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lunes, marzo 8, 2021

Genaro habla de García Luna: “Me gusta la adrenalina. Aprendí de coerción, secuestros” (ADELANTO)

Ciudad de México, (SinEmbargo).– Este libro contiene material inédito, recopilado a través de una serie de conversaciones entre los autores y Genaro García Luna. Las cinco vidas de Genaro García Luna, de Guadalupe Correa-Cabrera y Tony Payan, habla de uno de los hombres más polémicos de las últimas décadas en México

***

Prólogo

Sergio Aguayo
Profesor de El Colegio de México

Desde 2013 coordino el Seminario sobre Violencia sobre Violencia y Paz de El Colegio de México. Tenemos un foro público sobre esos temas, organizamos cursos públicos y auspiciamos investigaciones sobre las múltiples y complejas interacciones entre crimen organizado, instituciones gubernamentales, sociedad y comunidad internacional.

Los profesores Guadalupe Correa-Cabrera y Tony Payan forman parte del Seminario. En alguna ocasión conversamos sobre un libro que estaban haciendo sobre el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. Me enteré que, como parte de su investigación, conversaron durante tres días con Genaro García Luna, el poderoso secretario de Seguridad Pública del sexenio de Felipe Calderón que actualmente —septiembre de 2020— está esperando juicio en Nueva York. Los alenté a sistematizar esas pláticas y de ahí salió el texto que ahora presenta el Seminario como uno de sus documentos de trabajo.

El contenido de esta obra hace aportes originales a dos áreas prioritarias en la historia de la violencia criminal en México:

1. Las relaciones del Cartel de Sinaloa con la elite política mexicana. De confirmarse la versión de que García Luna y sus asociados estaban al servicio de ese grupo criminal, será necesario reescribir las interpretaciones sobre la estrategia seguida por el gobierno de Calderón contra los carteles mexicanos. Por ejemplo, ¿hasta qué punto pesó García Luna en la decisión federal de 2010 de dar prioridad al ataque a los Zetas? Después de todo, había una guerra declarada entre el Cartel de Sinaloa y los Zetas.

2. Un segundo aspecto tiene que ver con Estados Unidos. Las instituciones de seguridad de Estados Unidos le tenían una enorme confianza a García Luna y le concedieron la autorización para radicar en Estados Unidos. ¿En qué momento y por qué dieron un viraje de 180 grados y decidieron detenerlo y juzgarlo? Este hecho conduce al enorme peso que han desempeñado la sociedad y el gobierno de Estados Unidos en la creación de las condiciones que han hecho posible el auge de los grupos criminales.

Compartimos un fragmento de “Las cinco vidas de Genaro García Luna”, de Guadalupe Correa-Cabrera y Tony Payan, por El Colegio de México. Foto: Cuartoscuro/Archivo

De realizarse el juicio a García Luna (es posible que llegue a un acuerdo con los fiscales) probablemente conoceremos una buena cantidad de información sobre las relaciones entre los carteles y el crimen organizado y el peso de Estados Unidos en la violencia criminal mexicana.

El Seminario considera que esta obra de CorreaCabrera y Payán contiene información que nos acerca a la enigmática personalidad y carrera de Genaro García Luna. Por ello, la publicamos como documento de trabajo.

Las cinco vidas de Genaro García Luna

Guadalupe Correa-Cabrera | Tony Payan

Conocimos a Genaro García Luna el 19 de noviembre de 2017 en la Ciudad de Houston, Texas. El que fuera Secretario de Seguridad Pública durante la administración de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa daría una conferencia al día siguiente en el entonces llamado Centro México (hoy Centro para Estados Unidos y México) del Instituto Baker en la Universidad de Rice. En dicha conferencia se abordaría el tema de la seguridad en México y, además, Genaro presentaría su denominado Índice GLAC para medir la seguridad desde una perspectiva multidimensional, considerando el bienestar y muchos otros factores relevantes.

En ese tiempo, García Luna radicaba en Miami y fungía como director ejecutivo de GLAC, Security Consulting, Technology and Risk Management (clac Consulting), compañía consultora especializada en temas de seguridad, tecnología y manejo de riesgos que él había fundado. Tuvimos la oportunidad de charlar con él durante largas horas. En ese momento nos encontrábamos escribiendo un libro sobre la estrategia de seguridad —también llamada “guerra contra las drogas”— del expresidente Calderón, que consistía en una serie de entrevistas a actores clave que encabezaron las acciones de gobierno en ese sexenio, o que las analizaron bajo diversas perspectivas y desde distintos espacios de opinión o ámbitos de acción.

Genaro regresó a Houston en diciembre de 2018 para dar otra charla sobre el futuro de la seguridad en México al comienzo de la administración de Andrés Manuel López Obrador y a discutir los principales resultados de su último libro, titulado Seguridad con bienestar: un nuevo modelo integral de seguridad. Este libro había sido presentado anteriormente —en abril del mismo año— en la Ciudad de México, en el marco de una entrevista realizada en el canal de televisión de paga El Financiero-Bloomberg, la cual se transmitió en vivo y fue comentada por uno de los autores.

En ese tiempo, Genaro viajaba frecuentemente de Estados Unidos a México y visitaba importantes centros de educación superior, para participar en la discusión de agendas públicas, como el Instituto Tecnológico Autónomo de México, itam, y el Wilson Center. Nuestro contacto con Genaro surgió de una visita que hizo al Wilson Center, donde le dio a uno de nosotros su tarjeta de presentación. Genaro era entonces un hombre que parecía tener bastante influencia, tanto en su país como en los Estados Unidos. El exsecretario de Seguridad Pública mantenía relaciones significativas con políticos, empresarios y personajes clave de los círculos de poder, del mundo corporativo y de importantes agencias de seguridad mexicanas y, por su puesto, estadounidenses.

Genaro había obtenido la residencia (Green Card) en Estados Unidos e incluso había podido completar una maestría en Administración de Negocios (MBA, por sus siglas en inglés) en la Universidad de Miami. Tras retirarse de la administración pública, no buscó un puesto en la política mexicana; se convirtió en empresario y fundó su consultoría. Lo conocimos en esa época. Fue abierto y nos compartió su visión acerca del país, la clase política mexicana, su filias y fobias y, muy en particular, sobre el estado de la seguridad en México. Tomamos muchas notas que pensamos nunca llegaríamos a procesar. Sin embargo, creemos que es ahora un buen momento para hacerlo por diversas cuestiones que ya le tocará interpretar al lector.

Hoy que García Luna se encuentra preso en Nueva York, y esperando su juicio o quizás intentado negociar un acuerdo con la fiscalía (plea deal), nos parece importante reproducir algunas ideas expresadas por este personaje en las diversas interacciones que tuvimos con él, dada la enorme importancia de su caso en lo que se refiere a las relaciones de poder en México, la delincuencia organizada, la política de seguridad, la procuración de justicia, así como la cooperación antinarcóticos y el futuro de la relación bilateral con Estados Unidos.

La sistematización de estas conversaciones y reflexiones sobre las mismas, nos ayudarán posiblemente a comprender mejor el contexto en el cual se desarrolla el juicio en Nueva York, pero principalmente a adentrarnos un poco en la mente de quien fuera uno de los hombres más poderosos e influyentes en México durante un periodo crucial que marca la historia de nuestro país. Hablamos, en particular, del inicio de la denominada “guerra contra las drogas”, que implica la militarización de la seguridad pública y una estrategia no convencional de lucha contra la delincuencia organizada.

Nuestras conversaciones con Genaro García Luna, no sugieren afinidad o cercanía con el personaje y mucho menos su defensa, o una exaltación de sus ideas o trayectoria. El objetivo de este texto es analizar un periodo de la historia de la gestión de la seguridad pública en México a través de la visión de uno de sus protagonistas. El texto se divide en cinco partes, que coinciden con lo que llamamos las “cinco vidas de Genaro García Luna”, y que representan cinco periodos básicos de la vida profesional de un servidor público que se convirtió en empresario. Este personaje comenzó su carrera meteórica desde muy joven y en algún momento aspiró a dejar un legado en las áreas de seguridad pública, reforma policial y procuración de justicia en México. Irónicamente, terminó en manos de la justicia en Estados Unidos, país al que sirvió como uno de sus más fieles soldados.

La primera vida de García Luna transcurre en el que fuera el Centro de Investigación y Seguridad Nacional o Cisen (ahora el Centro Nacional de Inteligencia); ahí empezó su carrera desde abajo, como analista. La siguiente etapa de su vida profesional se desarrolla en la Agencia Federal de Investigación (afi), que él mismo fundó tras desmantelar la Policía Judicial en el sexenio de Vicente Fox. La carrera de este personaje en la administración pública federal llegó a su más alto nivel durante la administración de Felipe Calderón, quien lo nombró Secretario de Seguridad Pública. Genaro sobrevive todo el sexenio y al terminar se muda a la ciudad de Miami, donde estudia su mba y funda su consultoría. La quinta vida del protagonista de esta serie de historias comienza cuando es arrestado en la ciudad de Dallas, Texas, por presuntos vínculos con el Cartel de Sinaloa. A continuación, narramos las cinco vidas de Genero García Luna.

1. Un ingeniero en el Cisen

Genaro García Luna comenzó su vida profesional a los 25 años de edad como un ciudadano sin privilegios que aspiraba a formar parte de los cuerpos de inteligencia del Estado mexicano. Ingresó al Cisen sin ninguna influencia o recomendación, presentó los exámenes correspondientes y se sometió a las pruebas de control de confianza necesarias. En 1993 se inició como analista, después de haber cursado la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Entró a trabajar en la Dirección de Protección bajo el mando del entonces capitán de navío (hoy almirante) Wilfrido Robledo. Pronto ascendió a subdirector de contrainteligencia y luego se desempeñó como subdirector en el área de antiterrorismo.

Cuando le preguntamos a Genaro sobre los inicios de su carrera profesional, haciendo alusión a su desempeño como policía, nos contestó lo siguiente:

—Yo no me identifico como policía; soy técnico. Soy gente de inteligencia; yo me formé en el área de inteligencia. Soy ingeniero de carrera: ingeniero mecánico y luego de sistemas por la UAM [empecé en el Poli, pero a mí me tocó lo del temblor del 85 y entonces terminé en la UAM]. También acabo de completar un posgrado en Economía y Negocios, una maestría en Administración de Negocios en la Universidad de Miami. Me metí por mi obsesión de siempre por los números. Me estrené en el Cisen que había fundado Jorge Carrillo Olea durante el gobierno de Salinas. Empiezo ahí en 1994. Jorge Tello fue nuestro jefe cuando entré al Cisen; yo fui a aprender. Nos enfocamos entonces en el tema de los zapatistas.

—¿Nos podrías platicar un poco sobre el zapatismo y cómo influyó este episodio en tu carrera?

—Chiapas fue una gran escuela. Recuerden cómo el zapatismo le declara la guerra al Estado mexicano. Había gente de muchos bandos que participaba en la guerrilla. Se requería de recursos y organización para mantener al movimiento y financiarlo. Debíamos investigar a estos actores que alimentaban la subversión. Ahí reconocí la importante capacidad de los servicios de inteligencia en las labores de seguridad pública. Aprendí también en ese tiempo a hacer gestión política para atender a la comunidad; unos de los objetivos de esa tarea era el de la despresurización política. Así se trabajó con Marcos.

—¿Y por qué el Cisen?

—El desarrollo de los servicios de inteligencia mexicanos se da a finales de los ochenta y el Cisen se crea en 1989, ya terminando la Guerra Fría. Se tenía la experiencia de este periodo, cuando hubo una guerra a muerte entre los representantes de dos modelos económicos. El Cisen surge con Salinas, cuando el temor mayor de los Estados era ser infiltrados. [En este contexto,] la condición para que fueras parte del cuerpo de inteligencia de un país es que no hubieras formado parte de un cuerpo de policía; tampoco se quería tener gente que aspirara a ser policía. Todo esto era para evitar ser infiltrado.

Se buscaba gente totalmente limpia. Y entonces, como en las películas, las agencias de inteligencia van a las universidades a buscar jóvenes para reclutarlos. Eso me tocó a mí. Empezaban apenas las computadoras; no había tanta tecnología. ¿Se acuerdan del satélite “Solidaridad”? Yo tuve la fortuna de prepararme como técnico y llegué a destacar. Entonces me reclutaron. Dentro de mi cuadro éramos como doce reclutados que fuimos formados desde la carrera de analista. Algunos ya murieron y con otros llegué a trabajar después. Mis amigos no eran policías, eran agentes de inteligencia; y algunos lo siguen siendo. Tengo amigos como José Rodríguez [exdirector del Servicio Nacional Clandestino de la CIA (NCS, por sus siglas en inglés)], con el que ahora colaboro en GLAC… un gran tipo. Él fue en un tiempo pieza fundamental de los servicios de inteligencia gringos.

—¿Y cómo consideras tu desempeño en el Cisen?

—Yo ingresé como analista al Cisen; empecé desde abajo y ésa fue una ventaja. Entre Tello y yo, ahí está la diferencia. Yo sí empecé de cero en la carrera de inteligencia. Me eduqué pasando por todos los niveles. Tello no, Tello entró como jefe. Yo soy parte del primer cuadro formado. Me mandaron a Estados Unidos, Inglaterra, Israel, Alemania, España. Aprendí el modelo anfibio. Nos adiestraron en labores de espionaje; en eso los rusos y los israelitas son expertos. Mi carrera fue como pasar de mecánico a ingeniero: sabes cómo está el motor y luego aprendes a armar el motor. Esa es una gran diferencia. Tello, por ejemplo, llegó como asesor de Carillo Olea. Yo empecé como obrero; ellos llegaron como gerentes de la fábrica. Les recomiendo ver una película: The Recruit (2003). Es un peliculón. Así me reclutaron. Así me eligieron.

Genaro comenzó a destacar en el Cisen por su uso de la teoría de redes para darle seguimiento al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (o EZLN). Como profesional de inteligencia formó parte de lo que se denominó el grupo antiterrorista del Cisen. Su principal tarea entonces eran las actividades de inteligencia estratégica sobre el EZLN y otros posibles grupos guerrilleros que aparecieron en esa época, como lo fue después, en 1996, el Ejército Popular Revolucionario (EPR). El presidente era Ernesto Zedillo, quien les encomendó a Jorge Tello Peón y a Alejandro Alegre Rabiela (directores generales del Cisen en ese periodo) que llevaran a cabo toda esa labor de inteligencia y —en opinión de algunos expertos con los que platicamos— lo hicieron muy bien. Dicen algunos que los conocieron que fueron gente capaz y honesta:

A ellos nadie los puede acusar de haberse robado un quinto, de haber vendido información a nadie, de nada de eso. A ellos nunca les van a encontrar nada de que se juntaron con “El Chapo”, una casota, o algo así. A Genaro le pasó otra cosa y se corrompió; quizás porque era muy humilde; nunca lo sabremos. Eso fue hasta el periodo de Fox, en su vida número dos, cuando se le encargó la creación de la AFI.

Alejandro Alegre, Director General de Emisión del Banco de México en la actualidad, fue director del Cisen en 1999 y 2000 (hasta que entró Vicente Fox). En 1999, después de registrarse un cambio en el sistema de inteligencia mexicano, Jorge Tello asume el cargo de subsecretario de Gobernación y convence al presidente de crear una policía federal, la Policía Federal Preventiva (PFP). Ésta se forma a partir de una fusión entre la Policía Federal de Caminos y la Policía Fiscal y se le integra personal de las fuerzas armadas. El almirante Wilfrido Robledo fue el primer director de la PFP en la Secretaría de Gobernación, y se valió de dos brazos de apoyo para crear la institución: i) las fuerzas armadas y ii) el grupo que se llevó del Cisen, entre quienes estaba Genaro García Luna. Sobre su experiencia en la pfp, Genaro nos contó lo siguiente:

Cuando estaba en el Cisen, yo me hacía cargo de la parte de seguridad pública en lo que nacía la PFP. Estuve ahí desde 1993-1994 hasta 1998, cuando entré a la policía federal. Aprendí de tácticas de coerción, también sobre terrorismo, y me empapé de la doctrina. Yo hablaba con todos y aprendí de todos; aprendí muy bien. Me especialicé en robo de camiones de carga, en armas de fuego y secuestros. Fui el mejor investigador en lo relacionado a robo de camiones y secuestro. Yo hablaba con todos, con profesores, técnicos, con todo tipo de fuentes. Me gustaba la adrenalina; siempre me ha gustado… correr, aventarme del paracaídas, del bungee… También aprendí mucho sobre la relación con Estados Unidos; y cómo en tiempos del telegrama Zimmermann, México debió negociar, pues hay que reconocer la importancia estratégica que mantiene nuestro país y sopesar lo que nos ofrecen nuestros socios y vecinos.

En la PFP, Genaro crea el sistema de inteligencia. La primera misión de la recién creada agencia fue todo un éxito, a nivel táctico y operacional (de acuerdo, por supuesto, con los criterios utilizados en ese ambiente).

Se trata de la ocupación de Ciudad Universitaria en febrero de 2000, después de una huelga general de aproximadamente nueve meses. La penetración al Consejo General de Huelga (CGH) se logró gracias a una operación de inteligencia de la PFP. Las acciones para recuperar Ciudad Universitaria se llevaron a cabo un domingo muy temprano —cuando había menos gente en el Auditorio Justo Sierra, hoy Ernesto “Che” Guevara, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. El éxito del operativo radicó en que fue esencialmente pacífico, sin rastros de violencia. “Al ‘Mosh’ (Alejandro Echavarría Zarco), uno de los principales líderes del movimiento, lo agarraron durmiendo”, según nos contaron.

En la operación participaron miembros de las fuerzas armadas y la recién formada policía federal. Cabe destacar que la última fase del operativo en la UNAM fue una operación militar. Los que estuvieron a cargo de ésta se autodenominaron “verdes disfrazados de gris”. En otras palabras, hablamos de gente del ejército con uniforme de la pfp; eran nuevos y nadie conocía a sus elementos.

La PFP nació entonces y se dio a conocer con ese operativo. Se formó antes del cambio de gobierno, todavía durante el sexenio de Ernesto Zedillo. Entonces Genaro se hizo muy famoso en ese medio, por ser él quien lo dirigió desde la PFP, que fue básicamente una maniobra de inteligencia. Así fue como se ganó un lugar dentro de los servicios de inteligencia del Estado y así es como finaliza la primera etapa de la vida profesional de este personaje y viene el cambio de gobierno. Gana Vicente Fox las elecciones y se convierte, después de poco más de setenta años, en el primer presidente de un partido que no es el PRI. Sobre el tema de inteligencia y después de su paso por el Cisen, Genaro reflexiona:

—En mi paso por los servicios de inteligencia aprendí que es necesario leer bien el pasado y saber leer el presente, para pronosticar lo que va a pasar en el futuro. El desarrollo de las labores de inteligencia requiere de un proceso en cuatro pasos: planeación, captación o compilación, análisis y explotación. Todos los pasos son igualmente importantes. Hay que planear bien y meter buenos insumos (buenos datos en el proceso de captación). Pero esto no basta; hay que procesar bien esos datos y saber emplear bien el análisis. El secreto está en la instrumentación de estos conceptos. El último paso, la explotación, se trata de transformar los conceptos en políticas públicas.

Genaro dejaría entonces los servicios de inteligencia para incorporarse a la policía. Al respecto, le preguntamos:

—¿Cómo pasaste de ser un agente de inteligencia a ser policía? Mucha gente decía que eras el top cop del país.

Nos respondió lo siguiente:

—Miren, ya les dije. Yo no me defino como policía. Antes si me decían policía, lo hubiera visto como una ofensa. Yo me eduqué en inteligencia; en esa área me preparé, sobre eso estudié. Yo le decía a mi mamá que yo no iba a ser dos cosas; yo le decía que no quería ser ni basurero, ni policía. Yo quería hacer análisis estratégico y ¿por qué no?, académico también. No me interesa exaltar el morbo social. Ahora también me dedico a mis libros. Y ya escribí o coordiné varios. Desafortunadamente, la gente no valora mucho los libros; escribir libros no es lucrativo, pero es una tarea muy importante. Puedo pensar en dos conceptos: inteligencia y conocimiento. ¿Cuál es la diferencia entre inteligencia y conocimiento? Los libros son el conocimiento, pero el conocimiento tiene que ser instrumentable. Si tú no lo llevas a la práctica, a través de la inteligencia, se queda en conocimiento. Y lo que yo quería hacer en mi vida era llevarlo a la práctica. Así pues, decidí llevar la inteligencia (en forma de conceptos) a la policía.

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