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lunes, febrero 26, 2024

In memoriam

Por: Ruth Sosa Pinzón.

 

En cuanto se nace se empieza a morir

y muriendo, se crece, y, creciendo se muere de continuo

 que ni un momento se deja de hacer vía

ni para comer, ni yacer, ni dormir.

Pere March

 

Este día, estaríamos celebrando tu cumpleaños, quizá juntas, quizá sólo con un mensaje de buenos deseos y planeando una próxima reunión en la que nos reiríamos recordando viejas anécdotas y compartiendo relatos de nuestra existencia que irían de lo más banal hasta reflexiones profundas de nuestro ser-en-el-mundo; pero hoy es diferente, hoy ya no hay tiempo para postergar, hoy las palabras que no nos dijimos, los abrazos que no nos dimos, las lágrimas que no nos enjugamos, las risas que no compartimos, se quedarán suspendidas en el fútil universo del pretérito imperfecto.

Tiempo imperfecto es el “hubiera”, no está en ninguna parte, no ha pasado ni pasará, entelequia informe de lo que pudo haber sido y no fue; por ello poco importa hablar de él, nada quiero hablar de él. Pero sí es del tiempo sobre lo que estas palabras discurrirán, pues ¿no somos seres tejidos con los caprichosos hilos de la temporalidad? ¿y al pensarnos, inevitablemente, no caemos en sus redes invisibles? Hoy más que nunca eso me queda claro, pues no son las palabras o el pensamiento mismo los que así lo dictan, es mi propia existencia la que así lo siente.

Maestro en el juego del disfraz es el tiempo, ya se nos muestra en la sutil metamorfosis de una blanca nube en el cielo, ya en el veloz aleteo de un colibrí; está en la semilla que ha de germinar y en el último pétalo que cae de la rosa mortecina; se esconde tras los ropajes de  las grandes expectativas que depositamos al dar la bienvenida a una nueva vida y toma la forma de lágrima u oración al despedirnos de un ser querido. Sí, más allá de vida y muerte hay tiempo.

Vida y muerte, eternas antagónicas complementarias (vida-presencia/muerte-ausencia, vida-posibilidad/muerte-impotencia, vida-principio/muerte-fin), mantienen entre sí paradójica relación, pues no conocemos la una sino en virtud de la otra, sin embargo, al estar en presencia de una de ellas, la otra nos permanece inaccesible ¿Quién sino el tiempo viene a mediar entre ellas, a diluir la tajante dicotomía que parece enlazarlas? ¿Quién sino el tiempo trasciende los dominios de estas inseparables/irreconciliables hermanas? ¿Quién sino el tiempo es capaz de mudar el fin por principio, la impotencia en posibilidad y la ausencia en presencia?

Tiempo-vivido, tiempo-recuerdo, tiempo-memoria, arrancan de las garras de la muerte el legado de una vida, que florece en todas las almas tocadas por él. En el recuerdo, la ausencia troca en presencia, la memoria hace del pasado un presente robustecido por las vivencias renacidas y recreadas una y otra vez; pero el tiempo, en este caso, no actúa solo, necesita el influjo de una fuerza capaz de arrancar vida a la muerte.

Amor, sólo de él emana la energeia imprescindible y certera que torna omega en alpha, provee el brío para hacer del cierre de un ciclo el principio de otro; ya Empédocles de Agrigento, filósofo y místico presocrático, vislumbró en el amor el principio de unificación, causa motriz del orden del cosmos. Así, en el microcosmos de la humanidad, es también el amor el que une, quien nos mueve a hacer y a ser, y quien nos da la posibilidad de arrancar momentos, trocitos de tiempo en forma de recuerdos, al torbellino implacable de la temporalidad.

Y ha sido el amor, quien con su fuerza, cruzó nuestros caminos, y los nuestros con muchos otros, tejiendo así una red en la que la amistad (el amor en su manifestación más pura) ha logrado trascender el tiempo y el espacio de muchas maneras. Hoy estás más presente que nunca, en la sonrisa agridulce que se dibuja en los rostros de cada uno de tus amigos al recordar un momento alegre a tu lado, en los caminos que recorriste montada en tu bicicleta, en los atardeceres y paisajes que capturaste con tu cámara fotográfica, en la mirada de la pequeña Oli, quien con sus grandes y profundos ojos nos devuelve tu imagen, tu pasión inmensa por la vida, tu fe inquebrantable, tu amistad sincera.

Hoy estás aquí, recordándonos que el amor hace del tiempo su aliado.

Con amor y respeto a la memoria de mi querida amiga Gaby Díaz, quien siempre creyó en el poder de las palabras y del amor.

Sporadikus
Sporadikus
Esporádico designa algo ocasional sin enlaces ni antecedentes. Viene del latín sporadicos y éste del griego sporadikus que quiere decir disperso. Sporás también significa semilla en griego, pero en ciencia espora designa una célula sin forma ni estructura que no necesitan unirse a otro elemento para formar cigoto y puede separarse de la planta o dividirse reiteradamente hasta crear algo nuevo. Sporadikus está conformado por un grupo de estudiantes y profesores del departamento de filosofía de la UG que busca compartir una voz común alejada del aula y en contacto con aquello efervescente de la realidad íntima o común. Queremos conjuntar letras para formar una pequeña comunidad esporádica, dispersa en temas, enfoques o motivaciones pero que reacciona y resiste ante los hechos del mundo: en esta diversidad cada autor emerge por sí solo y es responsable de lo que aquí se expresa.

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