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viernes, febrero 26, 2021

Epifanías feministas, un futuro por construir

Epifanía: manifestación, campana transparente, aparición. El pasado domingo, en su Día Internacional, mujeres manifestaron coraje, sangre, nervio, músculo, organización, desbordando calles y plazas de Ciudades de México, Juárez, Guadalajara, Monterrey, Guanajuato, León y otras, gritando y cantando.

Lunes, #UnDíaSinNosotras, silencio, ausencia, paro nacional. Campana transparente de cómo sería nuestra sociedad si todas las mujeres desaparecieran: Qué haríamos en casa, trabajo, escuela, hospital. Aparición contra la violencia machista, particularmente feminicidios, visibilizando desigualdades y fallas gubernamentales. Necesitaban reconocer el poder que tienen por sí mismas.   Se trataba de sacudir al país, y lo lograron. Atrás quedaron colores partidistas, clases sociales, religiones u ocupaciones. Aquí escribí que “tercera ola” feminista, la actual, “esta marcada por la conciencia de que existen múltiples modelos de mujer”. Olas se convirtieron en marea feminista con diferentes identidades, ideologías, objetivos, prioridades, estrategias, topografías, reclamando por derechos a no ser violentadas. Múltiples feminismos: ”liberal”, “de las institucionales” o “de lo posible”, de las  del todo o nada, “autónomas”, “utópicas” o “históricas” (“no histéricas”), radicales marxistas, humanistas trascendentales e inmanentes. Opiné que ninguno tiene exclusividad de agenda, no obstante mayores protagonismos, y que nadie es dueña de valores absolutos y de la vida temporal o eterna de las mujeres. Vimos mujeres conteniendo violencia excepcional de otras mujeres. No era descartable infiltradas o anarquistas -lanzaron bomba molotov en Ciudad de México o pintas en mobiliario urbano-.

Obtuvimos múltiples evidencias sobre la condición de desigualdad de la mujer en  ámbitos privados y públicos, que nos impulsará a sensibilizarnos, adoptar pautas de pensamiento y de conducta que empaticen, nos pongan en sus zapatos de mujeres violentadas, para hacer los cambios indispensables, empezando por la formulación de políticas públicas de seguridad con perspectiva de género, de parte de los tres órdenes de gobierno. Desde ya y en el mediano y largo plazo arrancar los cambios en mente y corazón, culturales, en casa, escuelas, iglesias, trabajos.

De “Adolescere”, crecer, devienen “adolescente” (“quien está creciendo”, quien se mueve hacia delante, a estadios de desarrollo más completos) y “adulto” (“quien ya creció”). En la imaginación y voluntad del adolescente existe un futuro por construir, hacia dónde dirigirse. Reto inmenso de nuestra sociedad: criar niños y adolescentes que en su apertura (capacidad y necesidad de relacionarse) sepan respetar a los otros -a la mujer y menores, particularmente-, a lo otro –el medio ambiente-, y a El Otro –Lo Absoluto, principios y valores, en todo caso-. La otreidad. Son los pequeños cambios los que hacen grandes diferencias. No habiendo solución fácil ni inmediata, debemos comenzar desde la raíz: la educación de pequeños y adolescentes. Con los que “ya crecieron” será más arduo –algunos, imposible-. Esto recordé el pasado 24 de febrero, teniendo enfrente a varios cientos de adolescentes de la Secundaria Oficial de Irapuato, al atender invitación de su Director para integrarme al presídium en celebración del 90º  Aniversario de su fundación (colaboré décadas atrás en gestionar su patrimonio inmobiliario, apuntaron). Fundada en 1930, fue la primera secundaria pública en Irapuato, y única por treinta y cinco años. A ella ingresó mi madre en 1934, de doce años de edad. Hoy recuerda que con otras dos compañeras, eran únicas adolescentes.

Esta irrupción feminista, histórica, sacudidora de conciencias, es también para niños y adolescentes, una extraordinaria lección. Han visto el privilegio masculino por todas partes; y las faltas de respeto de un niño hacia las niñas frecuentemente comienza en casa: el padre que grita y aún golpea a su madre; estereotipos en TV, música o juegos relegan a mujeres a ciertos roles; violencia se vuelve “normal” para ambas sexos. El respeto que logren en palabras y acciones hacia madre y hermanas es principio y base del respeto a mujeres fuera de casa. Todos estamos obligados a cambiar este país, generando idearios masculinos sin violencia, más corresponsables en sus obligaciones. Un futuro por construir.

 

 

Juan Miguel Alcántara Soria
Juan Miguel Alcántara Soria
Analista político y experto en seguridad.

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