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viernes, julio 23, 2021

Algo debe cambiar

“Yo no creo en el espíritu de sistema ni en los monólogos históricos. No sé qué sea la historia, pero sé que no ha sido nunca un soliloquio. Creo en la pluralidad. En el diálogo. A condición de que sea verdadero, sin reservas mentales y fundado en el reconocimiento de las diferencias de cada uno”.

                                                                                                                 Octavio Paz

 

Algo grave está pasando en el país. No son las pugnas políticas en entre los partidos lo único que atrae la atención de los medios de comunicación. Hay algo más. Se está poniendo en primer plano varios temas de una agenda social y política que sin duda son relevantes para el futuro de la nación.

De alguna manera la propuesta del gobierno federal y las estrategias locales de los gobiernos estatales y municipales para atender el Covid-19 siguen fallando. La mortalidad por esa causa en México la más alta del mundo. El sistema de salud se colapsa y las facturas en educación, empleo y justicia social van a cobrar precios muy caros, volviendo a empeñar el desarrollo social de buena parte de la población. Los datos ahí están, aunque no se quieran ver.

La salud y la vida de muchas personas está en riesgo ante el hecho de que se han diferido diversas cirugías y procesos de atención a enfermos por otros males y afecciones. Por otra parte, el personal de salud está agotado, además de que muchos han muerto muchos de ellos, la cifra es terrible y nos pone como uno de los países en donde más personal del sector salud ha fallecido por Covid-19.

Ahora la estrategia de vacunación propuesta esta aprueba y tienen muchos factores a considerar en la logística de la aplicación y en la forma en que se administraran las dosis conforme al tipo de vacuna para que tenga éxito. Todo un reto de salud pública ya que el gobierno no logra entender, que no sólo es la aplicación de la vacuna lo que nos podrá sacar adelante como país ante la pandemia.

El presidente de la república después de sortear el Covid-19 tuvo la oportunidad de actuar de forma diferente y dar un mensaje claro para reforzar algunas de las medidas de protección y sanidad necesarias, pero tomó la decesión de continuar empecinado en su única manera de atender la contingencia. La Secretaria de Salud apostó por la política y no quiso asumir su responsabilidad y cambiar las estrategias. El costo será muy alto, no será solamente político, sino en vidas humanas. Ya estamos viviendo las consecuencias.

La embestida que vuelve a dar López Obrador a sus críticos, es la descalificación y el encono, un enfrentamiento estéril y sin darse la oportunidad de escuchar, revisar, valorar y tomar en cuenta que se pueden hacer otras cosas sensatas, adecuadas, pertinentes, inteligentes y necesarias para resolver algunos de los más importantes problemas del país.

Politizar la pandemia y seguir en un guion más que ortodoxo, sin rectificar, sin ajustar, sin corregir, sin aceptar que se equivoca en algunas de sus lecturas sobre la realidad y sobre la manera en que pueden ser resueltos algunos de los serios retos de la actual administración pública, está haciendo que el problema de gobernar se lleve a situaciones nuevas, que rayan en el absurdo y aún en la ignorancia, lo cual tendrá repercusiones de corto, mediano y largo plazo en las personas, que somos al final de cuentas quienes padecemos las decisiones políticas.

Es cierto que se necesitaban hacer muchos cambios en el gobierno y en la forma de gobernar, que se necesitaba poner una agenda social que se centrara en reducir la desigualdad, la pobreza, la corrupción y la impunidad, en estos grandes rubros de la agenda social y del plan de gobierno del gobierno federal, pero, los resultados no son nada alentadores, al contrario, se han hecho más graves esos problemas y las desigualdades crecen.

El dolor y el sufrimiento humano no son una prioridad para los gobiernos actuales, sean federales, estatales, municipales. Esto, sí pensamos que todas las políticas públicas deben buscar elevar la calidad de vida y la dignidad de las personas, y lo que se decidiendo deja mucho que desear. Con unas políticas públicas que se centran en las autocomplacencias, en las excusas, en la negación, en la falta de información y en la nula rendición de cuentas dejan en claro que quienes gobiernan solo quieren el usufruto del poder y mantenerse ahí, sin ningún escrúpulo.

Por otra parte, la agenda legislativa ha tenido avances en sin duda alguna en la ampliación de derechos para la ciudadanía. Sin embargo, los excesos hacia el control y la falta de sensibilidad para crear las condiciones institucionales y crear el andamiaje estructural para atender los compromisos de gobierno establecidos, muestran una gran parcialidad y una falta de escucha real de quienes pueden aportar ideas, soluciones y otras formas de abordar los problemas de un México, creando un atraso social más grave,  con una cancelación en la movilidad social y en las oportunidades para su desarrollo personal, además, con serios retos en la calidad y cobertura  de todos los servicios de la administración pública, que son un derecho para la ciudadanía y una obligación para los gobiernos en turno.

La deuda en materia de derechos humanos es cada vez más alta. La inseguridad es el problema más relevante y percibido como el más importante por la sociedad. La crisis del sistema educativo muestra tendencias de para un escenario catastrófico. La situación económica es por demás crítica y la inversión privada en buena parte esta detenida. El creciente papel de las fuerzas armadas en tareas y funciones de orden civil es preocupante. La necedad de no querer escuchar a quienes desean aportar a la construcción de un mejor país es una contradicción y es una mala señal para lo que resta del sexenio. Algo debe de cambiar y pronto. Tal vez, si su equipo de gobierno empieza por dejar los elogios y la complacencia y pasa por asumir sus responsabilidades algo positivo deberá pasar. Esto aplica a los gobiernos estatales y municipales.

Los gobernantes deben dejar de usar la pandemia como el pretexto para evadir sus responsabilidades, porque lo que esta pasando, es que la negligencia y omisión son ahora los únicos atributos con los que se gobierna y la autocrítica no aparece por ninguna parte. Algo debe de cambiar o al menos nosotros debemos que cambiar.

 

 

 

 

Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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