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sábado, junio 22, 2024

Se vale tropezar

Por: Noé Morales Antonio

Analizar chistes es algo especialmente difícil,

porque la comprensión ocurre en cuestión de segundos.

no hay manera de parar a la gente a la mitad de un chiste

para identificar lo que está pasando. ¿o sí?

-Scott Weems(Ja!)

Hablar sobre la razón ha sido un problema filosófico que detiene muchas investigaciones en el intento de lograr explicarla y describirla. Definitivamente preguntarnos ¿cómo pensamos?  Se convierte en la búsqueda infinita de aquello que inicia nuestras ideas, pensamientos, argumentos, etc.

Se habla siempre de tener la razón, como si fuera posible capturarla o agarrarla, lo decimos con la facilidad con la cual pedimos que nos pasen la sal en la mesa o el “ese de la esa”. Esta forma de entender la razón está tan naturalizada que no nos cuestionamos si hablamos de una facultad, de un objeto externo, alguna entidad que compartimos, etc.

Y parece que precisamente esta noción de ver la razón es el problema que nos hace creer que vamos persiguiéndola y que cuando la tenemos no es posible perderla o al menos eso queremos y deseamos. Nos adentramos a dicha carrera buscando reconocimiento, posición social, poder, etc., buscamos todo menos aquello que creemos es “tener la razón”

En el pretexto de ganar dicha carrera los insultos, los malos tratos, las peleas y cancelaciones se convirtieron en las herramientas de una guerra que no pareciera tener final y ni siquiera un premio que pueda durar el tiempo suficiente para abandonar el esfuerzo de querer tener la razón, llegamos al punto de manera inmediata y sin darnos cuenta y por lo mismo deseamos que no nos abandone con esa misma velocidad.

La problemática de realizar este ejercicio reside en el hecho de pensar la razón como un objeto, un destino o algo que se puede adquirir. Se nos olvida en este ejercicio que la razón es una facultad, o al menos así le llamamos a aquello que está “dentro” de nosotros y que nos permite entender el mundo de tal forma que nos parezca, en cierto modo, claro. Es decir, la razón ya la tenemos, pero al parecer por las peleas que se ven cotidianamente no todos la utilizamos de la misma forma.

Las formas en las que argumentamos nos ayudan a construir ideas con las cuales nos comunicamos de manera asertiva con el resto de las personas, dichas ideas contienen nuestras creencias, información, hipótesis y ciertas certezas. Si bien muchas veces compartimos ideas con otras personas la realidad es que en la mayoría de los casos tenemos pequeñas diferencias que configuran grandes problemas dentro de la sociedad.

Dejando de lado la necesidad de tener la razón, la construcción de cualquier certeza que tenemos va de la mano de un proceso complejo, lento y lleno de tropiezos. No amanecemos un día con el hilo negro de las dudas de la humanidad. Las certezas que hoy nos acompañan no surgieron rápidamente, se formaron en años de discusión que hasta la fecha no se han resuelto.

Estar seguros de lo que decimos, vivimos, sentimos y queremos va de la mano de montar una idea sobre otra, una experiencia tras otra, equivocarse una y otra vez. Equivocarse y tropezar están marcados constantemente como opuestos a “no tener la razón” suponemos que el error no ayuda a construir certezas y que nos aleja de la verdad.

La frase que en algún momento usó Kant para describir la ilustración, resuena mucho en la escritura de este texto: Sapere Aude, ten el valor de servirte de tu propio entendimiento. una invitación un poco al cuestionamiento de la autoridad, un tanto a buscar el saber, pero mucho a saber que el ejercicio de pensar es propio y no de alguien más.

Una de las exigencias que se tiene en el ámbito académico es la escritura de textos (tesis, artículos, columnas) que cuando salen a la luz se muestran como trabajos que nacieron terminados y bien editados; no se observa los ejercicios de discriminación de textos, errores de sintaxis, de argumentación, etc.

Justo ese es el punto de esta columna, poder mostrar que aquella ilusión que genera la competencia por tener la razón es un espejismo que esconde un camino sinuoso, lleno de logros, errores, dudas que pertenecen al proceso por el cual se construyen las certezas, las ideas y los argumentos. Y qué arroja la pregunta ¿realmente se puede tener la razón?

Las herramientas con las cuales una hipótesis se construye no son siempre suficientes para comprobarla, requiere mucho trabajo, discusión, experimentación y equivocación para poder dar por cierta o falsa una hipótesis. Inclusive cuando se retoma tiempo después una hipótesis se hace precisamente porque se tienen nuevas herramientas, conocimientos y se corrigieron errores.

Una frase que siempre criticaré de algunos psicólogos es “hiciste lo que pudiste con lo que tenías” pues siento que el abuso de esta frase ha llegado al punto de servir como justificante de acciones horribles en vez de abrir el camino de la crítica y la resignificación. Por otro lado, también nos invita a cuestionar y analizar las herramientas que tenemos, evidenciar sus límites y sobre todo entender todo lo previo a éstas, es decir, los errores que hoy constituyen un criterio sólido o por lo menos más trabajado.

Tener la razón se suma a una serie de problemáticas que aún no logramos descifrar, lo cierto es que argumentar no es ir detrás de un objeto o llegar a un lugar en concreto. Significa ejercitar aquello que nos permite generar ideas, discutir y generar certezas. Errar es parte de ejercitar la razón, discriminar información nos ayuda a identificar qué nos ayuda y qué no.

Equivocarse es más normal que tener la razón, constantemente nos elude la verdad y la vida continúa sin mayor sobresalto.

Se vale tropezar, porque también se vale sobarse, levantarse y continuar.

Referencias.

Kant I.  Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?

Scott Weems, Ja! la ciencia de cuando nos reímos y por qué

Sporadikus
Sporadikus
Esporádico designa algo ocasional sin enlaces ni antecedentes. Viene del latín sporadicos y éste del griego sporadikus que quiere decir disperso. Sporás también significa semilla en griego, pero en ciencia espora designa una célula sin forma ni estructura que no necesitan unirse a otro elemento para formar cigoto y puede separarse de la planta o dividirse reiteradamente hasta crear algo nuevo. Sporadikus está conformado por un grupo de estudiantes y profesores del departamento de filosofía de la UG que busca compartir una voz común alejada del aula y en contacto con aquello efervescente de la realidad íntima o común. Queremos conjuntar letras para formar una pequeña comunidad esporádica, dispersa en temas, enfoques o motivaciones pero que reacciona y resiste ante los hechos del mundo: en esta diversidad cada autor emerge por sí solo y es responsable de lo que aquí se expresa.

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