia, incluso el deseo de satisfacer nuestras necesidades (físicas y emocionales) es parte de nuestra adaptación a nuestra “propia naturaleza” e irá cambiando como lo mencionas poco a poco.

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