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lunes, marzo 8, 2021

Dora Emilia

La fascinación de mi prima Dora Emilia por todo lo relacionado con la vida diaria, cotidiana, habitual, acostumbrada, es, sin duda alguna, enfermiza.

Todo lo que entra en el ámbito, en el contorno, en el perímetro de su conocimiento, se convierte en ese mismo instante, en una maraña de juicios y deducciones que para quién no la conoce, o justo porque la conoce le parecerán los desvaríos de una loca.

Ayer por la tarde, sin ir más lejos, estuve hablando con ella por más de dos horas, en uno de esos barecitos que abundan por el rumbo de la universidad.

Y la noté preocupada.
Dijo que, por la mañana, recibió una llamada de la prima Saida, a la que Dora Emilia, llevaba tres o cuatro días tratando de localizar inútilmente.

_ ¿Y qué te preocupa? Pregunté.
¿No que habías querido hablar con ella desde algunos días atrás y no habías podido?
_ Ya lo sé primo. ¡Ya lo sé!
Pero, cuando contesté parecía hablar desde muy lejos. Apenas le entendía. Y cuando finalmente pude oír, lo que oí fue:
_ Dora Emilia, ¿tú me has estado marcando?
_ Yo le dije que sí, que llevaba días tratando de localizarla para saber si este domingo quería venir a comer pizzas hawaianas y de las otras, y tomar algunas cervezas.
_ ¡Ay, Dora Emilia, prima querida, lo siento mucho, lo siento tanto! Pero estoy en el aeropuerto a punto de subir a un avión. Voy a Turquía por tres o cuatro semanas. Esa es la razón por la que no te contesté. Estaba arreglando todo el desmadre del papeleo, y no me podía permitir ni un segundo y distraerme de lo importante. Tú me entiendes.
_ A ver Dora Emilia, ¿y qué hiciste entonces?
_ Le colgué.
_ ¿Cómo que le colgaste?
_ Bueno apreté el botoncillo ese. Sé que ahora ya no se le cuelga a nadie, solo aprietas el botoncillo, y ya estuvo.
Y entonces entré en pánico.
_ ¿En pánico? Pregunté.
_ Si primo en pánico. Piensa un poco. Hablo con mi prima Saida a nada de que suba a un avión. Y no para ir aquí a cuatro cuadras. ¡NO! Nada más y nada menos que a Turquía. ¡A Turquía! primo. A Turquía. Tu dime, ¿a quién se le ocurre? ¿A quién? ¿Quién va a Turquía? ¿Para qué, vas a Turquía? Lo que me expone como la última en la familia que, dado el caso y el avión se estrelle, ni dios lo vaya a querer, seré la última te repito en haber hablado con ella, con Saida. Y si no sobrevive al accidente, porque ya sabemos que, con tal de hacerme quedar mal, Saida es capaz de cualquier cosa, todos se me echaran encima, me echaran la culpa por haberle aguado las vacaciones. Por haberle echado la sal.
_ Dora Emilia, Dora Emilia ¿hablas en serio?
_ ¿Sobre?
_ Sobre que la prima Saida sea capaz de cualquier cosa con tal de hacerte quedar mal.
_ Por un momento pensé que te referías a lo del botoncillo ese. Pero sí. Es capaz de eso y más. Me tiene tirria, aborrecimiento, malquerencia, hostilidad, monomanía.
¡Y no la defiendas!
_ ¿Te tiene qué Dora Emilia? ¿Te tiene qué?
_ Ya dije.
Y, no exagero ni un ápice, además sabes que me encanta hablar usando sinónimos variados, sugestivos, heterogéneos, entretenidos, diversos.
_ A mí también. En eso nos parecemos Dora Emilia.
_Ya me imagino lo que dirían de mí, las locas de tus hermanas, por no mencionar a tu madre después de lo que vendría a ser, la innecesaria, superflua e inesperada muerte de la prima Saida.
¿Te lo imaginas, primo?
_ Tienes alguna razón en ese sentido. Al menos ellas, mi madre y mis hermanas se explayan como las verdolagas a la hora de buscarte el prietito en el arroz.

Pero Dora Emilia, debes reconocer que muchas veces te has excedido en tus opiniones, sentires y apreciaciones sobre lo que llamas, “La incomprensible ineptitud de esas pécoras, para lograr que cualquier hombre, acceda, consienta o condescienda a permanecer a su lado por algo más de lo que pueda ser considerado como el tiempo mínimo necesario.”

Eso puede ser visto por muchos, y me incluyo, como rudeza innecesaria Dora Emilia, como un exabrupto, casi una exageración redundante y superflua.

¡Explica Dora Emilia, explica! El tiempo mínimo necesario, ¿para qué?
_ Vamos por partes primo.
Primero encárgale por favor al plomo ese de mesero que nos atiende, que me detesta, que no me puede ver ni en pintura y que me trae entre ojos desde que le menté la madre aquí mismo, una tarde en que, se me pasaron las cucharadas, debo reconocerlo, otra jarra de cerveza helada. Yo la pago. Gracias.
¡Pero si es verdad, primo!
No sé cómo hizo tu padre, ese hombre santo, para engendrarlos a todos ustedes. Se comprende sólo porque en su condición y circunstancia de legendario viajante de comercio, se permitía, el pobre, alejarse por extendidas y dilatadas temporadas del ámbito y de la esfera envenenada y nociva de mi tía, ¡Tu madre!
Y sobre tus hermanitas, mis primas, my cousins, ¡mejor me callo!
_Dora Emilia, eres mala, virulenta, vengativa y rencorosa. Pero certera, infalible, e incontestable en tus juicios y apreciaciones. Lo reconozco.
_ Por eso te quiero so much tanto, primo. ¡Salud!

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Edgar Salguero
PINTOR Y AHORA CUENTISTA, LLEGÓ DESDE COSTA RICA A GUANAJUATO HACE 45 AÑOS.

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