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viernes, junio 18, 2021

¿Aún son políticos los partidos?

“…la forma partido tradicional ha agotado su tiempo histórico”

Boaventura de Sousa Santos – Izquierdas del mundo, ¡Uníos!

 

En mis días de estudiante universitario asistí a una conferencia cuyos detalles he olvidado mayormente.  Estoy casi seguro que el conferencista era Francisco José Paoli Bolio y el tema era algo relacionado con el momento político de nuestro país.  Lo que se me quedó grabado en la memoria de ese acto fue el momento en que el conferencista afirmó que el problema en México era que no había más que un partido político… el respetable soltó una sonora carcajada. Eran los tiempos de carro completo del PRI, los que contribuyeron a cimentar la descripción de Vargas Llosa de nuestro sistema como “la dictadura perfecta”.  Acalladas las risas el conferencista prosiguió “No, jóvenes, no es el que están pensando, me refiero al Partido Acción Nacional”, y acto seguido, tras definir lo que entendía por partido político nos fue describiendo cómo esos elementos: una clara plataforma política, el manejo de la afiliación y la organización de los militantes, la forma de tomar decisiones colectivas o de escoger a los candidatos, faltaban no solo en el PRI, sino en los partidos comparsa: el PARM y el PPS.  Aceptando estas premisas se llegaba a la conclusión de que efectivamente faltaba una real discusión política sobre las alternativas del país.  Hasta donde yo sabía en aquel entonces el Partido Comunista, en la cuasi clandestinidad, también funcionaba bajo esos criterios en muy buena medida, pero justamente era un partido no reconocido.

Muchos años después las cosas han cambiado enormemente.  De aquellos cuatro partidos solo quedan en liza dos: el PAN y el PRI. Muchos otros se han sumado y algunos también han desaparecido.  Las cosas han cambiado al punto de que ya tenemos alternancia en el sistema democrático, pero también hay que reconocer que los partidos políticos se han vuelto un modus vivendi.  Hay gente que lleva años en cargos de “elección popular” sin haber ganado un solo voto gracias a las representaciones plurinominales, y por más que se discute el financiamiento excesivo de los partidos sigue viento en popa y nadie renuncia a él o busca efectivamente disminuirlo.

Pero en mi opinión el fondo del problema es otro.  ¿Que significa o que debería significar “hacer política” o “ser político”? Intentar definir formalmente “política” llevaría casi un tratado, creo que en un medio como este es más claro y más sencillo remitirnos a los orígenes de la palabra; y si seguimos sus raíces griegas, veremos que la política se refiere a los ciudadanos, a lo que tiene que ver con ellos y con su vida en común.  Hacer política es por lo tanto analizar sus problemas comunes y darles una solución que sea satisfactoria para todos o cuando menos para la mayoría.  En nuestro complejo mundo esto de algún modo también implica una forma de pensar (la plataforma política a la que aludía el conferencista de mi juventud) por eso hay diversos partidos y estos se reclaman de diferente ideología o forma de pensar… pero ¿sigue siendo válido eso hoy? ¿realmente los partidos, no en su definición formal sino en sus actos, representan una ideología, una forma de pensar congruente?  Creo que no.

Hay varios síntomas, pero quizás el más obvio es el que llamamos festivamente el “chapulineo”, el constante tránsito de ciertos elementos de un partido a otro o los intentos por formar uno nuevo para seguir viviendo del presupuesto en alguna forma.  Entiendo que “es de sabios no perseverar en el error” pero hablamos de gente que vive en el error veinte años, desempeñando puestos de elección popular o de dirección en un partido y luego pasa a hacer lo mismo en otro sin pestañear.  Con tanto sabio nuestra situación nacional debería ser francamente mejor.

Otra incongruencia suelen ser las alianzas.  Una vez más aclaro que entiendo que coyunturalmente grupos al parecer disímbolos puedan unirse por una causa común, pero hay alianzas como las de Morena – PES o PAN – PRD que difícilmente se sostienen si nos atenemos a lo que cada quien dice proponer, defender o representar; y ya no se diga la alianza permanente del PVEM con quienquiera que detente el poder en cualquier momento, eso ya raya en la broma.

En términos de operación hay también actitudes desalentadoras: hay pugnas internas y constantes reclamos porque algún grupo no respetó los estatutos y la democracia interna. En este sentido Morena en Guanajuato se ha señalado por las protestas de sus miembros de base.  La lucha por el poder interno y las candidaturas es casi tan encarnizada como la que se libra por los cargos de elección popular.  Por otro lado, todos afirman estar en contra de la corrupción, pero cuando a alguno de sus prominentes miembros lo pescan con las manos en la masa (y creo que le ha sucedido a todos los partidos en un momento u otro) todo el partido cierra filas detrás de él o ella y acusan a los otros de linchamiento… Para muestra, una vez más, el sainete que nos ofrecen Morena y la alcaldesa de Salamanca, quien por cierto es de las que dejó de vivir en el error.

Si rascamos un poco más en las ideologías descubrimos que a veces no hay tanta diferencia.  Por ejemplo, en lo económico la mayoría de los partidos, si no es que todos, actúan de acuerdo a las normas que hemos dado en llamar neoliberales.  Un ejemplo claro de esto es que entre los gobiernos federales del PRI y del PAN no vimos ni muchas diferencias ni muchos encontronazos por cuestiones de economía y en lo que llevamos de gobierno de Morena, nominalmente anti neoliberal, hay políticas, como la energética, que se siguen manejando con criterios económicos antes que ambientales, es decir una ideología neoliberal.

En fin, que los partidos ya no parecen representar una función política social, pero ¿quiere esto decir que ya no hay política o que no se hace política en el buen sentido de la palabra (si aún tiene un buen sentido esa palabra)? Afirmo que sí.

Quién ha recogido el reto, pésele a quién le pese, son las organizaciones sociales. La política de hoy la hacen los grupos feministas, los ambientalistas, aquellos que se preocupan en general de los derechos humanos y procuran que gente como los migrantes no los pierdan, los grupos que arropan a los periodistas y muchos más.  Es claro que estos grupos no siempre o no necesariamente tienen propuestas globales, como podrían ser las de un auténtico partido político, pero en el nicho donde ubican su actividad están proponiendo soluciones que son para todos los ciudadanos, que deberían mejorar nuestro entorno, nuestro país y nuestro planeta y eso, por definición, es hacer política.

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