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sábado, febrero 27, 2021

El Divisador: hay temor por refinería, pero qué hacemos

El Divisador se encuentra a 300 metros de la refinería y a un costado existe una termoeléctrica, lo que los mantiene siempre al alba de cualquier contingencia. Foto: Elihú Ojeda.

Han pasado dos días de la explosión en Pemex que cimbró a El Divisador, una de las comunidades más cercanas a la Refinería Ingeniero Antonio M. Amor (RIAMA) en Salamanca, por lo que el temor está latente ante siniestros próximos, como los que experimentan cotidianamente.

 

Guadalupe Sierra, dueña de una de las tiendas más concurridas del poblado, explica que estallidos y pequeños temblores son muy comunes en esa zona, aunque muchas de las veces ignoran de dónde provengan. Este último, ocurrido en uno de los sectores para elaborar lubricantes de la refinería, no fue la excepción y también se sintió.

“Esta vez fue como en sueño, porque yo sentí que tembló y me desperté asustada, pero no sabía que se trataba de una explosión o algo así. Incluso cuando fui a ver el cuarto de mi hijo, que mi hijo no vive aquí, noté que el Cristo que tiene en su pared estaba movido y le faltaba la plaquita de donde dice INRI”, narra con sorpresa.

Y es que para los pobladores estos movimientos terrestres, a veces de baja intensidad, son algo tan común ya para ellos, “pues uno sí tiene miedo, pero ya qué puede hacer uno, donde quiera hay peligros, aunque aquí pues estamos cerca de la refinería y pues sí tememos que pues ocurra alguna explosión más grande… ni cómo correr”, dice Guadalupe Sierra.

El poblado, que aloja a unas 500 familias se ubica a unos 300 metros de RIAMA, y cerca del sector donde ocurrió el siniestro el sábado por la mañana, mismo que mantiene paralizadas las actividades hasta que se supervisen y se refuercen las medidas de seguridad aptas para operar con normalidad.

Aunado a ello, los de El Divisador también tienen cerca una termoeléctrica de la CFE, algo que también los vuelve vulnerables, junto con la comunidad La Sardina, otro poblado vecino.

Guadalupe Sierra, quien vive desde hace 30 años ahí con su familia, cuenta que “lo que muy seguido pasa es que los transformadores estallan, nada mas escuchas el trueno y pues ya ves que se va la luz o te asomas y vez que está sacando chispas, pero pues lo bueno es que luego-luego atienden esas cosas y pues no pasa a más, pero el susto quién te lo quita”.

Los pobladores saben que los riesgos están latentes en la zona; sin embargo, sus vidas, sus familias y sus patrimonios los conservan en esas tierras, por lo que viven con el temor de lo peor pero conservan la fe y la esperanza de que nada malo ocurra.

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