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viernes, julio 1, 2022

Sueños a tiempo

* Por: Jonathan Palafox López

Cuando comencé a usar con regularidad el servicio de internet, recién inaugurado el nuevo milenio, la velocidad de conexión ascendía a unos maravillosos 128kbps (esto quiere decir que tomaba unos 5 minutos descargar una canción para luego poder oírla); debido a que contaba con una conexión vía cable modem, además de la velocidad, tenía la ventaja de no utilizar la línea telefónica cada vez que deseaba navegar, algo imposible en las conexiones dial-up. Hoy recuerdo esas características y lo que pienso primero es ¿Cómo me las arreglaba para que fueran suficientes? Luego pienso detenidamente y concluyo que no lo serían hoy.

Hagamos un poco de memoria para situarnos en el mismo contexto: el servicio de YouTube que hoy utilizamos a diario, al que se dice que se suben 400 horas de video por minuto (REF 1), no habría sido posible sin el salto de calidad en la infraestructura. Para 2005, cuando YouTube comenzó a funcionar, las conexiones ofrecidas por los proveedores de servicios de internet (ISP) eran ya de 2Mbps (16 veces más rápidas que mis iniciales 128kbps); sin embargo, la gran mayoría de las plataformas de redes sociales que hoy suponen el 66%del uso de internet que hacen los usuarios (REF 2), no existían. Facebook nació en 2004, aunque estuvo disponible en español hasta 2008. WhatsApp nació en 2009. TikTok es apenas un bebé, nació en 2016. En México, solo 9 de cada 100 hogares tenía conexión a internet en 2005 (REF 3).

¿A dónde voy con todo esto? Es difícil trasladarnos a esa época (o cualquiera otra) sin cometer errores de apreciación de disponibilidad de los recursos o conocimiento: una vez que se conoce o comprende algo genera la impresión de haber estado presente o, al menos evidente, siempre. Pero no es así.

La discusión por la red 5G, que ha tomado especial fuerza en los medios especializados y generales en los últimos meses debido, sobre todo, a su particular participación en las teorías de conspiración de dominación mundial desatadas por el Covid-19, en realidad ya tiene varios años presente. Si bien en México, Telcel, la principal operadora de telefonía móvil por número de usuarios, comenzó con el despliegue de la red 5G apenas en febrero de este 2022, en España comenzó en 2019, casi a la par de Estados Unidos. Y, sin embargo, las aplicaciones (usos, no apps) de la tecnología, al menos desde el punto de vista del usuario promedio, no han tenido mayor diferencia.

Hace algunos años me topé un artículo que hoy ya no puedo referir por no haber prestado la suficiente atención y por no haber tomado nota, pero que me marcó con algo muy importante: las cosas son obsoletas cuando ya no te sirven. No quiero pregonar, con esto, que el desarrollo de nuevas tecnologías sea algo a lo que me opongo. Al contrario. Si nos remitimos al inicio de este escrito, comenté que el desarrollo de YouTube no habría sido posible con la infraestructura disponible en 2002. Sin embargo, para la mayoría de las personas, no supone un cambio radical. Al menos no consciente. En la sociedad existen varios perfiles de usuario según el momento en que adoptan las nuevas tendencias: se dice que los rezagados (los últimos en adoptar los avances) solo lo hacen porque ya no tienen alternativa.

La 5G, muy a pesar de la acalorada (a veces insulza, a veces profunda; siempre intensa) discusión de la que ha sido centro, no tendrá mayor relevancia para la mayoría de la población. Porque el uso de Instagram para ver las fotografías de otros; ver una serie de Netflix un fin de semana; entablar una videoconferencia en el trabajo o almacenar en iCloud nuestras propias imágenes, son actividades que no mostrarán diferencias con 4G o 5G. Terminaremos por adoptar la tecnología en la medida en que las compañías las incorporen a los dispositivos, con o sin nuestra venia, por cuestiones de conveniencia económica y obsolescencia programada.

Sin embargo, para unos pocos, desconocidos el día de hoy, sí que supondrá un elemento que ha de permitir hacer realidad algunos de sus sueños que no son posibles con generaciones anteriores. Sueños que no se limitan a agregar funciones o elementos a productos o servicios ya existentes, sino a crear nuevos; productos o servicios que hoy no conozco, pero que en 10 años no podré dejar de recordar aunque me traslade mentalmente al momento en que estoy escribiendo estas líneas.

 

*REF 1* – brandwatch.com

*REF 2* – asociaciondeinternet.mx/estudios/habitos-de-internet

*REF 3* – Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de Información en los Hogares (ENDUTIH) 2005

* Ingeniero en Sistemas Computacionales, fundador de Tres Factorial Ingeniería de Software. Miembro de Canieti Guanajuato desde 2018 y Coordinador de la Comisión de Innovación en Concamin.
jonathan.palafox.lopez@gmail.com
twitter @jpalafoxlopez



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