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domingo, abril 18, 2021

La orfandad de González Uribe

No es paradoja, sino consecuencia: el PRI vivirá desde hoy un nuevo ciclo nacional que en Guanajuato significará un fin de etapa. José Luis González Uribe, encumbrado a una dirección política más por razones de cercanía personal con Beatriz Paredes que por méritos personales o factores de poder, iniciará un profeso acelerado de desgaste que dañará irremediablemente al partido que dirige.

Con todo el respaldo paredista detrás de él fue incapaz de conciliar las diversas corrientes priistas, sin ese cordón umbilical se acentuarán sus temores y su parálisis se volverá más drástica.

Ha abandonado a algunos de sus aliados, como Alejandro Arias a quien ni siquiera intentó defender del embate jurídico de Bárbara Botello que persigue su encarcelación; tampoco puede confiar en ésta ni en Miguel Ángel Chico.

Con otros dos factores de poder, Francisco Arroyo y Gerardo Sánchez, mantiene más esquemas de desconfianza que de entendimiento. Nunca se apoyó en Carlos Chaurand, incluso desperdició su vieja afiliación a Roberto Suárez Nieto que en algo hubiera podido ayudarlo.

Incapaz de detener la balcanización priista en Guanajuato, González Uribe dejará un PRI aún más indefenso que el que recibió cuando finalmente, más temprano que tarde, el destino lo alcance.

 

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