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jueves, abril 22, 2021

El pecado de ser diferente pensando distinto

Después de semanas encuentro la posibilidad de escribir nuevamente, disfrutando cada letra que tecleo en mi computadora, con la convicción de dar voz a temas que no todos quieren tocar, y que no todos quieren hablar.

Nací en un hogar de cuna católica, como la mayoría de las familias de la población de Guanajuato, mi estado. Sin embargo, me considero de los pocos jóvenes que, a consciencia, siguen siéndolo por convicción, y que se ha atrevido a manifestarlo en pláticas con gente de su edad, donde expresarlo, no es precisamente fácil o sencillo. Estudié psicología, y aunque entiendo que lo que voy a decir no me convierte en alguien mejor – ¿Para quién?, ¿Para qué?, ¿Según quién? -, es real que no todo católico que entra a estudiar la profesión que desempeño, sale de la universidad con el mismo credo.

Con esto quiero decir, que quienes entramos a Psicología, en su mayoría -eso sí me atrevo a decirlo- salimos o no con la misma fe al concluir la licenciatura, porque por la naturaleza misma de la introspección que lo que estudiamos implica, nos invita a cuestionarnos, de manera que por edad universitaria y por conocimiento adquirido, decidimos qué creer, y qué no más…

Esta introducción, fue para llegar a lo siguiente: Nací católico, pero sigo siéndolo por convicción, no precisamente por mi educación recibida. Pero también, debo decir, que desde niño fui un apasionado de la “Historia”, y de la “Cívica y Ética”, que en educación básica es lo que suele estar al alcance en la primaria, como las agrupadas “Ciencias Sociales”. Me encantó saber que Juárez tuvo el valor de emancipar al Estado mexicano, de la hegemonía de la Iglesia, que bien conocemos, pues no siempre acertó. Tuvo horrores cometidos por la misma con ejemplos como la Santa Inquisición.

En nombre del “conocimiento teológico” se condenó a quienes pensaban diferente                     -recuerden esto porque lo retomaré más delante- pues la religión tiene errores, y en mi opinión es porque la ejercemos los humanos -una de las razones por la cual los errores de las personas no me han permitido dejar de profesar mi fe-, quienes poseemos una naturaleza imperfecta.

Sin embargo, también a la Iglesia hay que atribuirle muchas obras buenas y necesarias, como la construcción de hospitales y la oferta de atención a la salud pública y el combate al analfabetismo por medio de las múltiples congregaciones religiosas que llegaron en la denominada evangelización.

Pero sucede que, en México, como en todos los países del mundo, la visión de cómo construir y desarrollar a la sociedad, desde el punto de vista ideológico, sociológico y económico, sigue dividiendo a la sociedad, entre lo que definimos como izquierda o derecha -en México, en aquellos años, liberal o conservador-. Después de la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, se estaba con el bloque capitalista de los Estados Unidos, o con el bloque socialista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). A los países que querían sublevarse de las dos superpotencias, los llamados “No alineados”, finalmente no pudieron mantenerse en su decisión, ya que el sistema del orden mundial impuesto simplemente no funcionaba si no se estaba de un lado o del otro.

Pero la polarización continúa…

Sucede que hoy, el mundo, a pesar de su evolución, quiere mantener un orden de polarizaciones.

Continuamos viviendo en una sociedad, que posiblemente bajo la necesidad de definir a todo, para satisfacer el ego que dice que “no existe nada que se escape del actual conocimiento”, cree tener la autoridad de definir quién y qué es aquél se tiene enfrente. A veces, con soberbia, sin empatía y sin sustento, algunos de los sectores más conservadores que profesan la religión católica refieren a la homosexualidad como herejes o como enfermedad mental, siendo que la OMS dejó de considerarla así hace 30 años. Por cierto, lo acabo de leer en redes sociales, y en muchos casos, de personas que conozco.

Leemos al “Frente Nacional por la Familia”, acusando a diputadas locales como Vanessa Sánchez Cordero, de ser “proaborto” o incluso “asesina”, ignorando sus argumentos que más bien, para la academia formal, serían de una persona “pro- decisión”. Yo mismo, ahora ni siquiera he definido mi postura respecto al tema, y por católicos -mi propia familia de fe- podría ser “el enemigo” por cuestionar a un “Frente” que se abandera defensor del “bien”. Pero dónde queda su doble moral al proyectar mediáticamente con manipulación dolosa      -eso es mentir- a la postura de la diputada, dándole tintes no verídicos de su postura, sacando de contexto a sus argumentos reales.

Se le ha visto también, a algunas personas agnósticas o ateas, acusar a todos los sacerdotes de “violadores”. Perpetuar leyendas urbanas, respecto a que “todos los párrocos roban y viven llenos de lujo”. Se ha visto a algunas personas de la comunidad homosexual, salir a desfiles del “Orgullo”, vistiendo como “Jesucristo”, como sacerdotes o como religiosas con supuestas partes del cuerpo desnudas, atentando contra su dignidad y derechos humanos, denigrando y difamando su proceder con generalizaciones violentas que no corresponden.

Se le ha desprestigiado a un movimiento legítimo como el feminismo que ha buscado la justicia al género que histórica y culturalmente ha estado en desventaja en todos los ámbitos, víctima de violencia implícita que ha quedado impune… ¿Y cómo ha sido desprestigiado muchas veces?… ¡Siendo llamadas “Feminazis”!

Veía el fin de semana que en la película animada de “101 Dalmatas” de Disney, hay una parte en la que, un personaje exclama al ir conduciendo una camioneta: “¡Tenía que ser mujer!”, cuando uno de los personajes del género femenino iba también manejando su auto. Tal vez no todos compartimos el hecho de ver a monumentos destruidos, pero es cierto también, que pareciera que eso nos ha dolido más que las miles y miles de mujeres que en México resultan muertas o desaparecidas cada año.

Se argumenta con autoridad que el progresismo de hoy en día no es más que una “izquierda con nuevo nombre”. Pero una vez más no nos damos cuenta de que encasillar cerrándonos a nuestra limitada visión y conocimiento, ya no sirve. Tenemos a un presidente en México, ubicado “como de izquierda”. El presidente de Argentina, Alberto Fernández, se autodefine como “progresista” … Y pareciera que, aunque comparten el “corte político”, nos demuestran que hoy, “una ideología” no define a todas las decisiones o posturas que habrán de tomarse en diferentes temas. Durante la pandemia, el gobierno de Argentina se caracterizó por ser el que con más puntualidad priorizó a la salud, respecto a la economía.

Los discursos de ambos gobernantes son dignos de analizarse, bajo la lupa del contraste de sus ideas y decisiones. Ahora no hago énfasis respecto a quién actuó mejor, no porque no tenga una opinión al respecto, sino porque hoy no es el objetivo de mis líneas. Mientras Andrés Manuel decía “que siguieran en la calle y comiendo en las fondas”, Fernández ya hacía videos sobrevolando Buenos Aires en helicóptero vigilando que nadie saliera.

¿Nos damos cuenta? ¿Quién realmente puede definir hoy qué es ser de izquierda o de derecha? El mundo ya no cabe en ninguna de esas cajitas. No podemos ya encasillarnos, pues en más de una ocasión quienes jueguen con autoridad a definir podrán hacer ver como incongruentes a varias personas, pero al hacerlo, serán medidos con la misma vara, pues cada tema traerá cuestionamiento a su “congruencia”. Andrés Manuel nos mostró que “se define revolucionario y no conservador”, pero tiene políticas públicas medioambientales que carecen de la visión moderna de las fuentes de energía renovables; de la misma manera en que hay personas que se la pasan en el templo en “apostolados”, pero pagando míseros sueldos a sus colaboradores, o negando si quiera la mirada y el saludo a la anciana enferma que está en la entrada de la Iglesia los domingos.

Andrés Manuel segmentó, pero nuestros actos y palabras también…

Andrés Manuel -lo he escrito ya- capitalizó ciertamente a todos los sectores vulnerables del país, entendiendo cómo atrapar con su discurso demagógico a todas las mujeres y hombres de México, que nos guste o no, sí han sido marginados, de múltiples formas… Y no, no estoy a favor de cultivar el pobre autoconcepto de ningún sector de la sociedad, pero es cierto, que a quienes no simpatizan con el presidente por haberse sentido agredidos en las líneas de cada declaración de la campaña que le llevó a la “Silla del Águila”, les ha enojado más su discurso, que aceptar una realidad que él no creó, pero que sí capitalizó política y electoralmente.

Les comparto las imágenes de dos capturas de pantalla, que tomé de una publicación que circulaba en Facebook, respecto a una persona que participó en la “Marcha Anti- AMLO” en la que comparte -con las mismas faltas de ortografía que alude clasistamente que los seguidores de AMLO tienen- una reseña de lo que atestiguo siendo parte la misma:

¿Nos damos cuenta? El texto es clasista y divide también. Les invito a hacer análisis detallado y estricto de cada verso escrito ahí. Esas líneas no hacen más que seguir fomentando el resentimiento social. Ese texto segmenta, ese texto lastima y agrede. Cuando me pronuncié en mis propias redes sociales, un contacto me mencionó “que había que tener la piel demasiado sensible” para tomarlo a mal.

Por supuesto contesté que no, que no es que se trate de “sensibilidad”. Es congruencia. ¿Entonces los Ángeles Azules qué implican? ¿Las faltas de ortografía las poseen quienes votaron a AMLO y pertenecen a una clase social que alude como baja? Y en todo caso, si así fuera -lo cual es una generalización muy visceral- ¿Dónde queda la empatía con aquellos que no tuvieron acceso a una educación de calidad porque en verdad no hubo posibilidades de que fueran a la escuela?

Quienes no coincidimos con Andrés Manuel López Obrador, entre muchas otras cosas, por haber dividido a la sociedad, tenemos que ser inteligentes, y fíjense bien como lo diré: Tanto o más que él. Reitero, él supo capitalizar para su beneficio político- electoral una realidad social que ya existía, para lo cual, ni el modelo capitalista o neo- liberal, o el socialista, han podido dar respuesta para la solución de la pobreza en América Latina.

 

Progresista…

Puedo ser progresista, y no haber votado por Andrés Manuel, y mañana compartiré por qué… Haciendo valer la educación a la que pude acceder, y que debo poner al servicio de quienes no. Porque vivo en América Latina, “la región de las venas abiertas”, como dijo Galeano, y que hoy en día, la estadística reporta un dato duro irrefutable, sigue siendo la región más desigual del mundo, a lo cual no pienso abonar con la indiferencia incongruente que en muchos cuestiono, y con la cual no coincido.

 

“Lo que es diferente no es un atentado a nuestra forma de ver las cosas, sino una invitación a la forma de ampliar nuestra visión”. Anónimo.

Ricardo García
Ricardo García
Joven entusiasta, Político con causa. Psicólogo de formación, trabajador de la educación por convicción. Formador de Directivos Escolares. Columnista, Capacitador y Conferencista. Secretario Estatal de Asuntos de la Juventud del Partido Verde Guanajuato. Director de TRANSFORMA Consultoría.

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