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viernes, abril 16, 2021

Nutrición con amor

Quién no recuerda las comidas en la casa de los abuelos, las cenas especiales en familia, llegar de la escuela y oler la comida, las ocasiones especiales en las que no falta nada de lo que es importante en la vida: comida, compañía y el amor de la gente que queremos.

En la niñez se van construyendo patrones sanos de aceptación a los alimentos de acuerdo con la forma en la que los adultos propiciamos ese acercamiento a la comida. Los recuerdos de experiencias positivas vividas alrededor de la comida se convertirán en sensaciones de seguridad, cariño y deseos consumados; las estrategias y comportamientos del adulto a cargo de la alimentación de los niños y las niñas pueden facilitar o limitar la ingesta de alimentos y la concepción de una relación sana con los procesos de alimentación. Lo deseable es tener un estilo de alimentación responsivo que implica sensibilidad para identificar señales de hambre y saciedad, vigilar el patrón de ingesta en cuanto a variedad y calidad de los alimentos, además de estimular y reforzar el comer de manera saludable poniendo el ejemplo (modelamiento).

Es común que los adultos adoptemos prácticas no responsivas restringiendo o controlando de forma excesiva la selección de alimentos, como cuando utilizamos sobornos: si te terminas la comida te compro un dulce, amenazas: para quien no coma no habrá postre, castigos: si no terminas tu comida no puedes ir a jugar, recompensas: si te portas bien te llevo a comer a donde tu quieras.

En ocasiones, como responsables de la alimentación, también podemos adoptar un estilo indulgente y negligente al momento de enseñar hábitos relacionados con la comida, como por ejemplo, cuando hay poco involucramiento en la selección y disposición de alimentos saludables o cuando no hay un adecuado modelamiento para la adquisición de hábitos alimentarios.

Ya que la mayoría de los hábitos alimentarios los consolidamos en los primeros años de vida, es por ellos que todo esfuerzo por que se conozcan y aprendan a aceptar diferentes sabores, texturas, colores y olores mediante una exposición repetida, abona a la consolidación de aprendizajes que ayudarán a los niños y niñas a tener una alimentación saludable de por vida.

Ahora que hemos reflexionado sobre lo que nos impide lograr una alimentación responsiva con los menores, analicemos los principios de la alimentación perceptiva que se basa en interpretar positivamente señales a la hora de comer que son necesarias para desarrollar hábitos de alimentación saludables para la vida:

Sentar a los niños y niñas cómodamente de forma segura frente a otros o frente al cuidador. Estas acciones permiten cuidarlos y además tener un modelo a seguir para una alimentación adecuada.

Ofrecer alimentos en porciones adecuadas para su edad y desarrollo que sean sabrosos, saludables y de diferentes sabores y texturas.

Evitar el uso de cualquier tipo de pantalla durante la alimentación ya que las distracciones favorecen la sobrealimentación e impiden la regulación de sensaciones y emociones, además de que limita un apego seguro con su cuidador.

Permitir la experiencia del uso de todos los sentidos para la interacción con los alimentos.  En los preescolares, por ejemplo, una exposición visual no es suficiente para dar lugar a una mayor apreciación y gusto por los alimentos, se requiere de la manipulación y una experiencia más vivencial.

Crear un entorno de alimentación cómodo, agradable, cariñoso y libre de distracciones. Esta forma de crianza y alimentación generan beneficios, a corto, mediano y largo plazo que son muy importantes para el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños y niñas.

Brindar apoyo y ser ejemplo durante todo el proceso. Establecer contacto físico y verbal de manera cálida y amable durante la alimentación facilita la socialización e interacción para un desarrollo óptimo.

Establecer rutinas y horarios de sueño, actividad física y alimentación favorece los buenos hábitos alimentarios y promueve el apetito en los horarios establecidos.

Exponer a los niños y niñas en repetidas ocasiones al alimento para lograr su aceptación. Por ejemplo, se ha demostrado que el efecto de las exposiciones repetidas es lo suficientemente poderoso como para aumentar la aceptabilidad de los vegetales previamente identificados por las madres como rechazados después de ofrecerlo alrededor de diez veces sin exagerar en el tamaño de la porción y variando la forma de preparación.

Involucrarlos como parte de las comidas familiares permite atender sus necesidades de alimentación de manera oportuna, emocionalmente positiva y apropiada para el desarrollo.

Entender las señales de hambre y saciedad, así como animarlos a comer, pero nunca obligando promueve que reconozcan sus propias sensaciones y desalienta que coman por razones distintas al hambre, previene el desarrollo de sobrepeso y obesidad, disminuye la ansiedad y genera confianza sobre la capacidad de su cuidador para atender sus necesidades.

 

La salud y la nutrición determinan el desarrollo de los niños y las niñas, así como su capacidad para aprender, comunicarse, pensar analíticamente, socializar y adaptarse a nuevos ambientes y personas. Inculquemos una adecuada nutrición con amor y buenos tratos.

 

Maritza López Vázquez

Nutrióloga Colegiada. Maestra en Investigación Clínica. Asesora de Lactancia.

nutrirlactaramar@outlook.com

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