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lunes, agosto 2, 2021

Descorazonados

La realidad supera la ficción. He sido lector de novelas policiacas, he leído a Elmer Mendoza y su visión desde la narco novela, he ido leyendo las crónicas de Héctor de Mualeón. Sigo las notas periodísticas y de análisis de Alejandro Hope y de Edgardo Buscaglia, entre otros más.

Entre todo eso que los expertos proponen y denuncian hay muchas cosas concretas, factibles y reales, sobre el cómo se puede atacar de fondo el problema de la delincuencia y las expresiones de violencia que se dan en un país en donde la autoridad ha estado ausente y en donde la injusticia y la impunidad son los derroteros en las y los ciudadanos se ven atrapados todos los días.

Tenemos una realidad que muestra la cada vez mayor insensibilidad de las autoridades para asumir con responsabilidad los compromisos necesarios para detener las violencias y actuar en consecuencia para crear condiciones de acceso a la justicia y a la vez recuperar, desde una serie de acciones elementales un trato digno para las personas que son afectadas por la delincuencia, así como, para las víctimas y sus familiares.

Las personas que buscan justicia expresan que quienes los y las atienden en las diversas instituciones del gobierno no tienen corazón.

Es cierto que se tendrá que anteponer la razón para atender desde las funciones de las autoridades los crímenes y delitos que se denuncian, con imparcialidad y con objetividad, eso sería lo deseable.

No se trata de pensar desde una sensiblería ingenua, pero sí de reconocer que la prepotencia, la falta de información pertinente, la omisión, la desidia con relación a cada carpeta de investigación que se abre y que muestra por ahora, no hay voluntad; que no hay corazón y la empatía necesaria para con las personas que buscan algo justicia, que buscan a sus familiares desaparecidos, que buscan no tener miedo, que buscan que se sancione a los responsables de robar la vida, la paz, la tranquilidad, el sueño y la dignidad.

Los homicidios siguen a la alza en Guanajuato, los feminicidios también, así como el incremento de los delitos de alto impacto. La estrategia de comunicación social del gobierno se ha convertido en juego de espejos y de apariencias, se informa sin informar, se dan declaraciones a cuenta gotas, las versiones con el tiempo de contradicen.

El poder legislativo extendió un cheque en blanco a la Fiscalía General del estado y no tiene el talante para exigir resultados. Enero y lo que va de febrero del 2020 acumulan ya cifras inaceptables de muerte y de delitos.

Los medios nacionales e internacionales ponen en la mira al estado por su ineficiencia ante la ola de muerte y crimen que pinta de rojo el estado y que coloca crespones negros en las casas todos los días.

Hay mucho por hacer sin duda. Gobernar no es fácil, pero se trata de hacer, de revisar, de evaluar, de ajustar, de cambiar, de corregir lo que no funciona. Se trata de diseñar, construir y gestionar políticas públicas, de crear condiciones para la seguridad y para desarrollar aparatos y mecanismos institucionales que pongan a las personas antes que nada, que las vean y traten con sujetos de derecho y con el respeto absoluto a toda su dignidad humana.

Se trata de que las autoridades se pongan de lado de las personas y cumplan con los mandatos que las leyes, normas, procedimientos y protocolos de acción. Se trata de tener también corazón. La congruencia es lo que falta en la operación de la administración pública, una cosa es lo que se dice y otra la que se hace.

El malestar social se acrecienta cuando se re victimiza, cuando no hay respuestas, cuando se le da la espalda a sociedad y no se le escucha.
Por ahora, hay evidencias que muestran que muchas de las propuestas que los expertos sugieren, para ir resolviendo los problemas que en materia de seguridad tenemos no se aplican.

Que la visión y las estrategias que priorizan la prevención del delito no se operan, que el fortalecimiento de las policías municipales es un pendiente, que la coordinación entre municipios, estado y federación en materia de seguridad es ineficaz, que las tareas para reconstruir el tejido y la cohesión social se manejan de forma desarticulada y sin una visión integral de la participación y complementariedad que deberían tener los programas sociales.

Para gobernar se requiere tener pasión y compromiso para servir a la ciudadanía. Las y los funcionarios deberían comprender que su trabajo es atender y brindar servicios a la sociedad con una buena actitud, con calidad y con eficiencia, siendo eficaces y profesionales.

Tener pasión y compromiso con lo que se realiza es también poner el corazón, la inteligencia y la energía necesaria para que sucedan las cosas buenas que se necesitan en la sociedad.

Lo lamentable que es hay descorazonados, -muchos-, cada vez más, tanto por la falta de sensibilidad, interés y compromiso de quienes están obligados a resolver y atender a las personas que sufren por la delincuencia, y de cada vez más personas, que están desgastadas, con la pérdida de la confianza y de la esperanza de muchas de ellas ante la nula respuesta de las autoridades y de sus instituciones. Sin corazón no hay vida.

Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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