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jueves, febrero 2, 2023

¿Contra la bodas gay? Espérame tantito

Por: Virginia Loredo Zazueta*

 

En 1523 Fray Bartolomé de las Casas recibió el apoyo del Papa Pablo III, quién a través de la Bula Papal Sublimis Deus declaraba a los indígenas de América como seres humanos racionales y espirituales y que sus vidas y propiedades debían ser protegidas. Es decir, los reconocía como personas y como hijos de Dios.

Esto viene a colación, porque con tantas cosas que escucho respecto al matrimonio igualitario y al derecho que tienen o no éstas parejas, primero a serlo y luego a convertirse en padres a través de la adopción. Me dan ganas de ir por Fray Bartolomé para que venga y les explique con manzanitas.

Lo que me molesta de muchos de los argumentos en contra es que utilizan a Dios, a la moral y a la iglesia para enmascarar su intolerancia. Yo que soy bastante mala católica y pecadora consuetudinaria, creo firmemente que todos somos iguales, que el bien el mal que como personas somos, tenemos o propiciamos, no tiene nada que ver con nuestras preferencias sexuales, conozco heterosexuales malísimos y homosexuales buenísimos y viceversa. Desde mi punto de vista, eres bueno o malo, haces cosas buenas o malas por muchas razones, no por el hecho se ser hetero u homo sexual. Las preferencias de una persona no la hacen per se buena o mala.

Dejando aparte a la Iglesia Católica, porque vivimos en un Estado laico, partiendo de la base de la igualdad de todas las personas, el dilema se vuelve inexistente; es decir, si todos somos iguales, si todos somos ciudadanos, ¿por qué no tenemos los mismos derechos?

Las personas que pertenecen a la comunidad LGBT, han transitado un largo camino para que primero la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ahora la iniciativa para reformar el artículo 4to Constitucional, los reconozca como lo que son: Personas. Ciudadanos con derechos y obligaciones como cualquiera de nosotros.

Reconocer los derechos inherentes a cualquier ser humano, no es una concesión, es la obligación de cualquier sociedad. Sea la abolición de la esclavitud o el derecho a dos personas del mismo sexo a contraer nupcias y formar una familia.

El matrimonio es un volado, un acto de fe, y un trabajo complicadísimo, los que hemos pasado por él y los que viven casados lo saben, las personas se enamoran; de buena fe, deciden comprometerse a vivir juntos, para apoyarse, en su caso procrear una familia; basados en el amor, el respeto y la ayuda mutua. La decisión de con quién establecer éste vínculo es asunto personalismo y libérrimo.

Respecto a la adopción, que viene específicamente contemplada en la reforma al artículo 4to constitucional, los argumentos suben de tono… “está bien que se casen, si quieren, pero no pueden adoptar hijos” ¿Por?, ¿Quién nos dice que el único modelo de familia funcional es aquella de papá, mamá e hijos? ¿Por qué dos personas del mismo sexo, casadas, monógamas etc. No pueden formar una familia?

Tanto la paternidad, como el matrimonio, son caminos inciertos, ¿o qué? ¿Todos los heterosexuales por el hecho de serlo, somos buenos padres?, no lo creo. El proceso de adopción en México, conlleva una serie de requisitos, entre los que se encuentra un perfil psicológico de la pareja adoptante, más que discutir si dos personas por su género o su opción de vida son capaces ser padres, hay que cuidar que el proceso garantice y custodie el bienestar del adoptado, que como en cualquier adopción, prevalezca el mejor interés del menor. Pensar que todos los homosexuales quieren adoptar hijos para hacerlos presa de sus bajos instintos… Es como asegurar que todos los sacerdotes son pederastas; es decir una completa estupidez.

El modelo de familia “tradicional”, hace mucho que ha sido rebasado en los hechos en nuestro país; madres cabeza de familia, padres solteros, familias reconstituidas, nietos criados por abuelos etc., Lo que funciona en la familia es: Serlo. Es mantener lazos fuertes que nos sostengan ante los embates de la vida y nos impulse a crecer, a ser mejores, es la cercanía emocional, la empatía, el apoyo, la congruencia, la constancia; el amor pues. Eso es lo que hace de nuestros hijos personas.

Entiendo que como individuos nos resulta complicado aceptar aquello que no comprendemos, por distinto a nuestra realidad; sin embargo, la sociedad está compuesta por la totalidad de las individualidades, por lo que hemos de darnos las condiciones para que funcione para todos. Ya es tiempo.

 

*Virginia Loredo Zazueta nació en Culiacán, Sinaloa (1964). Abajeña por opción. Licenciada en Comunicación. Diplomada en Cocina Internacional. Traductora. Coordinadora de Comunicación en campañas políticas. Coordinadora de Imagen Institucional. Organización de Eventos y Catering.

Correo electrónico: vickyloza@yahoo.com.mx.

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