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viernes, febrero 26, 2021

Enfermos de desinformación

La mezquindad con la que la derecha y la caverna intentan criminalizar a los responsables de sacarnos de esta crisis roza lo ignominioso. Tanto como zarandear al piloto mientras intenta un aterrizaje de emergencia.

Ya no me callo más – Elisa Beni publicado en eldiario.es

 

Es común escuchar que en tiempos de desastres, en los momentos difíciles, lo mejor y lo peor de los humanos sale a relucir con más fuerza.  Así parece estar pasando en el transcurso de esta prueba de la pandemia del coronavirus, al menos en México y en España.

En nuestro país los ataques contra el gobierno por cualquier cosa y sobre cualquier tema ya casi ni figuran como noticia.  Como dice una amiga los expertos en aviación de ayer hoy reaparecen como epidemiólogos.  Lo bueno es que dejando pasar algo de tiempo todas estas pataletas van cayendo por su propio peso, tal como ha venido sucediendo en el caso de la pandemia que nos ocupa.

Con la perspectiva del tiempo y advirtiendo que ni remotamente estamos fuera del problema ni podemos predecir con certeza como serán los próximos días, a mi en lo personal me tranquiliza el hecho de que a pesar de la violenta campaña de mentiras en contra del Dr. López-Gatell, él ha terminado por demostrar que domina su oficio.  Quien lo haya seguido con atención no puede haber dejado de observar que sus estimaciones y predicciones sobre el curso de la enfermedad se han ido cumpliendo.  La entrada en la fase dos, con todo lo que tiene de difícil estimar estas cosas en una población de mas o menos 130 millones de habitantes se dio con un “error de cálculo” (por llamarlo de algún modo) de tres días en sus predicciones.  Con el tiempo se ha dado la suficiente información tanto por él mismo como por medios alternativos para entender qué se pretendía con la estrategia y porque la nuestra no es la misma que la de otros países… de hecho, creo que al menos algunos de nosotros ya entendimos que no hay una estrategia única, que hay varias, y que pueden depender de cosas como el tamaño de la población, la capacidad económica y la educación de la misma.  También hemos visto cambios de rumbo sobre la marcha, países que optaron por una estrategia y la cambian cuando deciden que no fue la adecuada.

Muchos de los detractores de los días pasados al final han callado o cambiado de tema en vista de que sus predicciones de hecatombe nacional no se han producido.  Lo que tienen en común todos estos ataques (como muchos de otros temas) son dos cosas: la primera es que nunca hay datos que los confirmen, son por lo general puras opiniones o conjeturas sin sustento; y la segunda es que casi siempre son rastreables a algún opinólogo de los que estuvieron en boga en los los tiempos que se fueron.  Sobre estos señores vale la pena recordar lo dicho por Upton Sinclair “Es difícil hacer a un hombre entender algo cuando su salario depende de que no lo entienda” (mi traducción de “It is difficult to get a man to understand something, when his salary depends upon his not understanding it!”).  Con esta gente no hay mucho que hacer.

A la vez que el bombardeo sobre López-Gatell y su estrategia contra el Covid-19 se mantiene, los demás temas no cejan.  Por supuesto que ahora mucha de esta gente se da cuenta que la situación de la salud en el país no es nada buena y repelan por ello.  Durante los dos sexenios anteriores en que el sistema de salud se fue paulatinamente degradando no se percataron; mas o menos lo mismo que pasó con el tema de la violencia: cuentan los muertos hoy, pero fingen no darse cuenta que la debacle empezó con Felipe Calderón y después de todos estos años de posible corrupción y laxitud esperan que el actual gobierno resuelva todos los problema como por ensalmo.

Mención aparte merece la situación económica que está mal y lo mas probable es que empeore a raíz del paro forzoso por la cuarentena, pero ya es casi un chiste oír que se insiste machaconamente en culpar a López Obrador cuando todo el resto del planeta, el que más o el que menos, tiene problemas.  Entre la guerra comercial de USA vs China, el Brexit, la caída de los precios del petróleo y otros factores, llevamos un tiempo de tormentas económicas y ahí están las bolsas de todo el mundo para dar testimonio.  La puntilla de la pandemia ha llevado a algunas personas a hablar de una próxima recesión planetaria.

Lo que realmente me admira es que en medio de esta situación donde hay hasta pliegos petitorios pidiendo la cabeza del presidente nadie parezca reparar en el pequeño detalle de que Mexico participó en la conferencia virtual del G20… sí, de ese selecto grupo de los 20 países con la economía mas fuerte de planeta.  Por lo visto aun seguimos en el club, a pesar de las premoniciones de los expertos en aviación, epidemiología, economía y política.

Recientemente escuché a Bernie Sanders explicarle a una entrevistadora que su campaña no era solo por la candidatura a las elecciones presidenciales, ni siquiera por ganar ese puesto, su campaña es por cambiar el sistema.  Dejando aparte las grandes o pequeñas diferencias entre ambos creo que los 30 millones de votos que consiguió López Obrador muestran claramente que todos esos mexicanos pensaban que había llegado el momento de hacer las cosas de otra manera, de cambiar el sistema.  No dudo que en el trayecto el presidente habrá perdido a algunos y a otros nos ha sumado, al menos por el momento; ya habrá tiempo de pelearse por la política medioambiental después de que pase la crisis.

Volviendo a la pandemia, insisto en que la estrategia en los términos que ha sido explicada y con los resultados parciales que vemos parece ser la correcta.  A partir de ahora su éxito depende de la participación de la gente, atendiendo las recomendaciones y sobre todo uniendo los esfuerzos, no golpeando al piloto a medio aterrizaje de emergencia.

Dice Naomi Klein en The Shock Doctrine: “No hace mucho los desastres eran periodos de emparejamiento social, raros momentos en que comunidades atomizadas dejaban de lado sus diferencias para jalar parejo” (Mi traducción de “Not so long ago, disasters were periods of social leveling, rare moments when atomized communities put divisions aside and pulled togheter.”)

Hagamos volver esos tiempos.

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Comentarios

  1. Señor Roig, de entrada me parece que el título de su artículo es equivoco y mueve a la equivocación, pienso que no hay enfermos de desinformación sino de sobreinformación que aturde y desconcierta, empezando tempranito con la mañanera en donde el “líder” contradice a sus colaboradores e invita a darse besos y abrazos, a salir a comer a los restaurantes y fondas. Un bombardeo informativo de derecha e “izquierda” –me parece que usted piensa que el Pejelagarto es de “izquierda” pero lamento decirle que está usted desinformado– por eso es muy importante tamizar la información, para “sacar el grano de la paja”. España no es México y allá los “encargados” de la salud pública son de derecha y monárquicos, acá tenemos un charlan de feria enseñándonos sus santitos y amuletos para salvarnos de la pandemia, que le provocaron la acerva crítica internacional. Hace años que criticamos a los distintos gobiernos, desde GDO hasta el mismísimo Pejelagarto, que se formó políticamente en las filas del PRI. Hoy criticamos la errática política de “pacificación” disfrazando al Ejército de Guardia Nacional que ha sido el hazmerreír del crimen organizado y no organizado, el proyecto NEOLIBERAL del Tren Maya sin mayas pero lleno de “fifís” internacionales, su política de salud pública que ha dejado sin medicamentos a cancerosos, gente con sida y en general con una carencia grave de medicamentos para otras enfermedades, incluyendo el COVID-19, ¿ha visto las manifestaciones de los trabajadores del sector salud por la falta de equipo, instrumental y otros insumos para combatir la pandemia? Seguro que no porque según lo expresado, el correcto manejo de la pandemia va sobre ruedas, aunque dice usted que hubo “un ‘error de cálculo’ (por llamarlo de algún modo) de tres días en sus predicciones.”, y no repara en la gravedad de la tardanza de tres días, que pueden ser cruciales para atender un asunto de la más alta importancia. Agrega que “Con el tiempo se ha dado la suficiente información tanto por él mismo como por medios alternativos”, así la supuesta enfermedad de la desinformación ha sido milagrosamente curada por los voceros oficiales como por medios “alternativos”, entonces en qué quedamos ¿sí o no hay desinformación? Le sugiero, respetuosamente, que revise bien sus textos antes de darlos a la prensa, de otro modo corre el riesgo de adherirse al coro de aduladores del Pejelagarto.

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