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viernes, febrero 26, 2021

La otra cara del 9 de marzo

Las mujeres, después de siglos de injusticia en la historia universal, encontraron la forma de hacerse escuchar: Uniéndose. Desde 1975, la Organización de las Naciones Unidas, conmemora internacionalmente el día 8 de marzo a las mujeres del mundo, y a su lucha, por su participación en la sociedad. Sin embargo, es hasta hace pocos años que, en los países del orbe, la clase política constituida creciente poco a poco por mujeres ha ido con su determinación, generando políticas públicas que han logrado contagiar de nación en nación, para ir consolidando la hoy llamada paridad en los cargos públicos democráticos, o elegidos directamente por los gobiernos.

Sin embargo, siendo aún hoy una realidad a medias -pues en México, por ejemplo, aún con la ley electoral que indica la obligatoriedad de paridad en la cantidad de candidaturas por género, los gabinetes de los poderes ejecutivos federal o de los estados, siguen siendo ocupados mayoritariamente por hombres- las mujeres han decidido hacer más. En todo el mundo, se han organizado marchas constantes que reclaman justicia y el alto a la violencia que, de muchas maneras, los hombres hemos ejercido en su contra.

Particularmente, llaman la atención las capitales latinoamericanas, con la Ciudad de México y Santiago de Chile, como máximos exponentes por su presencia multitudinaria representada en miles de mujeres asistentes. Estoy realmente conmovido, porque nunca nos dimos cuenta, pero se llegó a lo que muchos líderes de opinión latinoamericanos, y del mundo llaman ya: “La revolución de género”.

Incluso leía hace poco, que a las mujeres mexicanas se les considerará heroínas del mundo, por el paro que organizaron a cumplirse el día de hoy, 9 de marzo.

Seré honesto, haciéndome responsable de lo que mediáticamente, esto implique a mi persona por mi opinión: No comparto la destrucción, no comparto que se queme, no comparto que se use grafiti en el patrimonio histórico nacional, y no comparto que algunas decidan marchar desnudas -y no por moralismo, sino porque me indigna lo que como hombres hemos hecho desde siempre para que ustedes decidan hacerlo así- pero diré entonces cuál es la razón que hace que esto me conmueva.

La razón es que sí soy consciente de la injusticia, de la impunidad, y de la violencia que han tenido que soportar, y muchas veces, o, mejor dicho, casi siempre, tuvieron que callar. Mi historia personal, que va desde el seno familiar, hasta mi actividad profesional, me ha hecho ser empático y sensible hacia la causa que hoy por hoy el feminismo de las mujeres busca, y esa es el alto definitivo al pisoteo que se ha ejercido y que ha sacrificado su dignidad no sólo de género, sino humana.

Es por ello, que, aunque me gustaría encontrar hoy otras alternativas para que su voz tenga contundencia, entiendo perfectamente que destruyendo, pintando, y quemando, era como había ya que gritarle de su parte a la sociedad mexicana y del mundo, que llegamos al exceso del desvergonzado cinismo de tener diez mujeres muertas diariamente en México, haciendo como si nada pasara.

Y lo avalo, y lo entiendo, y doy la razón: No hemos hecho nada. Y entonces, poco a poco, sin corresponder del todo con la forma -pero empatizando desde siempre con su injusticia, la cual sólo he atestiguado, pero como persona no he vivido nunca, por el simple hecho de ser hombre- es que el corazón me retumba de gusto, porque lo sé, y créanlo más allá de todo: A su voz, y a su fuerza, ya nadie la para.

Analógicamente, cito lo siguiente… Uno de los ideales de la Revolución Mexicana, fue justo implantar en México el derecho del pueblo a elegir democráticamente a sus representantes, con Francisco I. Madero como máximo referente, bajo el lema “Sufragio efectivo, No reelección”. Y creo que todas y todos conocemos la historia, Porfirio Díaz no saldría después de 30 años pidiéndoselo “por favor”, con eterno pacifismo todo el tiempo como estrategia.

México sangró, y lo hizo por muchos años, y por muchas más causas que sólo la lucha democrática de Madero. También existió la búsqueda de la justicia por las y los campesinos, con Zapata al frente, o de Carranza por establecer en México la consolidación de las Instituciones y del estado de derecho. Hubo guerra e interminable incomodidad e inestabilidad social, hasta que la capacidad humana del diálogo, que en teoría nos puede diferenciar de las especies de la naturaleza, poco a poco se impuso con hechos culminantes, como la creación y promulgación de la Constitución Política de 1917, de los Estados Unidos Mexicanos -donde por cierto, no participaron mujeres, pues justo por esa violencia de género histórica y cultural, eran estadísticamente pocas las que habían ido a las escuelas, o que habían tenido acceso a la universidad, y aún las que habían ido, no eran invitadas, pues no había acceso para la mujer en la vida política y de toma de decisiones en México- que al día de hoy nos rige.

Con mi analogía de la Revolución Mexicana, entendió quien entendió: Comprendo perfectamente que un serio y necesario hartazgo social, no comienza transformaciones profundas únicamente con diálogo pacifista -al menos tristemente eso hemos demostrado en la historia mexicana y universal- pero tampoco, culmina en definitivo y de manera exitosa con violencia e irónicamente, sin diálogo, pues, para terminar, si es el diálogo quien generará el entendimiento supremo de las causas. Siendo coloquial recuerdo la típica frase de “Después de la tempestad, vendrá la calma”.

Me alegra hoy ser testigo de la historia, por lo que las mujeres connacionales están haciendo. Ausentarse organizadamente para que en sororidad -como ellas hoy defienden y se manifiestan apoyándose entre sí- se hagan escuchar. Esto ya no volverá a ser igual, y de eso se trata.

Quien quiera ser fiscal, que no duerma hasta que la impunidad termine. Quien quiera ser elegido o elegida democráticamente para un cargo ejecutivo, legislativo o judicial, que no tenga tranquilidad de consciencia hasta que la estadística de feminicidios y de violencia de género disminuya contundentemente, y que quien quiera hoy por hoy ser “hombre feminista”, primero se volque a conocerse y a reivindicar y transformar su masculinidad.

Ya nos hicimos pendejos mucho tiempo… Y mientras eso sucedió, la clase gobernante, mayoritaria e históricamente constituida por nosotros los hombres, logró en México una nada envidiable pero sí vergonzosa estadística de diez mexicanas muertas al día, por quienes nunca se hace justicia, y por quienes sólo damos más y más vergonzoso ejemplo catedrático de impunidad a la comunidad internacional.

¿Cuál es la otra cara del 9 de marzo? ¡Ah sí! Acabo de recordar el título… ¡Hombres! ¡Nos toca mirar nuestras masculinidades! Ese sí es nuestro trabajo, y no marchar con ellas el 8 de marzo.

Ricardo García
Ricardo García
Joven entusiasta, Político con causa. Psicólogo de formación, trabajador de la educación por convicción. Formador de Directivos Escolares. Columnista, Capacitador y Conferencista. Secretario Estatal de Asuntos de la Juventud del Partido Verde Guanajuato. Director de TRANSFORMA Consultoría.

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