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miércoles, abril 21, 2021

Quienes sepan estar consigo mismos la pasarán mejor

Corren tiempos inéditos que involucran todos los ámbitos humanos, cuando el riesgo se dirige hacia la sobrevivencia lo demás se subordina. El ámbito biológico del ser humano se encuentra inseguro; agudizamos nuestros sentidos ante un estornudo, una garraspera y una tos, y cuando en un lugar público a nuestro lado hay una persona que se le ve resfriada, la volteamos a ver inmediatamente con signo de peligro. En lo social nos vemos impedidos y afectados en nuestro sentido gregario, por hoy y hasta nuevo aviso no más reuniones en familia, ni con amigos, se suspenden las actividades laborales y escolares, no más salidas a la calle en transporte público, no más horas pico en el Metro Balderas donde en 100 cm cuadrados cabemos siete y el olor de muchos es uno sólo. Lo económico se reduce a que la mayoría busca conseguir en este encierro lo básico para subsistir, mientras que la minoría se hace de lo básico y lo superfluo.

Y estos ámbitos toman vida de manera única en cada persona, la emoción e imaginación a la manera de cada quien desfilan, se cruzan y entretejen, tratamos de entender y entendernos, ahora en medio de los peculiares signos de este tiempo, sin estar exentos de que nuestra idiosincrasia, susceptibilidad y capacidad de razonamiento, muchas veces es una réplica de la información y opinión que a granel recibimos y que muchas veces hacemos nuestra creyendo que es cierta, cuando en verdad no hemos podido o querido confirmar, por propia experiencia, su autenticidad.

Podemos constatar que el cambio es una certeza que podemos verificar, por ejemplo, algunas cosas vienen, así como el paso de decenas o hasta cientos de sujetos con los que nos encontramos rumbo a nuestro trabajo, y se van, algunas otras personas permanecen más tiempo en nuestra vida, como nuestra pareja, los hijos y los amigos, que también cambian y un día ya sea ellos o nosotros nos vamos, que no necesariamente es por habernos muerto. Por hoy la velocidad del cambio se acelera ante los escenarios que se mueven a cada día en torno a los datos sobre porcentajes de contagios y muertes, queremos saber si la búsqueda de los médicos de una sustancia que nos haga inmunes a este agente -del que en este artículo juego el juego de no nombrar- ya fue encontrada, entonces podemos imaginar una producción de 7 mil millones de dosis que nos dejarán a todos los terrícolas fuera de riesgo, por lo menos de éste.

El mencionado es asombroso, mide unas 120 millonésimas partes de un milímetro, su apariencia podría recordarnos la de un dibujo de mándala del que brotan flores, si en nuestra ida al campo nos encontráramos con uno como este, pero de unos 5 cm de diámetro, no duraríamos en tomarlo en nuestra mano, le sacaríamos frenéticamente fotos para socializarlo y lo llevaríamos a casa donde después de un tiempo, según la superficie donde lo tuviéramos, moriría.

Entre una cosa y otra, estaremos confinados en nuestros hogares a causa de lo pernicioso que es este pequeño, algunos estaremos en pareja, otros en familia, unos darán saltos cuánticos y estarán con su amante; ella o él después de los primeros días dejará ese estatus para convertirse en la pareja, luego en acompañante y al final de este encierro seguramente en el “ex”.

Lo que sería recomendable para este aislamiento, es considerar una de las obviedades mayormente olvidadas, que la existencia está dentro de nosotros, tenemos sensaciones, emociones y pensamientos y todos surgen al interior nuestro, si estamos en acuerdo en que para apreciar algo necesitamos conocerlo, que sólo amamos lo que conocemos, ¿o no?, entonces es necesario observar, conocer nuestras sensaciones y emociones, y reflexionar en torno a ello para encaminarnos a la pretendida autoestima, tanto mejor si podemos platicarlo, y no sólo reaccionar ante ellas, al igual que cuando sacamos el aire con gas por un movimiento peristáltico.

Un juego que podríamos durante este aislamiento considerar y sumar a las actividades que tenemos pensadas realizar sería, después de que cada quien en lo personal, practique unos momento en la autobservación de las sensaciones y emociones, sentarnos juntos, uno habla los otros escuchan, el que quiera inicia con algo así como: “yo siento mi estómago como hormiguitas por querer comer el chocolate que me vas a dar si me como la sopa” diría una niña a su mamá, “yo tengo un peso en mi pecho de dolor, parecido al tamaño de un dinosaurio, por tu papá que no deja de tomar” diría la madre. “Yo siento mi pecho expandido y feliz de que me has atendido en este aislamiento”, diría la abuelita a la nieta. “yo me he sentido a veces como una pelota desinflada al no poder ver a mis amigas, y en este momento yo también siento que mi pecho esta grande como pelota bien inflada al escucharte abuela”.

Claro que si ustedes quieren dar un salto de consciencia pero para sus adentros, observemos el movimiento de nuestra respiración al recibir en este instante el aire sabiendo que es imprescindiblemente sabroso para existir, es único y aunque sea tan parecida la inhalación y exhalación a los que antes hemos recibido, este tiene una cualidad imprescindible para nuestra existencia, este es el bueno y el nuevo.

Ricardo Solórzano Zínser
Ricardo Solórzano Zínser
Psicólogo egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana, con estudios de Maestría en Psicoterapia Gestalt en el Instituto de Terapia Gestalt Región Occidente. Se dedica a la atención psicoterapeutica, es facilitador de proceso de desarrollo humano en instituciones gubernamentales, no gubernamentales y docente en el Departamento de Educación de la Universidad de Guanajuato impartiendo en la Maestría en Desarrollo Docente, y en el Departamento de Matemáticas de esta misma institución.

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