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jueves, febrero 2, 2023

Abrazos lentos

“No busco ver mi nombre en papeles, epitafios o paredes. Que mi cuerpo se ablande en el agua o se fusione entre la tierra y las flores, sin rastros. No quiero otra oportunidad de existencia, no busco morir y nacer de vuelta. Necesito gritar la demencia y decir que mis cicatrices no son mudas ni se cubren con tinta china. Aquí, en esta vida, no en otra.”

                                                                                                  Ana Beck

“Hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrir que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas.”

                                                                                                   Julio Cortázar

“La vida es caprichosa. No hay destino, hay momentos.”

Elísabet Benavent

 

 

He leído una nota del periódico el País, reseñando que el pasado 21 de enero fue el Día Mundial del Abrazo. De forma inmediata me llevo la nota a recordar el “Libro de los Abrazos” de Eduardo Galeano, en el que hace una antología por demás hermosa, y recuento desde la cultura humana del abrazo, sus significados en contextos que dan sentido y valor a los abrazos como parte la historia. La nota escrita Gema Lendoiro* recupera una serie elementos asociados a los abrazos que vale traer a cuento.

Hace unos meses una buena amiga me compartió un mensaje que circula en las redes sociales de Marián Rojas Estapé, psiquiatra española, en relación al abrazo, en el que afirma que Paul J. Zac que es un reconocido neurocientífico, señala que necesitamos 8 abrazos al día para activar la oxitocina que es la hormona de la felicidad, y es que “los abrazos nos sacan de los momentos malos” dice Marián Rojas.

El abrazo explica Aroa Ruiz quien es psicóloga especializada en inteligencia emocional y docente en el Instituto Europeo de Psicología Positiva es: “Este gesto transmite seguridad y sensación de protección, aumenta la autoestima, tiene un efecto tranquilizador y alivia el dolor. Además, fomenta el vínculo entre padres e hijos, puesto que los abrazos constantes y sinceros son la muestra del amor más profundo y crean un sentimiento de unidad y de felicidad por pertenecer a un grupo, a una familia”

“Aroa Ruiz distingue entre 13 tipos de abrazos y, según dice, cada uno tiene una influencia en nuestro organismo:

Abrazos clásicos, por ejemplo, cuando nos despedimos de alguien querido. Dos personas se rodean con sus brazos con firmeza situando las cabezas una al lado de otra. Es muy íntimo.

Abrazos de baile. Como su propio nombre indica, se dan para asociarlos a la música. Normalmente, llevan a una de las dos personas implicadas a abrazar a la otra por la nuca (los brazos se unen detrás de esa parte de nuestro cuerpo).

Abrazos visuales. Es sencillo, muy íntimo, con ambas personas pegadas una frente a otra. Pero el espacio que se queda entre los dos a la altura del pecho se sustituye por la cercanía de las miradas cómplices y cariñosas. Este tipo de gesto no exige un gran contacto físico.

Abrazos entre compañeros. Se da entre personas sin una confianza o afinidad especial. Simplemente, se producen unas palmadas en la espalda por un trabajo bien hecho o por la cercanía de algún hecho concreto.

Abrazos asimétricos. Se producen entre dos personas a diferentes alturas. En este caso, la connotación es puramente pasional y erótica.

Abrazos laterales, es otro ejemplo de simpleza y cercanía a la vez. Esta forma de abrazar se produce cuando se rodea el hombro de otra persona con el brazo. Sus significados son varios. Puede referirse a un ansia por reconfortar a la otra persona, compañerismo, simpatía y cariño, amor, ternura, calidez…

Abrazos distantes. Son abrazos incómodos, se dan por simple formalismo y que incluso nos suponen una amenaza. En este caso, en lo que se refiera a los abrazos distantes cabe decir que son altamente comunes.

Abrazos violentos. Incómodos y amenazantes. Son abrazos de gran intensidad, apretados, incluso pueden causar dolor a uno de los implicados/as.

Abrazos protectores. Una de las personas se coloca de espalda a la otra, y la que queda detrás, envuelve con sus brazos a quien se encuentra delante; transmitiéndole así una señal de estabilidad, confianza y cuidado.

Abrazo con movimiento. Es muy común en las personas que se tienen mucho aprecio, pero que no se han visto durante mucho tiempo.

Abrazo por la cintura. Es un tipo de abrazo muy íntimo y romántico, por lo que suele ser bastante común entre las parejas. En este caso, ambas personas envuelven con sus brazos la cintura del otro con firmeza, mientras se miran a los ojos o se besan.

Abrazo en el aire. Se trasmite una fuerte conexión emocional y física, por lo que es común en aquellos que se atraen físicamente.

Abrazo unilateral. En esta forma de abrazar, una de las dos personas rodea con sus brazos el torso del otro, mientras que este permanece quieto y con los brazos caídos. Es decir, quien recibe el abrazo no opone resistencia, pero tampoco devuelve el gesto.”

Jane Austen, escribió: “Y a veces me he guardado mis sentimientos, porque no pude encontrar un lenguaje para describirlos”. Y cada vez creo, que buscando una idea para expresar lo que no se tiene en palabras aparece el abrazo, los abrazos para comunicar lo que se siente, lo que está ahí que puede tener palabras, pero que cuando no se encuentran el abrazo comunica más que la palabra misma.

La pandemia nos quitó en muchos casos el abrazo como una forma de expresión emocional. Los sentimientos guardaron distancia y creo nuevas brechas afectivas. A penas nos estamos recuperando, porque la virtualidad invadió la vida y se quedaron los abrazos en solo palabras y los abrazos son acción, son afectos en movimiento.

Los abrazos no van solos, van acompañados de miradas, de la oportunidad de podernos vernos a los ojos, de poder aspirar los aromas, los perfumes y la esencias de los otros, de sentir con el cuerpo al otro, a la otra, y de concretar un encuentro humano que quita diques, fronteras, límites y espacios y da valor a la cercanía de los cuerpos y de lo que dicen sin hablar. Abrazarnos es confiar en el otro de manera simultánea.

Agregó a la lista de tipos de abrazos de Aroa Ruíz el:

Abrazo lento. Trasmite amor, cariño, ternura y solidaridad. Es un abrazo que se ofrece para abrazar el dolor ante una pérdida, puede ser soporte y solidaridad. Es un abrazo que se ofrece desde la alegría también en donde el tiempo se hace silencio y ofrece tranquilidad. Es la oportunidad de perpetuar el momento del sentir al otro, poniendo el corazón y el alma en el abrazo. El tiempo se alarga y se perpetua el sentimiento en la memoria.

Habrá que abrazarnos mucho con todos los tipos posibles. Habrá que recuperar la cercanía y dar paso a la confianza. Es empezar a recuperar el sentido de pertenencia con los demás. La soledad nos aísla, atrofia los sentidos y cancela los sentimientos. La distancia no solo nos aleja del otro, nos invisibiliza y nos difumina en una realidad social que se hace cada vez individualista.

Los abrazos son parte de la forma de ser y estar en el mundo, la evolución y la cultura humana nos han dado en el abrazo la oportunidad sentir y vivir, en eso que llamamos vínculo, que a la vez nos dan el punto de referencia para poder soñar con los abrazos de quienes ya no están o de quienes siempre esperamos abrazar y ser abrazados, que muchas veces es la carencia, eso que nos hizo y nos hace falta y aceptar que de vez en vez tenemos el derecho y la obligación de abrazarnos desde el amor propio.

 

*https://elpais.com/mamas-papas/familia/2023-01-21/dia-mundial-del-abrazo-ni-todos-son-iguales-ni-tienen-el-mismo-efecto-en-ninos-y-mayores.html

 

Arturo Mora Alva
Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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