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viernes, julio 23, 2021

Descalabros

“El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago. “

Woody Allen

 

La política mexicana da para darse de frentazos y tener descalabros todos los días. El cúmulo de pendientes, de atrasos en la infraestructura en todos los servicios y rezagos sociales, lo demuestran. Pero también es cierto, que la actuación del gobierno federal, entre las “mañaneras” y la crisis permanente en el que la pandemia nos  ha puesto en los últimos meses a todo el país, no deja lugar a dudas, estamos en una país que ha sido saqueado al amparo del sistema de partidos y los acuerdos políticos entre los actores económicos y los múltiples intereses de empresas internacionales y nacionales y aún de caciques en regiones, municipios y comunidades y en donde las estrategias comerciales y las políticas de los gobiernos más poderosos del mundo imponen una agenda para el desarrollo, que ha permitido un largo proceso de acumulación de la riqueza en unas cuantas personas.

La racionalidad, la inteligencia, el uso de la ciencia y la tecnología han quedado atrapadas en las redes del poder económico y político. La estrategia de combate al Covid-19 va mostrado que la razón no cuenta cuando se trata de llevar todo al campo de la política y lo que implica para los partidos políticos y a los grupos fácticos, al querer sacar provecho político y ahora electoral, de lucrar con la tragedia y la fragilidad humana, en el contexto en el que la sociedad se encuentra en estos momentos.

Ahora que escribo este texto, se informa que López Obrador de 67 años tiene Covid-19. La arrogancia mostrada desde el inició en el manejo de la contingencia sanitaria tiene un nuevo enfermo. Sin embargo, la estrategia de atención al grave problema de la pandemia no cambiará. Es cierto que ya el gobernador de Guanajuato tuvo Coivid-19 y a la que se suman, secretarios de estado y funcionarios de todos los niveles, con la condición de que ellos tienen las “ventajas” y las “preferencias”, ante la impostura que los cargos les otorgan de facto, para ser atendidos.  Lo cierto es que las personas que no tienen ese privilegio quedan expuestas y en una vulnerabilidad más que terrible, y que la crisis del sistema de salud para atender el Covid-109, junto con otras necesidades de atención urgentes en materia de salud hacen que la infraestructura y la capacidad física y sobre todo humana para atender a los enfermos quede colapsada, generando una sensación de total desamparo.

A esto se suma, el anunció de que gobiernos locales y  empresas privadas podrán adquirir vacunas para frenar el Covid-19, y más allá de los procedimientos en términos de los contratos y los requisitos administrativos para su compra, la vacuna se puede entender, ahora como “una vacuna un voto”, en el uso que seguramente darán todos los gobiernos, de todos los partidos políticos y que refuerza la lógica del  “mercado”  para que la dramática y desigual estructura social de clases se exprese, en beneficio de los que si pueden pagar la vacuna, al precio que la oferta y la demanda impongan, mostrado que la pandemia hace nuevamente visible la nada democrática estructura social.

En el campo educativo, el problema que se tiene es más grave de lo que podemos pensar. La deserción escolar crece al galope del descontento de padres, de niños y niñas, de adolescentes y de jóvenes, a la par de un hartazgo que se ahonda ante la incertidumbre de un regreso incierto e inseguro de poder retornar a las clases presenciales y a todo lo que implica la interacción social. Colegios particulares están cerrando. Se difiere el ingreso a la Educación Superior y las universidades públicas no pueden responder a la heterogeneidad de condiciones y posibilidades reales de las y los estudiantes para poder estar en “clases”. La desigualdad social cobra nuevas facturas y la exclusión social se concreta entre la frustración y el abandono de la universidad y con ello de un proyecto de vida que se difiere y que ampliará la brecha social y económica, con la desaparición en los hechos de la “promesa de la movilidad social”, que es el anzuelo de un capitalismo meritocrático que se queda sin carnada y que quita las posibilidades de ascenso social para las y los jóvenes en un futuro inmediato.

En el campo económico y laboral la crisis sigue facturando con números rojos. Desempleo abierto, despidos constantes, empleos precarios, restricciones a la producción y baja de salarios, ponen en riesgo las diversas cadenas de la organización económica de abasto y de suministro de bienes y servicios. Los ingresos disminuyen de forma constante y crece la inflación, junto con todo un mercado especulativo, -sin escrúpulos- con relación a la salud y la explotación de las necesidades, entre pena y sufrimiento de pacientes y de los familiares ante la angustia que la cercanía de la muerte produce.

En el tema de la seguridad pública, el país se sigue llenado de muertes violentas y de impunidad. El problema es federal en buena parte, pero queda claro que en Guanajuato la “vida no vale nada”, tanto para el gobierno estatal, como para los encargados de la seguridad pública, así como de la procuración y administración de justicia en el estado. El crimen organizado tiene controlados territorios municipales y eso no puede suceder, sino es bajo el amparo de las autoridades de todos los niveles, situación que se hace por demás grave, ante la estrategia de la lucha por el  “control de plazas” entre los diversos cárteles del crimen que se han instalado y que han sembrado un miedo real y que ante la crisis del Covid-19, se ha dado el incremento de los delitos patrimoniales, asaltos, robos y robos a casa habitación, haciendo que la percepción de inseguridad y desconfianza para con la autoridades crezca.

Inicia el año y enero se hace eterno. La irracionalidad y la complacencia desde el poder hacen de las suyas. La exoneración del exsecretario de la Defensa Nacional muestra la postración que el poder civil hace ante las fuerzas armadas. El gobierno actual como los gobiernos anteriores han cedido el poder a generales y almirantes. Las tareas de seguridad pública que hacen sin saber y sin tener la formación y el criterio para ello es un verdadero problema, la confusión entre Guardia Nacional y fuerzas armadas es terrible, las tareas de control y resguardo de las Aduanas y las tareas de convertirse en una constructora de obras civiles al servicio del gobierno sin mediar licitación alguna  y el nuevo impulso de las fuerzas armadas en lo económico, a través de la estrategia de ampliar Banjercito en ciudades y municipios para administrar los fondos de los programas sociales, da para pensar que las instituciones castrenses tiene poder, mucho poder y que sólo desde ahí, se puede  entender la displicencia de Fiscalía General de la República para retirar cualquier investigación al exsecretario Cienfuegos.

Entre dolores de cabeza, golpes al hígado, Covid-19 y descalabros nos encontramos. Tenemos que empezar a pensar en la salud integral del país y poner al mismo tiempo y nivel el tema de la salud, seguridad, empleo, educación y cultura de todas las personas. Tenemos que poner el tema de la salud integral, la física y mental, a nivel individual, como parte de los derechos que tenemos para tener un real acceso al bienestar personal. Habrá que ir hablando y pensando juntos sobre todo esto y alzar la voz, expresar necesidades y demandas, a la vez de exigir cuentas y resultados. La política debe ser de interés público, porque los descalabrados, al parecer por ahora somos sólo nosotros.

 

 

 

Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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