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lunes, abril 19, 2021

Una novela corta  (3) 

POR CAPÍTULOS

HOY, DEL CAPÍTULO CATORCE, AL VEINTICINCO.

CONTINUAMOS.

CAPÍTULO CATORCE.

A “El Renovado”, en un insólito, extravagante, inaudito y por supuesto desacostumbrado y único arrebato de iniciativa totalmente inesperada para casi toda la secta, se le ocurrió, esta madrugada, adelantársenos en el camino. ¡Morirse!

Yo, ya lo venía percibiendo como una posibilidad o como una consecuencia.

Por el lado de las posibilidades, me había hecho de algunas deducciones a las que había llegado con sólo tener los ojos abiertos. Era evidente para mí, que, la tan sobrevalorada intervención quirúrgica, arrojaba un resultado que ni a la superficialidad había llegado. El anciano era un decrépito ochentón y párale de contar. Por lo que un desenlace como el ocurrido no tenía nada de inesperado y menos aún de “milagroso” como algunos querían hacer creer a los demás.

CAPÍTULO QUINCE.

Por el lado de las consecuencias, esa costumbrita en la que “El Renovado” había caído, de dormir rodeado de núbiles y desnudas jovencitas, que dizque para poner a prueba su santidad, la santidad suya, la santidad de “El Renovado,” además de su enorme fuerza de voluntad para vencer las tentaciones de la lujuria y el pecado carnal, para mí que, tarde o temprano, temprano o tarde,  termina por pararle el corazón a cualquiera.

Pregunto con la ingenuidad e inocencia que me define: ¿Estoy equivocado?

CAPÍTULO DIECISÉIS.

Reconozco que se me fue la mano en mi fútil, frívolo e insustancial intento de tomar las riendas y controlar los destinos de la secta. No digo que no. No lo niego. Me pasé de rosca. Tal vez, confié demasiado en mi creencia, de que mi destacada, sobresaliente y extraordinaria habilidad en el manejo de las maracas me hacía único e indiscutible, como candidato para tal fin: Convertirme en el nuevo Renovado.

Pero parece que no. Parece que otros no pensaron como yo. Otros u otras.

CAPÍTULO DIECISIETE.

Me refiero sobre todo a la traidora de mi novia Mercedes con la que aún no logro adherirme, y créanme que lo he intentado. ¡Vaya que lo he intentado! Pudiendo decirse que otro intento mío, podría ser tachado o considerado por algunos…como ridículo.

CAPITULO DIECIOCHO.

Creo que mi exnovia Mercedes se ha vuelto loca de remate.

CAPÍTULO DIECINUEVE.

¿A quién sino, a una demente, se le pudo ocurrir semejante cosa?

CAPÍTULO VEINTE.

He tratado de mantenerme al margen de tal confabulación que pone mi futuro en un predicamento tal, que temo por mi subsistencia física y moral. Y no exagero. Resulta que Anastasia, la antigua cocinera, apoyada fervientemente por mi ex, Mercedes, ha decidido postularse para dirigir la secta. Méritos tiene. ¿Quién soy yo para negarlo? Pero ¿qué será de mí sí, de la postulación pasa a serlo? Y se consagra. ¿Querría una gurú seguir cocinando? Sé, y no tengo la menor duda de sus grandes dotes organizativas. Talleres de manualidades y musicales la respaldan. Yo mismo soy el resultado de sus afanes al hacer de mí, -antes un don nadie-, un reputado, conocido y afamado concertista. Maraquero si así lo quieres. Pero concertista al fin.

CAPÍTULO VEINTIUNO.

No duermo desde la postulación. No puedo.

CAPÍTULO VEINTIDÓS.

En la vorágine del insomnio despiadado y cruel, mi mente descontrolada se desata. Recuerdos de otros tiempos, circunstancias y personajes enloquecen mis ideas y pensamientos. Deambulan por los intrincados pasillos de mi mente, fantasmas que creí -inocentemente- habían muerto, o al menos quedado atrás. Mi antigua novia -por las cosas de la edad, su edad- Edelmira, es uno de esos fantasmas. Su padre bipolar, otro. La madre de Edelmira, mi suegra, otro u otra.

¡Tétricos, espeluznantes, horrendos y espantosos fantasmas bipolares todos!

CAPÍTULO VEINTITRÉS.

¡Ha ganado! ¡Anastasia ha ganado!  Anastasia, que para mí se transforma en Chavela Vargas cuando porta con elegancia y desenfado sus Ray-Ban, ¡Ha ganado!

CAPÍTULO VEINTICUATRO.

Mis peores temores se han convertido en horrendas certezas ante mis ojos. He caído en un estado que podría ser considerado como:

“Locura involuntaria con espasmódicos lapsos de irregularidades subyacentes, en un estado vegetativo inconmensurable, habitual y consensuado.”

CAPÍTULO VEINTICINCO.

En un arranque descontrolado y lejano a la menor cordura de la nueva dirigente, “La Impronunciable,” -como ha decidido ser llamada- ha nombrado nueva cocinera de la secta, a Mercedes. A la que, desde ya, tengo prohibido mirar a los ojos. Seguir a cualquier parte. O pensar siquiera en ella como alguna vez mi novia. Debo decir sin ambages, rodeos o sutilezas, mi opinión si no experta, si conocedora sobre las cualidades culinarias de Mercedes.

Cero.

Dentro de la cocina, Mercedes es incapaz de ponerle mantequilla a una galleta.

Y no diré más.

CONTINUARÁ.

 

edgarsalguero@hotmail.com

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Edgar Salguero
PINTOR Y AHORA CUENTISTA, LLEGÓ DESDE COSTA RICA A GUANAJUATO HACE 45 AÑOS.

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