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martes, enero 25, 2022

Repensar el semáforo epidemiológico

Renato Iturriaga *

Empecemos con lo obvio: la nueva variante del virus Sars Cov II, Omicron, y un semáforo en verde nos coloca   en el inicio de una ola mucho más grande de la que hemos visto hasta ahora.

Recientemente, Jorge Volpi, concluye

“No es tiempo, pues, de regresar a los brutales encierros de 2020; tampoco de creer que retornaremos de un día para otro a la añorada -y engañosa- libertad de 2019. Nos corresponde mirar hacia delante y acostumbrarnos, de manera crítica e inteligente, a esta incierta, escabrosa, amarga e inestable relación con el virus: no nos queda sino continuar bailando, armónica, astuta y desconfiadamente, con el enemigo.”

Estoy totalmente de acuerdo, sin embargo para tener visión crítica e inteligente, para poder hacer una apuesta astuta ante esta situación incierta, necesitamos información del estado de la epidemia lo más confiable, clara y oportuna posible.

El semáforo epidemiológico fue nuestra mejor herramienta. Pero digamos de nuevo lo obvio: el semáforo sorprende, pinta al país de verde en una explosión impresionante.  No dudo que pronto cambie, pero las señales de alarma llegan tarde. Y si no se recalibra seguirá subrepresentando la gravedad de la epidemia.

Repasemos la construcción del semáforo. La calificación del semáforo depende de diez criterios. Estos son, la tasa de reproducción instantánea, tres criterios tienen que ver con el número de casos por cada cien mil habitantes: casos confirmados, hospitalizaciones y fallecimientos.  Otros tres tienen que ver con las tendencias de estos valores, es decir del pasado reciente a ahora los casos, ¿aumentaron o disminuyeron?  Dos más tienen que ver con el porcentaje de ocupación hospitalaria, porcentaje de camas y porcentaje de ventiladores ocupados. El último criterio tiene que ver con el índice de positividad. Para cada criterio se definen rangos de valores que definen una calificación de cero a cuatro.  Al final se suman todas las calificaciones y de acuerdo a este número final se obtienen los diferentes colores. Las primeras siete variables nos dan el estado y evolución de la epidemia. Las últimas tres miden más bien la capacidad de respuesta.

Los tres criterios que tienen que ver con el número de casos (estimados, hospitalizados y fallecidos), están correlacionados, aumentan o disminuyen en la misma proporción. Uno es la sombra de los otros. De la misma manera los tres que tienen que ver con las tendencias y el número de reproducción están relacionados, para conservar las proporciones deben cambiar-subir o bajar- en la misma proporción.

Esta redundancia es, en mi opinión, una gran fortaleza del modelo que le da estabilidad y confianza. Pero para que realmente funcione los rangos de los valores que definen las calificaciones de las variables relacionadas deben seguir la proporción observada en la epidemia. Es decir, las calificaciones de las variables relacionadas deben estar en valores similares y cambiar al mismo tiempo. De lo contrario se disparan unas y otras no y el efecto neto es que se le resta importancia, en la construcción del semáforo al estado y evolución de la epidemia.

En los lineamientos de la elaboración del semáforo de agosto del 2020 (https://coronavirus.gob.mx/wp-content/uploads/2020/10/SemaforoCOVID_Metodo.pdf),

se respetaban las proporciones observadas en la epidemia, por cada 100 enfermos estimados había en promedio, 40 hospitalizados y 10 fallecidos.

Estas proporciones pueden cambiar, por ejemplo, después del proceso de vacunación o de la aparición de una nueva variante.  Con el proceso de vacunación los casos que aparecen son, en su gran mayoría leves, pocos deben ser hospitalizados y se tienen aún menos fallecimientos. Es decir, cambian las proporciones. Ante esta   nueva realidad es natural que se cambien los lineamientos, así se hizo en agosto del 2021 ( https://coronavirus.gob.mx/wp-content/uploads/2021/08/2021.8.18-M, etodo_semaforo_COVID.pdf )

Para mi sorpresa los ajustes se hacen, pero al revés, lo que provoca que sea mucho más difícil que se disparen las alarmas correspondientes a hospitalizados y fallecidos.  Ahora en enero con el proceso de vacunación más completo y con la aparición de una variante menos letal (pero mucho más contagiosa) se acentúa el mismo problema:  Las alarmas no se prenden y con eso se le resta importancia al estado y evolución de la epidemia. Por eso el mapa está verde en medio de esta explosión. El semáforo, tal como está, pondera más las capacidades hospitalarias, esperemos se conserven bien.

 

*Investigador Centro de Investigación de Matemáticas.

Presidente de la Sociedad Matemática Mexicana



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