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lunes, agosto 2, 2021

La gentrificación del Mercado Hidalgo

En las últimas semanas ha sido notable el malestar que causó entre los comerciantes fijos y semifijos de la capital el desmesurado aumento en el cobro de los derechos de piso, o cualquier otro nombre que se le quiera dar al pago que deben hacer al ayuntamiento por el derecho a usar las instalaciones en los mercados, o simplemente poner un tenderete directamente en la banqueta.  El descontento tuvo un clímax el viernes 28 de febrero durante la sesión de cabildo cuando se rechazó una propuesta bastante razonable de la Comisión de Servicios Públicos Municipales, que no solo buscaba corregir el abuso sino iniciar un proceso que por fin ponga orden en el caos que por años ha imperado en el sector.  En su lugar se le dieron atribuciones especiales al Tesorero Municipal para negociar en lo individual con cada comerciante.

Personalmente la situación me parece tan absurda y con tan poco sentido social o incluso económico que me di a la tarea de investigar un poco mas.

De entrada se impone averiguar cuál fue el aumento real, ya que algunos funcionarios municipales, entre otros el Tesorero Municipal, lo minimizaron dando cifras mucho menores a las que manejan los comerciantes.  Esta tarea, en tiempos de la transparencia y la información pública, no resulta nada complicada.  Haciendo uso de la información de la sesión ordinaria de cabildo número 24, del 25 de octubre del 2019, así como el periódico oficial del 10 de enero del 2020 y usando una hoja de cálculo se llega rápidamente a la prueba de que sí hay un aumento desmedido en los mercados, aunque la situación no es la misma para todos.

De entrada, por la forma de calcular la tarifa, resulta que el aumento no es lineal o parejo para decirlo en lenguaje llano, a mayor número de metros cuadrados el porcentaje de aumento es mayor.  Tomando esto en cuenta, se consideraron locales de 10 y 20 metros cuadrados para el estudio, aunque obviamente los hay de muchos tamaños.  Lo que se obtiene es que en el Mercado Hidalgo, para un local de 10 metros cuadrados, el aumento puede llegar a casi 190%, mientra que un local de 20 metros cuadrados pagaría 240% más que en 2019.  En Embajadoras, si bien la tendencia es la misma, el aumento real es menor.  Los aumentos máximos respectivos para 10 y 20 metros cuadrados en este mercado son de 44% y 54%, lo que sigue siendo una exageración.

¿Cómo interpretar estas cifras y la situación en que se dan?  Buscando una explicación me vino a la mente el caso de una sobrina que por razones de trabajo vive desde hace algunos años en Nueva York.  Recientemente me enteré que tuvo que mudarse de piso porque sin mayor ceremonia su casero le aumentó la renta en algo así como un trescientos por ciento.  Esto, y un programa de radio que trataba de un caso similar pero en París, me llevó a investigar algo mas sobre la “gentrificación”, neologismo no del todo aceptado en español pero de uso corriente.  En pocas palabras lo que este término representa es un fenómeno que se da en las grandes ciudades donde barrios o entornos de cierto nivel socio-económico no muy alto empiezan a sufrir un proceso de renovación que conlleva un aumento en la rentas sobre todo de la vivienda pero también de locales como tiendas, restaurantes o cafeterías.  El efecto neto (y es a esto a lo que alude el término y lo que lo originó en inglés) es que hay un desplazamiento de un estrato social por otro de mayores capacidades económicas.  La clase social que puebla ese barrio o ese entorno cambia a una más acomodada, desplazando a la que estaba y causando que al fin de cuentas todo acabe siendo aparentemente de mayor categoría pero mas caro.

El actual gobierno municipal ha causado algunos torbellinos mediáticos por su propensión a un turismo, digamos, de lujo o de mas categoría que el habitual.  El primero de estos torbellinos lo causó la alusión a los turistas que traen su propio lunch y no consumen en Guanajuato; luego hubo algún choque con los prestadores de servicios de bares y restaurantes al no ser invitados a algunos eventos propios de su rama, en este caso la explicación fue que no estaban a la altura del evento.

Vale recordar también que en el pasado ya hubo un problema serio en el Mercado Hidalgo por el intento de quitar a unos comerciantes para poner un módulo de boletos para las momias, con lo que se le facilitaría la vida (supuestamente) al turismo, pero en detrimentos de comerciantes que también viven de él.

En este contexto, viendo la gran diferencia de los aumentos entre el Mercado Hidalgo y Embajadoras se puede suponer que la idea detrás de los aumentos es ir presionando a los pequeños comercios del Hidalgo que no den para mantener una renta tan alta, para que dejen el espacio e irlos reemplazando por negocios que sí puedan pagar esas rentas gracias a un giro que atraiga otro tipo, mas acomodado, de clientes (lease turistas de lujo)… gentrificación, para que nos entendamos.

Obviamente si es esta la intención de la medida las consecuencias son peligrosas para Guanajuato.  El Mercado Hidalgo es un mercado popular, si los locatarios se quedan tendrán que aumentar los precios, en detrimento del presupuesto de muchos hogares; si cierran esos negocios la gente tendrá que buscar alternativas, mas lejos, tal vez mas caras.  No deja de ser interesante que después de un año (2019) donde funcionó aunque tímidamente la estrategia del gobierno federal para mejorar los ingresos reales de las clases más pobres y que la inflación se mantuvo en límites bastante manejables, una medida del gobierno municipal vaya directamente en contra de ambas cosas: aumentar la inflación y castigar el salario.

Volviendo al estallido del viernes 28, ya en este contexto, preocupa el hecho no solo del rechazo a la propuesta de la Comisión de Servicios Públicos Municipales, sino que la propuesta aprobada de la Comisión de Hacienda adolece de varios problemas, a mi juicio.  Para empezar el cabildo deja en manos del Tesorero Municipal la operación del problema y bajo su criterio; el cabildo, al parecer, no define las reglas.  El acuerdo es que trate cada caso de manera individual con cada comerciante (lo que por supuesto rompe el frente de los comerciantes, que ahora ya no negocian en grupo sino cada quien por su lado y sin reglas claras sobre lo que pueden esperar, con lo que difícilmente se conseguirá un acuerdo colectivo razonable). El aumento será al parecer de “solo” entre 5% y 10%, lo que sigue siendo mucho y por encima de la inflación. Los criterios de cuando aplica uno u otro no son claros, pero ¡ojo! no se habla de eliminar el acuerdo publicado en el diario oficial, de manera que esas tarifas seguirían siendo las legalmente vigentes y cualquier otra cosa es acuerdo directo con un funcionario, o sea una excepción.  Y sin ánimos de pensar mal, al no haber reglas claras, subsiste el riesgo de que alguien no cumpla los requisitos en opinión del Tesorero y se le aplique la tarifa alta, con lo que a la larga acabaría teniendo que dejar el local.

Parafraseando a Shakespeare “algo está podrido en el municipio de Guanajuato”.

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