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miércoles, abril 14, 2021

Una conversación inevitable

_ Ya te lo dije seis veces. Mis zapatos no me molestan.

_ Es que desde donde yo estoy, parecen quedarte chicos.

_ ¡Que no!

_ A mí me parece que sí. Al menos desde aquí.

_ Que si ¿qué?

_ Que, desde aquí, donde yo estoy, parecen quedarte chicos.

_ ¿No tienes nada más que hacer?

_ De hecho tengo mucho que hacer. Pero me preocupas.

_ ¿Yo te preocupo?

_ Tú me preocupas.

_ …

_ Si como sospecho, esos zapatos te quedan chicos, aunque no lo admitas, y a la larga, tendrás dolores y calambres de esos que enloquecen a quienes lo padecen, te convertirás en alguien muy desagradable. Y no te quedará más remedio que, educadamente, muy educadamente, pedirme que me vaya.

_ …

_ Por eso te pregunto de nuevo si esos zapatos, que desde aquí donde yo me encuentro, parecen quedarte chicos, no te quedan chicos. Porque, aunque sea una apreciación de ángulo visual, te juro que, si tu estuvieras aquí, y yo allá donde tu estas, verías que, a ti, que realmente sería yo, esos zapatos a gritos pregonan a los cuatro soles, para quien quiera entender, que me quedarían chicos. Sin duda alguna.  Y el preocupado entonces serias tú.

_ ¿No decías que tenías mucho que hacer en algún lado?

_ Sí. Pero mientras no te sinceres conmigo, acerca de esos zapatos que te quedan chicos, y te están torturando, no me moveré ni un ápice. Imagínate que acepto tu respuesta mentirosa y llena de veneno y me voy confiado. Y nada más dejarte, te entra la conciencia de tu tortura, enloqueces, llamas a mi madre por ayuda, y ella, inocente y bondadosa acude, y tú, loco por el dolor que te causan tus incómodos zapatos; la asesinas. A sangre fría y sin compasión, la asesinas.

_ Te recuerdo -por si no te acuerdas- que tu madre murió el jueves pasado.

_ ¡¿Quién te dijo tal barbaridad?! Inventas cada cosa que das miedo. Y todo por evadir una verdad de algo de lo que nadie te señalaría como culpable. Cualquiera se puede equivocar y pedir unos zapatos una o dos tallas más chicos creyendo que así se puede ahorrar unos pesos. Del modelito y del color mejor no digo nada. Ahí sí, para que veas, estás tan lejos del buen gusto, como de la luna. Por cierto, que la de esta noche juran y perjuran, que será una luna roja y enorme como pocas. Y ya ves, nosotros sin poder salir. Lo bueno es que nadie más podrá salir. Me moriría de la rabia aquí encerrado contigo, mientras los demás, tomándole y tomándole fotos a la luna.

_…

Y tú callado. Noto, aunque no lo quieras admitir, tu sufrimiento creciente por usar esos zapatos tan pequeños y feos, porque hasta el color de tus pupilas, está cambiando. De marrón claro, a verde aceituna hará una hora, y grises, ahora, me parecen. Aunque puede que sea efecto de la luz de las velas que hemos tenido que prender por el apagón en que vivimos desde anoche. Y claro, incomoda un poco eso de estar sin luz. Se acaba todo. ¿Te acuerdas del gordito aquel que una vez vino y quiso vendernos unas vacunas contra el cáncer?  Dijo que, sin electricidad, regresábamos a la edad de piedra. Que ni refri, ni tele, ni nada se podía usar. Y menos la computadora. Y del celular, si lo habías cargado, sólo restaba esperar a que la pila se descargara, para enloquecer.

_…

_Y tú sigues tan callado. Claro que con una incomodidad como la que padeces, por andar comprando y usar semejantes zapatos uno te entiende y hasta se solidariza con tu dolor, y no espera que andes por ahí de contento a contentillo, baile y baile.

_…

_Lo bueno es que justo a tiempo, como si de un milagro se tratara, no se me permitió irme a mi casa dizque por la contingencia. Lo bueno de todo esto es que sólo será, según dicen, por un mes. Si hubiera sido en marzo que trae treinta y uno; sería insoportable. Pero abril trae sólo treinta dias. Por lo que, haciendo cuentas, sólo nos quedan veintiocho. ¡¿Te imaginas!? Tú aquí solito. Rodeado de todos estos libracos que nadie en sus cabales leería, ni entiende.  ¡No quiero ni imaginármelo!

_ Yo tampoco, Andrés, yo tampoco.

 

 

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Edgar Salguero
PINTOR Y AHORA CUENTISTA, LLEGÓ DESDE COSTA RICA A GUANAJUATO HACE 45 AÑOS.

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