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viernes, julio 23, 2021

La realidad del peso mexicano

Mucho se ha escrito sobre la “fortaleza” del peso observada este año, y básicamente tenemos dos grupos de analistas que pretenden explicar el porqué de la paridad cambiaria. Por un lado hay quienes dicen que México ha registrado un peso fuerte la mayor parte del año debido a que es estructuralmente sólido (esto lo dicen los analistas oficialistas); estas personas consideran que un peso fuerte se explica porque tenemos finanzas públicas sanas, porque tenemos una balanza comercial relativamente equilibrada, porque tenemos un sistema financiero que no se ha contaminado con los acontecimientos económicos de Estados Unidos y Europa, entre otros factores.

Por otra parte, estamos los que reconocemos la importancia de contar con una macroeconomía sólida, pero consideramos que la fortaleza del peso mexicano se debe principalmente a factores externos (generados fuera de nuestras fronteras), y es determinada además por las acciones del Banco de México, las cuales siempre abren una puerta para ganancias de capital de corto plazo o bien para la especulación con el valor de nuestra moneda.

¿A qué me refiero con esto? Pues a que derivado del marco macroeconómico nacional de “estabilidad”, ha habido una entrada de divisas al país como nunca antes, lo que ha provocado episodios de apreciación del peso, pero ésta no se debe tanto a lo que hemos hecho nosotros en términos de política económica, sino que responde más a lo que sucede en los Estados Unidos y lo que hace el Banxico.

En el periodo del 12 de marzo al 23 de mayo de este año el tipo de cambio se mantuvo por debajo de los $12.50 pesos por dólar, y podemos decir que esto ocurrió así porque fueron días en los que había relativamente buenas noticias en México y en Estados Unidos, además de que manteníamos un importante diferencial entre los rendimientos pagados por las tasas de interés de los Cetes y los Treasury Bills, lo que incentivaba la entrada de capitales golondrinos al país.

Sin embargo, el 17 de mayo el INEGI publicó el dato de que el Producto Interno Bruto de México creció apenas 0.8% anualizado en el primer trimestre de 2013, lo que fue una verdadera cubetada de agua fría para el gobierno federal. Por otra parte en los Estados Unidos comenzamos a ver un debate cada vez más intenso respecto a la pertinencia de que termine este año el programa de compra de bonos, prácticamente indiscriminada, llevada a cabo por parte del Banco de la Reserva Federal (Fed) de dicha nación. Y si a esto le sumamos malas noticias por parte del sector manufacturero mexicano que cayó 1.6% en el primer trimestre de este año, entre otras malas noticias sobre la actividad industrial de Estados Unidos, pues el resultado natural fue que el peso comenzó a perder fuerza hasta llegar a los $12.8960 pesos por dólar el 6 de junio.

Aunado a lo anterior, y analizando al detalle, en GAEAP hemos encontrado que el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos ha disminuido en los últimos días, ya que un T-Bill a plazo de un mes pagaba el 7 de junio un rendimiento anualizado de 0.04%, mientras que en México un Cete a 28 días paga 3.71%; es decir, en México se paga 92 veces más rendimiento que en Estados Unidos para un instrumento de corto plazo. Sin embargo, se debe tomar en consideración que el 8 de mayo de este año el tipo de cambio se ubicó en $12.03 pesos por dólar y ese día la tasa de interés de los T-Bills fue de apenas 0.01% anualizado, mientras que los Cetes a 28 días se ubicaron en 3.71% anualizado; es decir, ese día los Cetes a 28 días pagaban 370 veces más rendimiento que su instrumento similar de corto plazo de Estados Unidos. Con lo anterior podemos establecer cierta correlación entre el diferencial en las tasas de interés y el tipo de cambio. Recientemente el diferencial se ha visto achicado y el peso perdió valor frente al dólar.

Hasta ahora, todo lo expuesto es para ilustrar que nuestra fortaleza en el tipo de cambio no se debe a factores estructurales de la economía mexicana únicamente, sino a factores como las decisiones de política monetaria en Estados Unidos y en México. Y en este sentido resulta obvio que el resultado de una eventual alza en las tasas de interés en Estados Unidos generará la depreciación del peso mexicano sin importar nuestra “estabilidad” macroeconómica, como nos lo han querido hacer creer los analistas oficialistas.

Mientras tanto pues ya tenemos un dólar más competitivo gracias a los funcionarios de la Fed de los Estados Unidos que le ha metido ruido a su mercado de bonos ante la posibilidad de que allá termine el estímulo monetario; y el hecho de tener ahora un tipo de cambio más cerca de los $13.00 pesos por dólar que de los $12.00 pesos por dólar representa oxígeno puro para la planta manufacturera nacional, que acaba de recuperar parte de la competitividad perdida por el “super-peso”.

Sin duda, el hecho de que las empresas exportadoras reciban ahora más pesos por sus dólares ayudará a fortalecer el mercado interno, al igual de que el hecho de que los receptores de remesas reciban más pesos por los dólares que les envían sus familiares también les beneficiará. Y además el hecho de que los bienes importados ahora cuesten un poco más caros ayudará a las empresas nacionales a hacer frente a la competencia del exterior. Y que quede claro que este no es un asunto de competitividad de las empresas, sino de costo país de México como lo he explicado en pasados editoriales.

Sin embargo, es muy importante que el tipo de cambio se mantenga en niveles competitivos (en torno a los $14 pesos por dólar) por un periodo prolongado para verdaderamente darle un impulso a la economía mexicana ante la desaceleración que enfrentamos actualmente.

Hasta ahora las malas noticias y lo que sucede fuera de México es lo que le ha dado un respiro a la planta manufacturera nacional generando un tipo de cambio más competitivo, algo que en principio debería ser impulsado por las autoridades mexicanas, concretamente el Banco de México a través de un relajamiento de la política monetaria y baja en las tasas de interés de un cuarto de punto comercial. Sin embargo, éste organismo ha estado apretando la liquidez en México a tal grado que en los primeros cuatro meses de este año retiro de circulación unos $54 mil 500 millones de pesos, lo que representa la mayor restricción monetaria en por lo menos las últimas tres décadas.

¿Entonces a quien sirve el Banco de México? Por sus acciones únicamente en pro de la estabilidad de precios no creo que esté muy preocupado por la creación de empleos ni por generar condiciones para el crecimiento económico. Creo que está más preocupado en mantener un dólar barato que le ayude a controlar la inflación con importaciones baratas, y está preocupado por mantener un dólar barato para ayudarle al sector privado mexicano a mantener sus pasivos en orden, ya que éste registra al cierre del primer trimestre del año una deuda externa de $91,700 millones de dólares, monto 37% superior al de la deuda externa del sector público.

Para terminar solo quiero hacer una reflexión más respecto a la visita del presidente de China a México. Y es que se comentó que en su momento el hecho de que el presidente Felipe Calderón recibiera al Dalai Lama, fue algo que deterioró la relación entre ambos países. Pues la estadística nos muestra que dicho evento en 2011 fue un excelente pretexto para que los chinos no nos compraran nuestros bienes, pero en ningún momento les pesó para vendernos más y más mercancías. Ahí está el doble discurso que les caracteriza, porque la realidad es que a ellos los mueven los intereses comerciales y políticos.

 

Correo electrónico: alejandro@gaeap.com. Director General GAEAP*
Twitter: @alejandrogomezt
Página web: www.gaeap.com

Alejandro Gómez Tamez
Director General del Grupo Asesores en Economía y Administración Pública. Tel (477) 326-3633 http://alejandrogomeztamez.com/ En Twitter: @alejandrogomezt Visita nuestra página de internet: http://www.gaeap.com/

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