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sábado, abril 17, 2021

Ausente en cuerpo pero presente en espíritu, Juan Pablo II

Cada pieza comenzaba a ocupar su lugar en el gran mosaico que serviría de escenario para el homenaje más grande a nivel mundial en honor de Juan Pablo II con motivo de su beatificación.

La tarde de este sábado, que sería de gran importancia para la relación entre México y Juan Pablo II, con la tregua del sol se volvió cálida y apacible para recibir a miles de fieles religiosos que por los cuatro costados empezaban a inundar el estadio Azteca.

A unas horas de que empezara el homenaje, las filas de fieles provenientes en su mayor parte de las diócesis cercanas a la ciudad de México, aunque no faltaban representantes de todo el país, ordenadamente se dirigían a los lugares previamente designados.

Con boleto en mano, cada asistente al homenaje ubicaba la puerta de entrada y el asiento que le correspondía, sin prisas, empujones o deseos de sobrepasar al que estaba enfrente.

Sabían que la jornada sería larga, pues de acuerdo con el programa el homenaje concluiría cerca de las 23:00 horas, por ello se han ofrecieron bebidas y alimentos ligeros.

Los asistentes ocupaban sus lugares luego de haber pasado por calles y explanadas donde los ambulantes, con permiso o no, vendían los accesorios y toda la parafernalia asociada con el Vaticano, la Iglesia y, por supuesto, Juan Pablo II, el gran ausente en cuerpo pero presente en espíritu.

Los colores serios, austeros, de sotanas y hábitos se notaban en grupos ordenados que formaban manchas entre la inmensidad de los fieles que poco a poco llenaban los accesos y lugares disponibles del Estadio Azteca.

Era notable además la cantidad de grupos juveniles, uniformados o ataviados con la vestimenta propia de las tradicionales estudiantinas, con ánimo de exponer su arte en honor del “papa mexicano”.

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