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miércoles, abril 14, 2021

Veganismo blanco ¿Es el veganismo algo fifí?

Por: Carla Alicia Suárez Félix

Todas las personas que practicamos el veganismo hemos escuchado, al menos unas mil veces, que nuestra causa es una causa fifí. Sí hay veganos fifís, pero ¿esta es la única manera de ser vegano cuando se sabe que el veganismo surge como resistencia política que busca alcanzar la liberación animal?

En primera instancia habría que entender que hay distintas formas de ser vegano, es decir, hay diferentes veganismos. Está ahí, por ejemplo, aquel que llamo aquí fifí o veganismo blanco. Esta manera de ser vegano no se preocupa generalmente de la problemática profunda del veganismo: las múltiples formas de la explotación animal a manos de nuestra especie. La cuestión del veganismo blanco es que ubica el problema en la forma de alimentación exclusivamente. Al convertir el problema en una mera cuestión de consumo, el veganismo ha resultado bastante ventajoso para el mismo sistema capitalista que explota al animal.

El sistema capitalista neoliberal en el que vivimos ha reformulado la resistencia del movimiento vegano-antiespecista para hacerla rentable económicamente, a través de la producción y circulación de comestibles veganos y sustitutos de carne aptos para veganos que son, generalmente, excesivamente caros, en especial para quienes ganan el salario mínimo o menos: la población mayoritaria de nuestro país. Esta situación ha  generado la idea de que el veganismo es algo inalcanzable y costoso para la mayoría de la gente.

Ahora las tiendas que se benefician de este veganismo fifí parece que agregan un ‘impuesto’ a la comida etiquetada como ‘libre de crueldad[1]’, es decir, si se pretende tener la conciencia tranquila sobre el cómo tratas a los no humanos, debes pagar $10, $15, o hasta $20 extra para sustituir la leche de vacas por una opción vegetal en tu café de la sirena. Y supongamos que después de nuestro privilegiado café de la sirena nos vamos a la tienda vegana llena de productos importados súper caros y cerramos nuestro día privilegiado habiendo pagado muy caro por nuestra tranquilidad moral, ya que aparentemente estamos fuera y por encima de la explotación animal y de los explotadores de otras especies animales. Visto de esta manera, sí que es un privilegio de clase ser vegano.

El veganismo al surgir como movimiento ético y político intenta crear formas alternativas de coexistir con las demás especies animales y con nuestra propia especie, evitando la sujeción, la dominación y la explotación, en la medida de lo posible. Cabe señalar que, al igual que en el movimiento feminista es un error hablar de un sólo feminismo, sería también un error hablar de un sólo veganismo, ya que existen múltiples prácticas del veganismo, atravesadas por características contextuales que causan que no existan veganismos iguales.

Si hablamos de características contextuales que puedan derivar en formas distintas de practicar los veganismos, no podemos ignorar que los contextos pueden no prestarse al veganismo, por ejemplo, exigirle a los esquimales una dieta basada en plantas, no sólo sería imposible sino absurdo.

Por tanto, sería un error pretender que todas las personas del mundo fueran veganas sin tomar en cuenta su contexto. El veganismo como imperativo universal sería imposible e inconsciente. Es importante hacer esta aclaración para situar la discusión sobre el veganismo en un contexto occidental urbano en el que la mayoría de la gente tiene alternativas a los productos de origen animal.

Si bien, el veganismo se propone la abolición de la explotación animal, en nuestro contexto actual, incluso siendo veganos no se puede evitar participar en la muerte de otros. Se perjudica a humanos y no humanos en la producción de comida. Las dietas basadas en plantas dañan menos que aquellas que incluyen productos animales, aunque sabemos que los daños y las muertes son inevitables. Es importante que como veganos seamos también conscientes de que no estamos terminando por completo con el daño a otros, ya que nuestra mera existencia como especie implica la muerte de otros de forma indirecta, por ejemplo, una simple acción como caminar puede causar la muerte de una hormiga a la que se pisa sin querer, o la construcción de la casa que habitamos implicó que se destruyera el hábitat de algunos animales. Otro ejemplo del daño indirecto es el problema de los monocultivos, si la comida de moda es la quinoa se deforestan áreas enormes para satisfacer la demanda de ésta.

Como activistas antiespecistas siempre es emocionante cuando escuchamos que cada vez hay más veganos en el mundo y cómo el movimiento se esparce tan rápido, pero es por este crecimiento, que es esencial que exista el pensamiento crítico sobre el veganismo. Es preocupante ver cómo el movimiento vegano antiespecista se convierte en un estilo de vida de moda – encapsulado por el termino veganismo blanco– porque las raíces políticas, éticas y culturales del movimiento se diluyen poco a poco.

Este veganismo blanco ¿puede cambiar en algo la situación de los demás animales?  La repuesta es no. Es cierto que varias acciones individuales en conjunto pueden tener cierto impacto y si esas acciones se combinan con otros cambios en nuestros hábitos de consumo puede haber un efecto significativo. El movimiento confía hasta cierto punto en el contagio social que motiva cada vez a más personas a volverse veganas. Sin embargo, hay una pregunta que nos preocupa ¿en qué tipo de veganos se convertirán todas estas personas?, ¿si no se tiene el dinero suficiente para productos importados entonces no se puede ser vegano? Para responder esto situemos nuestro contexto, nuestro país tiene gran variedad de alimentos que no son de origen animal y que son mucho más accesibles y nutritivos que los productos procesados que cuestan una fortuna.

La realidad es que en las zonas urbanas de nuestro país es muy económico llevar una alimentación basada en plantas, incluso nuestra comida típica tiene distintos platillos que originalmente no utilizan ningún producto de origen animal y el resto puede veganizarse muy fácilmente. Asociar veganismo con un estilo de vida que está de moda y es cool es de nuevo ponernos en el centro de atención y olvidar que el veganismo siempre tiene que ver con la preocupación por el resto de los animales. El veganismo blanco existe y sí implica una serie de privilegios que son inalcanzables para la mayoría, por eso es necesario remover la idea de que es un estilo de vida y recordar que no se trata de una  cuestión de identidad, sino de ética. Así que la próxima vez que te digan que el veganismo es fifí piensa en lo privilegiados que somos por comer papas y nopales a la mexicana.


[1] La etiqueta “libre de crueldad” que tienen algunos productos quiere decir que, ni sus ingredientes, ni el producto final, han sido testeados en animales.

Sporadikus
Sporadikus
Esporádico designa algo ocasional sin enlaces ni antecedentes. Viene del latín sporadicos y éste del griego sporadikus que quiere decir disperso. Sporás también significa semilla en griego, pero en ciencia espora designa una célula sin forma ni estructura que no necesitan unirse a otro elemento para formar cigoto y puede separarse de la planta o dividirse reiteradamente hasta crear algo nuevo. Sporadikus está conformado por un grupo de estudiantes y profesores del departamento de filosofía de la UG que busca compartir una voz común alejada del aula y en contacto con aquello efervescente de la realidad íntima o común. Queremos conjuntar letras para formar una pequeña comunidad esporádica, dispersa en temas, enfoques o motivaciones pero que reacciona y resiste ante los hechos del mundo: en esta diversidad cada autor emerge por sí solo y es responsable de lo que aquí se expresa.

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