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viernes, mayo 20, 2022

Libertades anestesiadas

El derecho que se tiene para pensar es tan obvio y natural como el derecho que se tiene para usar nuestros sentidos. Este derecho tiene como base nuestra propia condición humana. La comunicación con otros es una consecuencia de este pensamiento. Por ello todas las personas tienen el derecho humano a expresar sus ideas y opiniones por los medios que consideren.

Cada pensamiento puede ser tan diferente como cada persona, es intrínseco a nuestra humanidad ser diferentes. Por nuestra naturaleza, todos en algún momento de nuestras vidas tendremos un conflicto de intereses.

Es lógico que esto conlleve a desacuerdos, persecuciones, amenazas e incluso la muerte. Existen investigadoras que les han prohibido la entrada a distintos países por sus ideas, tal es el caso de Judith Butler. Hay cantantes que han sido censuradas en la radio y televisión. O bien periodistas que han sido demandados por revelar intereses irreconciliables entre ciudadanos, políticos y empresarios.

Derivado de los beneficios que pueda haber detrás de cada idea o de la censura de esta, me surgen dos tipos de libertad de pensamiento y de expresión; la que podemos transmitir por cualquier medio en cualquier momento, sin temor a represalias, amenazas o actos de intimidación. La otra es la que trasmite noticias incómodas. A consecuencia de ello se ve vulnerada la democracia y la toma de decisiones tanto públicas como privadas.

Esta primera expresión de ideas a la que me refiero es una acción que casualmente siempre habla muy bien de todo. No siempre ni necesariamente existe una coacción, error o mala fe detrás de ella. Pero cuando la hay, esta se convierte en una libertad anestesiada. Aparenta ser libre de lo que se dice y se piensa, esto en realidad constituye una limitación para nuestra dignidad.

Lógicamente existen muchos debates acerca de las limitaciones a nuestras expresiones. Para mí quizá la pregunta no debería plantar hasta donde esta libertad pueda o deba ser coartada. Ya sea sobre terceros o sobre sí misma. Ya que en el nombre de esta controversia, peligra la disposición de sí mismos. Esto en consecuencia es ir contra la naturaleza humana. Ya que los pensamientos no dejan de existir por el hecho de ser prohibidos.

No es coincidencia que ser periodista sea considerado por organismos internacionales, investigadores y activistas como un trabajo de alto riesgo, que de forma permanente constituye una amenaza a su vida e integridad física. Ellos visibilizan lo que para los demás es invisible ¿de qué otra manera pudiéramos darnos color de actos u omisiones que los grupos de poder no quieren que sepamos?

 

María Isabel Puente Gallegos
María Isabel Puente Gallegos
Abogada por la Universidad de Guanajuato, Maestra en Derechos Humanos y Doctoranda en Sostenibilidad por la Universidad de Valencia, España. Activista. Fanática de la Fiera. mapuenga@alumni.uv.es Facebook: María Isabel Puente


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