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viernes, septiembre 30, 2022

Silencio, ruido y palabra

El silencio es, quizás, la forma más potente de la palabra”.                                 Gabriel Rolon

“A veces llamamos escuchar música a lo que en realidad es escuchar recuerdos”  

           Juan Rulfo 

“El silencio es la conversación de las personas que se quieren. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que no es necesario decir”.                                                                        

       Albert Camus

“A veces suena su risa cuando está todo en silencio, como si me recordara que la vida nunca muere”.                                                                                                       Elvira Sastre

“Claro que creo en los sueños. Soñar es esencial, puede ser la única cosa real que exista”.

            Jorge Luis Borges

“En las palabras esta la vida”                                                                    

Cristina Pacheco

 

El silencio hace ruido y se convierte en palabra. Por cuánto tiempo podemos estar en silencio. Por cuánto tiempo podemos callar la voz interior que dialoga como pensamiento y como lenguaje. Por cuánto tiempo podemos no decir nada a otros. Por cuanto tiempo podemos resistirnos a no hacer caso a los ruidos de la vida, desde el zumbido de un mosquito, el ladrido de un perro a lo lejos, el crujir de pisos y lozas por donde caminamos en silencio, o el ruido del viento que mecen las ramas de los árboles y el espantoso ruido de sirenas de ambulancias y patrullas, o el estertor de aviones que imprudentes rompen el silencio.

En el silencio se escucha el cuerpo, los sonidos nos habitan, el latir del corazón, la respiración y su cadencia, los intestinos moviéndose y los ruidos de gases que imprudentes rompen el silencio, el tronido de huesos de las articulaciones y hasta el parpadeo logran agitar el aire por mínimo que sea y el silencio de quiebra. Aún en los sueños hay sonidos, hay música, hay risas y llantos. Los sueños no están hechos en el silencio.

Sin embargo, el silencio es algo que aterra a las personas. Estar en silencio es intentar estar con uno mismo, es pensar y sentir, es pensar y recordar, es pensar y cuestionar, es pensar e insistir, es pensar y evocar, es pensar soñar, es pensar y recordar, es pensar y crear, es pensar y oír, estar en silencio es una provocación para escucharnos.

Las historias de vida de músicos, escultores, pintores, escritores, poetas, filósofos hicieron gran parte de su creación desde el silencio. Personajes místicos – hombres y mujeres- han desarrollado una espiritualidad contemplativa en el silencio. La introspección y la duda, la reflexión y el diálogo interior buscan silenciar esos ruidos y ruiditos del alma, que a veces son verdaderos estruendos del saber, o bien son estridencias propias de la pasión o son los truenos y los murmullos del deseo y del amor.

Guardar silencio es otra cosa. El silencio también es secreto personal y da paso a la creación de un mundo privado, propio. Es la intimidad con uno mismo y es la manera que tenemos de crear nuestra identidad y de tener un certificado de autenticidad por así decirlo, y es en el silencio en el que crea el espacio donde nacen las decisiones, en donde uno toma distancia del dolor y del sufrimiento, pero que en silencio también se asume lo bueno de la vida que vamos viviendo, es en el silencio en el que se puede sentir la dicha y la felicidad, que es lenguaje que solo se puede escuchar en silencio interior, y que es ese silencio lo que es el amor propio, ese que esta investido de dignidad y voluntad.

Guardar silencio es otra cosa. Es retener en el corazón, en el alma y en el cuerpo los abusos, los maltratos y el desamor que se vivió en la infancia y en la adolescencia. Guardar silencio es callar ante la infamia, ante la injusticia. Guardar silencio es permitir la impunidad. Guardar silencio es quedarse mudo ante el dolor y la pena. Guardar silencio es hacer que el rencor y el resentimiento se aniden en las entrañas y carcoma por dentro. Guardar silencio es tragarse y ahogarse con la las palabras que no se dicen, pero, que luego brotan como pena y como llanto, como enfermedad, como desasosiego, ansiedad o depresión. Guardar silencio es dar paso a la ausencia del otro, pero también es despedida y es memoria.

La sociedad de mercado y el poder en todas sus formas no quiere que estemos en silencio. Estar en silencio es pensar y darnos cuenta, tomar conciencia. Estar en silencio esta prohibido. Estamos llenos de programas de radio, de televisión, de programación es plataformas digitales, es estar hablando por celular, es estar con ruido visual en las pantallas, hemos hecho que plantas y animales hablen. Todo el tiempo hay ruido. En la calle, autos, bocinas en comercios, música ambiental en restaurantes, en tiendas de autoservicio, en plazas comerciales, en el auto. Estar en silencio esta prohibido individualmente, cada vez más personas, caminan, se transportan, trabajan y hasta se divierten con unos audífonos puestos en los oídos, oyendo algo, menos sus pensamientos.

En el sismo de 2017 Juan Villoro escritor y poeta escribió el poema “El puno en alto” como un reclamo social y un canto a la vida, en el último verso, se ve este emblema en el sentido simbólico de lo que es levantar el puño, señal que sirvió para pedir y guardar silencio para rescatar a los sobrevivientes del sismo.

Hoy las invito y los invito a no dejar de escuchar los gritos, los quejidos de dolor y de desconsuelo de los que tienen hambre y sed, de los que no tienen un techo y los invito a oír los murmullos y sollozos por las injusticias y la impunidad que hacen que  no haya paz y tranquilidad por el maltrato a las infancias y adolescencias, por las violencias en contra las mujeres, en contra de las y los ancianos, de las agresiones a las personas trans y en contra de la comunidad LGBTTTIQ, de los abusos e injusticias en contra de los migrantes y de las y los campesinos y del despojo y exclusión de las y los indígenas y las y los afromexicanos.

Los invito a escuchar las demandas y reclamos de obreros y empleados, las peticiones de los de los familiares y amigos de las los y desaparecidos, a escuchar las esperanzas y los sueños de las y los jóvenes. Los invito a escuchar la pena y el sufrimiento de las y los afectados por la pandemia.

Habrá que empezar a aprender a estar en silencio, aprender a guardar silencio. Necesitamos levantar el puño para pedir silencio y empezar a escuchar lo que dicen nuestros corazones, lo que anhelan nuestros deseos, a lo que aspiran nuestros sueños y utopías.

“El que levantó un puño para pedir silencio.

Los que le hicieron caso.

Los que levantaron el puño.

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía.

Los que levantaron el puño para escuchar si alguien

vivía y oyeron un murmullo.

Los que no dejan de escuchar”.

Juan Villoro

 

 

Arturo Mora Alva
Arturo Mora Alva
Biólogo por la UNAM, Mtro. en Educación por la UIA León, Doctor en Estudios Científico Sociales por el ITESO con especialidad en Política. Profesor Universitario en todos los grados. Investigador Social, Consultor y Analista.

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