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sábado, marzo 6, 2021

“El Mayo” envejece; “El Mencho”, enfermo. Y la pandemia. Hay un nuevo mapa del narco en México

Tijuana, Baja California (Zeta).- Dos grandes cárteles, siete u ocho organizaciones criminales de alto impacto y unos cien grupos menores de la delincuencia organizada, no menos peligrosos, conforman la geografía del narcotráfico en México. Sin embargo, las autoridades federales han fincado su estrategia en la pacificación del mundo del crimen sin atacarlo frontalmente y haciéndolo en forma tangencial, sin que se tenga noticia de resultados relevantes.

Mientras la sociedad mundial permanece en ascuas por la pandemia de COVID-19 y los gobiernos se ocupan de priorizar el grave problema de salud pública, los grupos delictivos siguen operando e ingeniándoselas para hacer llegar sus drogas a los consumidores, pues no se tiene información que refleje que el confinamiento ha generado un descenso en el consumo de sustancias ilícitas.

Antes y durante la contingencia sanitaria se han registrado cambios en los tipos de drogas, se modifican los patrones de los hábitos de consumo de sustancias ilícitas y las organizaciones criminales han mudado de formas y se reconfiguran. En tanto, no se advierte la eficacia del Estado mexicano para acotar la distribución de enervantes, ni de frenar la comisión de delitos inherentes al crimen organizado o arrancar el poder que ostentan los conglomerados delincuenciales.

Jesús Alfredo Guzmán Salazar, Ovidio Guzmán López e Iván Archivaldo Guzmán, hijos Joaquín Guzmán Loera. Foto: Arcihvo.

En su última Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas, en julio de 2020, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) reiteró que las organizaciones mexicanas representan la mayor amenaza criminal para Estados Unidos, las cuales se diversifican, pues no solo trafican con sustancias prohibidas, sino que participan en delitos como extorsión, tráfico de personas y robo de combustibles, incrementando los índices de homicidios.

Por su parte, Jorge Fernández Menéndez, analista en temas de seguridad y narcotráfico, sostiene que los cárteles de la droga como cualquier empresa, sea criminal o no, deben adaptarse a los patrones de consumo que tienen que asumir con los nuevos mercados. Y eso es lo que está pasando en México, donde existe una transformación generacional en las dos organizaciones criminales más poderosas y han encontrado nuevas formas de producir, distribuir y vender nuevas drogas, ante un mal diagnóstico y una estrategia fallida de las autoridades.

El gobierno no solo se quedó con información de inteligencia producida por la Procuraduría General de la República (PGR) en el sexenio pasado, que en 2018 reconocía la existencia de nueve cárteles del narcotráfico en 19 entidades federativas, a través de 37 células o grupos delictivos, sino que en la actualidad minimiza los datos, señalando que no existe ninguna organización criminal capaz de desafiar al Estado.

Antes, en 2014, la PGR reveló que había los mismos nueve cárteles, pero refería un total de 43 células criminales operando en 23 estados de la República Mexicana. De acuerdo con el comparativo, conforme se fue acercando el final de la administración del ex Presidente Enrique Peña Nieto, se redujo la actividad de los grupos de la delincuencia organizada, pero solo en el papel, pues cada vez se conoce de la atomización de diversas organizaciones delictivas por la detención de sus líderes o disputas internas que generan violencia en las sucesiones y optan por crear nuevos clanes.

LOS CÁRTELES

En septiembre de 2020, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto Castillo, aseguró que en México actúan 19 organizaciones criminales de alto impacto, dos de estas con mayor relevancia que las demás, con ganancias superiores al billón de pesos entre 2016 y 2018. El funcionario destacó que la estrategia federal para atacar el fenómeno está dirigida en cinco vertientes:

1. Identificación de sicarios y líderes de los cárteles
2. Sus estructuras financieras.
3. Corrupción política
4. Corrupción policial y judicial que los protege
5. La base social que los apoya.

La DEA ha identificado que son nueve los principales grupos de la delincuencia organizada que operan en la República Mexicana. A saber, menciona en su evaluación de mediados del año pasado a los cárteles de Sinaloa, Los Zetas, Arellano Félix, Juárez, Beltrán Leyva, del Golfo, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

De igual manera, la agencia antidrogas norteamericana estima que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha basado su estrategia en la militarización, enfocándose más en el robo de petróleo que en atender al tráfico de narcóticos.

El reconocido analista Jorge Fernández Menéndez coincide solo en parte con el diagnóstico:

“En el tema del narcotráfico, sigo pensando que hay dos grandes cárteles solamente, como cárteles. A mitad del gobierno de (Felipe) Calderón había hasta siete cárteles muy importantes. Cuando decimos cárteles, estamos hablando de una organización criminal que en términos del narcotráfico va desde el primer ámbito, hasta el último. O sea, desde la producción de la droga, hasta el lavado de dinero, el tráfico y la compra de armas, la colocación en el mercado y demás.

“Ahora hay como dos grandes soles: el Cártel de Sinaloa y el CJNG. En torno a esos soles hay distintos planetas, vamos a llamarlo así, que son distintas organizaciones, que a veces se les llama cárteles, que siguen existiendo, pero de alguna forma giran en torno a la órbita de esos dos soles. Entre ellos están los Guerreros Unidos, los Beltrán Leyva y otras organizaciones, que son siete aproximadamente en ese ámbito. Y luego, en torno a los planetas hay muchos satélites, muchas bandas que de una forma u otra terminan trabajando en algún capítulo de la producción, o de las actividades de esos grandes cárteles. Terminan trabajando con ellos”, apuntó Fernández.

A diferencia de Santiago Nieto, para el autor del libro “La Nueva Guerra. Del Chapo al Fentanilo”, después del Cártel de Sinaloa y del CJNG, las organizaciones de alto impacto son el Cártel del Golfo, Cártel de Juárez, Los Viagra, Guerreros Unidos y los Beltrán Leyva. El titular de la UIF incluye entre los cárteles a grupos como Independiente de Acapulco (CIDA), Los Rojos, Cártel del Noreste y a los autodenominados cárteles que operan en Ciudad de México.

Joaquín “Chapo” Guzmán, exlíder del cártel de Sinaloa. Foto: Isaac Esquivel, Cuartoscuro.

Al respecto, Fernández Menéndez asegura que “hay grupos de los que se les denomina cárteles y en términos reales no lo son. El Cártel de Tepito, por ejemplo, en Ciudad de México, no es un cártel. Es un grupo criminal peligrosísimo que se dedica a muchas actividades ilícitas, pero depende de otros grupos, la Anti Unión depende del CJNG. El autodenominado Cártel del Marro o de Santa Rosa de Lima, no es un gran cártel, es una organización criminal dedicada al robo del combustible y otras actividades como la extorsión, robo y secuestro, pero no es un cártel como tal. Lo que queda de los Arellano Félix, son grupos que se han disuelto y trabajan sobre todo para el Cártel de Sinaloa o Jalisco. Lo mismo ha pasado con Los Zetas”.

En su particular análisis, después de esos grupos coexisten en el país cerca de cien organizaciones criminales “que trabajan cotidianamente de una, alguna, u otra forma, relacionadas con estos grupos, pero son organizaciones diferentes, mucho menores. Eso no las hace ni más, ni menos peligrosas, pero así es como está distribuido, digamos, el escenario criminal”.

“El Marro” fue detenido el pasado mes de agosto. Foto: Cuartoscuro.

Sin embargo, reitera que los cárteles solo son dos y actualmente pasan por transiciones generacionales debido al debilitamiento de sus líderes, no así de las organizaciones.

Del Cártel de Sinaloa, Jorge Fernández, detalla que nunca estuvo aniquilado, ni remotamente con la captura y extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Solo terminó una época, y para él, sigue siendo el cártel más poderoso en México. “Más que un cártel, yo lo digo, es un holding que tiene una estructura más flexible. Hay cuatro o cinco grandes grupos que están en disputas entre ellos también, pero que se coordinan para realizar sus actividades. Eso les da mayor posibilidad de trabajar. No está tan centralizado como las otras organizaciones criminales, como el Cártel Jalisco Nueva Generación, por ejemplo. Yo creo que es una realidad, es una organización criminal que está y va a estar muy presente”.

La situación actual del líder de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, que ya tiene más de 70 años de edad, con sus hijos y hermano detenido, le han dado un rol con una suerte de “padrino” entre las distintas agrupaciones de ese cártel, asevera el analista, lo que ha motivado una transición generacional para la futura sucesión. Menciona a “Los Chapitos”, al hijo de Juan José Esparragoza “El Azul” (recientemente fallecido a causa de la COVID-19) y paradójicamente a Rafael Caro Quintero, que también forma parte de ese grupo.

“Creo que están en un proceso de transición, y en ese proceso, de manera similar, también se encuentra el Cártel Jalisco, por otras razones, pero básicamente porque su líder, ‘El Mencho’, está enfermo. No de tan extrema gravedad, como se publicó en alguna ocasión, que estaba a punto de morir, pero ya se están disputando la sucesión dos operadores. Uno, es supuestamente un hijo que tiene fuera del matrimonio, que le dicen ‘El 03’, y otro personaje que es un muy poderoso, que le dicen ‘El Sapo’”.

ANÁLISIS DE LA DEA

En la Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas 2020, la DEA establece que las cadenas de suministro de las agrupaciones criminales de México atraviesan el hemisferio occidental y el mundo. Producen y trafican drogas ilícitas como heroína, metanfetamina, marihuana y opioides sintéticos como el fentanilo. Trasiegan cocaína sudamericana hacia Estados Unidos y, a medida que los cárteles mexicanos expandieron su control del mercado de opioides, la sobredosis en la Unión Americana aumentó drásticamente, estableciendo un récord en 2019, con más del 70% de las muertes por sobredosis de opioides, incluido el fentanilo.

La agencia antidrogas estadounidense considera que el Cártel Arellano Félix continúa con su operación, principalmente en Tijuana, sosteniendo un resurgimiento de la violencia en esta frontera, al forjar una alianza con el CJNG. Sobre este, el informe destaca que “a pesar de las pérdidas de liderazgo, ha ampliado su alcance geográfico y mantenido su propia cohesión mientras explota la escisión de la organización de Sinaloa. Se considera un cartel extremadamente poderoso, con presencia en 27 de los 32 estados mexicanos en 2020. Su reputación de violencia extrema e intimidante continúa”.

Por lo que ve al Cártel de Sinaloa, la DEA refiere que se trata del clan criminal más antiguo establecido en México y está compuesto por una red de organizaciones más pequeñas. El análisis refiere que esta agrupación está en declive, citando su desintegración en facciones y la violencia de las tensiones inter e intra organizacionales, por lo que el CJNG ha aprovechado sus falencias para expandirse. La fricción entre las dos principales partidas del Cártel de Sinaloa “se intensificó en mayo y junio de 2020, con violentas luchas internas entre una facción liderada por los hijos de El Chapo Guzmán (Los Chapitos) y aquellos alineados con una facción bajo ‘El Mayo’ Zambada”.

Operativo militar en Guanajuato. Foto: Diego Costa, Cuartoscuro.

Del Cártel de Juárez, se advierte un debilitamiento en su actividad por la pérdida de la plaza desde 2016 ante la batalla por el control que presuntamente ejercen los cárteles de Sinaloa y CJNG. En cuanto al Cártel del Golfo, la DEA sostiene que pervive en el comercio de cocaína y marihuana, pero se ha expandido a heroína y metanfetamina, contrabandeando la mayoría de sus envíos de drogas al sur de Texas.

Por su parte, Los Zetas se han fragmentado ante las escisiones que dieron pie a la formación del Cártel del Noreste y Los Zetas Vieja Escuela, aunque continúan traficando una variedad de drogas, incluida la heroína y la cocaína, a través de centros de distribución en Laredo, Dallas y Nueva Orleans.

De los Beltrán Leyva se señala un posible desmoronamiento ante el arresto de muchos de sus líderes, por lo que se estima que las facciones disidentes de esta organización dependen de alianzas flexibles con el CJNG, el Cártel de Juárez y elementos de Los Zetas para trasladar drogas a través de la frontera.

En lo que corresponde a los grupos de Michoacán, como Los Caballeros Templarios, se aprecia que, tras la detención de su líder, Servando Gómez Martínez “La Tuta”, la suerte del clan se desplomó. Y de La Familia Michoacana, el informe revela que, aunque se creía una organización disuelta, sigue activa tanto en Michoacán como en Guerrero, especializándose en la producción y el contrabando de metanfetamina, junto con el tráfico de otras drogas sintéticas. También trafica marihuana y cocaína, además de regular la producción de heroína.

EL FENTANILO

Para Jorge Fernández Menéndez, en el predominio y expansión de los cárteles hay un factor de despegue, sobre todo para los de Sinaloa, pues a su parecer, se adelantaron a otros grupos criminales “y les permite operar, quizá con una lectura equivocada de algunos grupos, de que son menos violentos o que son menos narcotraficantes que otros, vamos a decirlo, y no es así, la realidad no es esa. Todos estos grupos utilizan o dejan de utilizar la violencia de acuerdo a sus necesidades, de coyuntura, momentáneas a la capacidad de control que tienen en un territorio u otro”.

En todos los sentidos, el fentanilo es un gran negocio para los cárteles. Es mucho más barato, más fácil de tener, de producir y de traficar. Es una droga que está de moda. Entonces, se puede vender a precios relativamente baratos a comparación de otras, pero con una enorme utilidad.

Fernández asegura que la utilidad por la producción y destino final de esta droga es diez veces superior a la heroína, “pero no solamente diez veces superior gramo por gramo, sino que para producir heroína necesitas tener terreno, cultivar amapola, tener campesinos, luego hay que cortarla y sacar la goma de opio; esa goma hay que llevarla a un laboratorio donde hay que tener una serie de productos químicos para transformarla en heroína y luego llevarla al mercado”.

En el caso del fentanilo, los traficantes importan el producto en estado puro, que es un farmacéutico de uso universal. Se recibe en algún puerto marítimo o aeropuerto de México, y con unos pocos kilos, se producen miles de dosis. Lo único que se requiere es una máquina para hacer pastillas y algunos otros productos que se consiguen fácilmente.

“No solo la utilidad es muchísimo mayor para los narcos, sino todo el costo de producción, de transporte y además es muy sencillo. Algo de lo que se está viendo y se va a ver en los próximos meses en Culiacán, es la enorme cantidad de laboratorios que están en simples cocinas de casas y departamentos, y desde ahí se trabaja. No es como con las metanfetaminas, hemos estado en este tipo de laboratorios que se huelen a kilómetros, por ello tienen que estar en lugares de la sierra y en despoblado. Aquí no, lo tienen en la cocina de una casa y desde ahí trabajan”, detalló Jorge.

El fentanilo llega por el Océano Pacífico. Hay otras rutas, pero los embarques más relevantes se registran en los puertos de Lázaro Cárdenas y en Manzanillo, situación que explica la violencia que hay en esas regiones, entre Michoacán, Jalisco y Colima. En ocasiones también arriba a Sinaloa, a través del puerto de Mazatlán, y “es muy fácil su manejo y transporte. Lo que decíamos, no necesitas una tonelada de fentanilo. Con 10 kilos de fentanilo, que se pueden esconder en cualquier parte de un vehículo, de un contenedor, pues no huele y no se percibe a simple vista, hacen miles y miles de dosis. La cantidad que hay que utilizar para una dosis de consumo es muy baja, son miligramos simplemente, entonces, es muy fácil transportarlo, sigue esas rutas terrestres”.

Y cuestionó: “¿Por qué no entra tanto por Tamaulipas y Chihuahua? Ahí existe otro tipo de consumo, como es cocaína y otras drogas que van por allá. La razón es sencilla, queda más lejos, y el tráfico que hay en los laboratorios, están sobre la costa del Pacífico y sobre esa zona”.

Para finalizar, el autor de varias obras relacionadas con el narcotráfico aludió el tema de Tamaulipas, “siempre fue un poco diferente Tamaulipas que Jalisco, Sinaloa o que Baja California, y en este ámbito, me parece que lo sigue siendo”.

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