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martes, enero 25, 2022

Luces 

“Hay que aprender tanto, y de tantas fuentes: no sólo de los libros, sino de la música, de la pintura y hasta de la simple observación de todos los días”.

          Truman Capote  

“Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo”.

                                           Isabel Allende

 

El pasado 7 de septiembre se registró un nuevo temblor, la fecha coincidió con los otros 7 de septiembre, el del 1985 y el del 2017. Ahora un nuevo sismo con una intensidad de 7.1 en la escala de magnitud Richter. El día previo se registró un fenómeno atmosférico que fue visto en la región del Istmo de Tehuantepec, en donde se vieron “luces” en el cielo, que se les cono como espectros rojos o duendes, que “son un tipo descargas eléctricas de gran escala que se producen en la mesosfera, a unos 50-90 kilómetros de altitud, por encima de las nubes, durante una tormenta eléctrica intensa y que en esa noche, del pasada 6 de septiembre se presentó y que rápidamente se asoció al presagio de que algo pasaría, en esa búsqueda que tiene el ser humano por predecir y adelantarse al futuro. Esa zona ha sido afectada por sismos y hay temor real de que vuelvan a suceder.

El pasado 7 de septiembre se volvió a observar “luces” en el cielo. Destellos lumínicos que se observan cuando se producen deslizamientos en el suelo cerca de fallas geológica de la Tierra que generan una carga eléctrica y se les conoce como “luces de terremoto”. Habrá que decir que el contar con celulares a la mano han permitido registrar ese tipo de fenómenos eléctricos que se producen en la naturaleza. La Tierra es un ente vivo que se mueve, se desplaza y vibra y literalmente nos sorprende y nos pone a temblar.

Hace unos días, el 17 de septiembre, Alma Delia Murillo publicó en Reforma una hermosa membranza de su abuela bajo el título “Después de la lluvia”, transcribo los dos párrafos iniciales: 

“Sé que ahora vamos a la ciencia como antes íbamos a misa, pero cómo negar que estamos igual de desamparados. No quiero sublevar a nadie contra los métodos rigurosos o los datos verificados, y sin embargo, ahí está septiembre. Con el temblor de días recientes mi hermana y yo nos pusimos a recordar cómo mi abuela predecía con tino infalible los sismos: está lloviendo mucho, estas aguas sólo se van a levantar ahora que tiemble. Y sí, temblaba y la lluvia se iba.

Otras veces no era la lluvia, sino el color del cielo o la forma de las nubes lo que le permitía soltar su alerta sísmica que sonaba con días de anticipación en esa voz ronca que siempre me sedujo. No era magia, desde luego, era observación atenta, constante; el método deductivo más viejo de cuantos existen para conocer el mundo”.

Las luces crean sombras que se proyectan frente a nosotros mismos, a la vez de que iluminan caminos, cuevas, grutas y agujeros y uno que otro rincón que esconde algún secreto y hasta juega con las emociones. La alegoría de la “Caverna” de Platón nos ponen ante el mito de la verdad que las sombras crean. 

Las luces por sí mismas no lo develan todo, pero las luces nos dan algunas certezas y muchas esperanzas. Junto con el fuego, las luces nos han dado calor y mucha seguridad, al menos a la fragilidad humana. Hemos construido la idea de que viendo sabemos, que, si podemos ver las cosas con claridad, ya sea con la ayuda de luz del Sol como con la luz que refleja la Luna podemos o creemos que al menos podemos tomar mejores decisiones cuando todo se obscurece, la tristeza pesa como una noche sin Luna y sin estrellas. La depresión se vive muchas veces como penumbra, como oscuridad. 

Las palabras son luces, y crean la posibilidad de narrar lo que vemos, lo que soñamos, lo que imaginamos. Es la posibilidad de poner nombre a lo que se siente, a lo que se vive. Aún bajo el tormento de historias y creaturas terribles, de abismos, de demonios y monstruos que están hechos de miedos y de culpas que nos asechan. Las palabras son luces que nos permiten explorar el alma, y tenemos que hablar para hacer que los otros vean con mis propias luces, mis propias ideas, mis razonamientos hechos claridad quien soy y que voy siendo con los demás.

En 2017, pocos días, después de los sismos Juan Villoro escribió este poema: “Puño en Alto”, en su momento fueron “luces” ante el dolor y la oscuridad. Hoy, creo que, en estos días de pandemia, de dolor, de muerte y también de sismos, están estas palabras del poeta, que siguen siendo “luces” para muchas personas. Luces para crear y creer y para que al menos tengamos una certeza, esa que dice con toda claridad, que es posible la solidaridad, que la fraternidad y la sororidad en este mundo es lo que nos hace también humanos y que ahí, en medio de la tragedia, el drama y del dolor que se siente en el cuerpo y el alma y pese algunas noches, frías, largas, de lluvia, de soledad, de tristeza y de temblores, las palabras hechas poesía nos dan “luces” para todos y todas. Poder enfrentar los retos y desafíos que la vida tiene entre luces y sombras pasa por la palabra.

Puño en alto 

Eres del lugar donde recoges la basura.

Donde dos rayos caen en el mismo sitio.

Porque viste el primero, esperas el segundo.

Y aquí sigues.

Donde la tierra se abre y la gente se junta.

 

Otra vez llegaste tarde:

estás vivo por impuntual,

por no asistir a la cita que a las 13:14 te había dado la muerte,

treinta y dos años después de la otra cita, a la que

tampoco llegaste a tiempo.

 

Eres la víctima omitida.

El edificio se cimbró y no viste pasar la vida ante tus ojos,

como sucede en las películas.

Te dolió una parte del cuerpo que no sabías que existía:

La piel de la memoria, que no traía escenas de tu vida,

sino del animal que oye crujir a la materia.

También el agua recordó lo que fue cuando

era dueña de este sitio.

Tembló en los ríos.

Tembló en las casas que inventamos en los ríos.

Recogiste los libros de otro tiempo, el que fuiste

hace mucho ante esas páginas.

 

Llovió sobre mojado después de las fiestas de la patria,

Más cercanas al jolgorio que a la grandeza.

¿Queda cupo para los héroes en septiembre?

Tienes miedo.

Tienes el valor de tener miedo.

No sabes qué hacer, pero haces algo.

No fundaste la ciudad ni la defendiste de invasores.

 

Eres, si acaso, un pordiosero de la historia.

El que recoge desperdicios después de la tragedia.

El que acomoda ladrillos, junta piedras,

encuentra un peine, dos zapatos que no hacen juego,

una cartera con fotografías.

El que ordena partes sueltas, trozos de trozos, restos, sólo restos.

Lo que cabe en las manos.

 

El que no tiene guantes. 

El que reparte agua. 

El que regala sus medicinas porque ya se curó de espanto. 

El que vio la luna y soñó cosas raras,

pero no supo interpretarlas. 

El que oyó maullar a su gato media hora antes

y sólo lo entendió con la primera sacudida,

cuando el agua salía del excusado. 

El que rezó en una lengua extraña

porque olvidó cómo se reza. 

El que recordó quién estaba en qué lugar. 

El que fue por sus hijos a la escuela. 

El que pensó en los que

tenían hijos en la escuela. 

El que se quedó sin pila. 

El que salió a la calle a ofrecer su celular. 

El que entró a robar a un

comercio abandonado

y se arrepintió en un centro de acopio. 

El que supo que salía sobrando. 

El que estuvo despierto para que los demás durmieran. 

 

 

El que es de aquí. 

El que acaba de llegar y ya es de aquí. 

El que dice “ciudad” por decir tú y yo y Pedro y Marta

y Francisco y Guadalupe. 

El que lleva dos días sin luz ni agua. 

El que todavía respira. 

El que levantó un puño para pedir silencio. 

Los que le hicieron caso. 

Los que levantaron el puño. 

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía. 

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien

vivía y oyeron un murmullo. 

Los que no dejan de escuchar.

 

Juan Villoro

 

 

Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.


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