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lunes, noviembre 28, 2022

Esperar y desear

“Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas”.

Arturo Pérez-Reverte

 

“Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos y las ilusiones se convierten en esperanza”.

José Saramago

 

Hace unos días encontré el siguiente mensaje que circulaba en el ciberespacio “Cuándo maduramos, la lista de deseos  para Navidad se hace más corta. Y lo que realmente deseamos, no se puede comprar”.

Erika, una persona inteligente y buena amiga, qué tiene el don de hacer las preguntas correctas me preguntó ¿Qué deseas para Navidad que no se pueda comprar? Le contesté lo primero que sentí y le dije también que tenía que pensarlo bien y aquí estoy ahora intentando ordenar los pensamientos que se suscitan ante tal pregunta en el plano personal. Tal vez venga bien el hacerlo cada quién como un acto reflexivo, desde la vida, desde lo que se espera y desde lo que se desea.

Ayer por la noche, Aida, una gran amiga, a la que estimo mucho, desde hace mucho tiempo, me escribió para decirme que su mamá había fallecido. Hace unos cuantos días su papá murió. La muerte sorprendió a su familia como lo sabe hacer, pese a la certeza de nuestra finitud. El dolor por las ausencias es real y surge ahí  la necesidad de refrendar nuestros deseos, para tomar lo mejor, y poder recordar a quienes hemos amado, y que dicho acto de memoria se pueda transformar en gratitud por la vida que tenemos.

Esperar y desear. Un verbo, el primero, que corre por la inmanencia del tiempo y del ser y que se conjuga en presente y el otro verbo, busca su realización dentro del contenido de lo que somos, es eso que se esconde de miles de formas y que juega a encontrarnos y perdernos,  a la vez que se desvanece al sentir el contacto con él y que se conjuga de forma simultánea en pasado, presente y futuro. Vaya paradojas que nos hacen ser los seres humanos que vamos intuyendo sin tener ningún manual para vivir.

Esperar que sucedan las cosas que se desean sin hacer algo para que se realicen, es una de las trampas propias de la fantasía, y privilegiadas del pensamiento mágico, de ideas que se anclan en la espera de eventos que construimos en la imaginación y que no suceden sino se hace algo, lo necesario.

Desear es un acto que convoca al placer, al gozo, a la carencia, a eso que nos falta, a eso que se nos extravió, y también a lo sublime, al amor. Pero también pone expuesta a la condición humana en sus bajezas, del dolor, del odio, de la envidia, del mal y de la venganza. Pensar bien lo que se desea es un acto muy importante, que a su vez, reclama conocernos profundamente y que nos lleva a dar valor existencial a la sentencia “Piensa bien lo que deseas porque se te puede cumplir”.

Hay algunas cosas que vamos deseando que no tienen precio, que no se pueden comparar pese a que el mercado las quiera empaquetar o vender a plazos. Muchas de ellas apuntan al recuerdo o otras más a vivir la experiencia:

  • Aspirar el olor de las hijas e hijos, de las nietas y los nietos cuando son bebés.
  • El ver con los pies en tierra las estrellas.
  • Sentir el abrazo de quién quieres y amas.
  • Ver y saber sanos a todas y todos integrantes de nuestras familias.
  • Ver y sentir un atardecer frente al océano.
  • Tener la experiencia de aprender algo nuevo y de sentir que se abre la mente para comprender lo que somos y lo que nos pasa.
  • Poder despedirnos de las personas que hemos amado y expresar lo que sentimos con ellas.
  • Jugar con hijos, amigos, con la pareja, gastar el tiempo con ellos sin prisa.
  • Sentir el sol en la cara y en la piel al amanecer.
  • Preparar alguna deliciosa comida y compartir.
  • Sentir la inmensidad del universo, del mar, de una montaña y aceptar nuestra existencia.
  • Fundir nuestro pensamiento al mirar un atardecer de colores naranja, rojos, ocres y amarillos.
  • Meter nuestro cuerpo en un manantial de agua cristalina.
  • Escuchar el silencio y escuchar lo que nos dice.
  • Dejarnos cubrir con la luz de una luna llena.
  • Oír el canto de las aves y volar con ellas.
  • Abrazar sin reservas a quien quieres y amas.
  • Confortar a quien sufre una pérdida desde la empatía y la ternura.
  • Ayudar a quienes te ayudaron.
  • Estar orgullosos de los logros de las hijas y de los hijos.
  • Beber un aromático café caliente.
  • Sentir la suavidad y calorcito de la piel humana.
  • Cuidar de tus perros y gatos con la lealtad que te profesan.
  • Degustar un vaso de whisky en soledad.
  • Hablar con las plantas y cuidar tu jardín.
  • Escribir un poema y sentir las palabras como refugio y como faro.
  • Leer en voz alta.

 

La lista sigue y seguramente cada una, cada uno de nosotros la podría ampliar. Las y los invito a hacerlo desde lo que esperamos y desde lo que deseamos para el bien nuestro y de los demás.

La Navidad es un buen momento para dar sentido a la vida toda.

Desear Feliz Navidad es desear una feliz vida. Pensar en nuestros deseos es dar valor a la esperanza, pero no a esa que nos puede paralizar, sino a la esperanza de hacer sin esperar la dar sin esperar nada a cambio y que sólo así, es que el deseo deja de ser algo simbólico, puede dejar de ser algo imaginario y se puede convierte en algo real.

Esto de esperar y desear nos da la oportunidad de ser imperfectamente humanos. Nos da la oportunidad de dar valor y sentido a lo que somos y a lo que vamos siendo, pese a lo que hicieron de nosotros. Esperar y desear nos dan posibilidad de acceder a la consciencia de conocernos para poder ejercer la libertad y expresar lo que sentimos y lo pensamos.

 

 

 

 

 

 

 

Arturo Mora Alva
Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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