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domingo, enero 17, 2021

El dolor de un hijo cuyo padre es sicario

El Diario de Juárez publica en su portal la carta del presunto hijo de un sicario, además, la horrible forma de enterarse de que tu padre es un delincuente, según el testimonio de una jovencita en Guerrero, publicado por La Silla Rota.

Carta del presunto hijo de un sicario

‘Yo sí voy a ser importante, pero en cosas buenas, no sé ¿qué podría ser yo?, un doctor importante, un abogado importante, pero jamás seré un sicario importante, jamás’. Esta es la historia de ‘Manuel’, un joven de 15 años estudiante de Bachilleres, y quien a diferencia de miles de jóvenes de su edad, sufre porque su padre forma parte de las filas de la delincuencia organizada, lo que le ha traído desgracia a su familia y lo ha marcado de por vida.

A este medio de comunicación llegó la misiva escrita y firmada por el menor, cuyo identidad real se reserva.

Por un lado, muestra su lucha por mantener vivo el sentimiento de amor al ser que le dio la vida, pero por el otro, el de rechazo por todo el daño que le hace a la sociedad.

A continuación, previa autorización, El Diario transcribe textualmente la carta, donde ‘Manuel’ narra el sufrimiento y dolor que vive diariamente:

‘Mi historia es la siguiente. Mi padre es una persona que hace mucho daño a las personas, él es mi padre sí, pero también es mi enemigo.

‘Yo ahorita estoy a cargo de mi abuelo, él me ha dado todo lo que necesito siempre, es mi ejemplo a seguir porque nunca me dejó, él siempre estuvo conmigo. Yo a él le debo lo que soy en ese momento todo lo que tengo se lo debo a él, pero volviendo al tema de mi padre de sangre, pero no padre de ganárselo, él hace siete años empezó a juntarse con personas malas.

‘Esas personas lo metieron en cosas delictivas, en cosas malas. Yo siempre lo he querido porque él no deja de ser mi papa. Él ahorita me busca pero sólo para decirme que me vaya con él, que me meta en sus cosas, pero yo no quiero tener la vida que él tiene. Yo quiero ser una persona de bien.

‘Él (papá) hace ocho años destruyó una familia, la cual también era de él, le hizo mucho daño a mi madre, yo amo a mi madre porque ella es todo para mí, pero él, yo tenía nueve años cuando todas las noches llegaba tomado y golpeaba a mi mamá, yo tenía que estar tratando de que mi hermano menor no escuchara todo lo que pasaba. Un día de tanto, yo me cansé y le dije a mi papá que dejara de golpearla, pero cuando le dije eso, él me golpeó a mí. Yo tengo una cicatriz de esos golpes. Tengo marcado en mi piel todo eso, él esa noche nos corrió de la casa.

‘Después de dos años de no saber de él, un día vi a mi mamá llorando y me dijo Manuel tengo que decirte algo, tu papá tuvo un accidente en Sinaloa, tuvo un enfrentamiento con soldados y está muy grave.

‘Mi padre estuvo a punto de morir, él duró un mes en el hospital, por desgracia él perdió el brazo y perdió todo. Cuando él se rehabilitó volvió a las mismas cosas, volvió a meterse en el narcotráfico y eso me dolió y me duele mucho más cada vez.

‘Él empezó a buscarme a tratar de comprarme con dinero, yo a la edad de 13 años me regaló una troca, yo no se la acepté, pero él la dejó en casa, todos los días me regalaba algo, no hubo un día en el que no me llevara algo. Eso duró meses, yo en tanto me fui con él y dejé a mi mamá.

‘Cuando me fui al mundo de mi padre, vi cosas extremadamente feas, al grado de que yo hasta ahorita no he olvidado nada de todo lo que sufrí con él.

‘Llegué a una casa súper grande y bonita, desde la entrada había gente armada y dentro de la casa había mujeres desnudas y con señas me llevó a un cuarto donde duré una semana encerrado. Yo quería irme de ahí, pero él no me dejaba salir.

‘Un día me llevó a un rancho y me dijo, (sic) ‘tenga, Manuel mata este puerco’ y yo no quería, era un animal que no tenía la culpa. Yo recuerdo que lloraba porque no quería, pero lo hice y mi padre me dijo esa vez, nunca se me ha olvidado, dijo Manuel ‘Tú vas a ser un hombre importante, yo ya me voy de aquí, le dejo parte de mi vida’ y yo si voy a ser importante, pero en cosas buenas, no sé que podría ser yo, un doctor importante, un abogado importante, pero jamás, seré un sicario importante, Jamás..’ concluye.

“Hubiera preferido que siguiéramos pobres”

“A mi papá lo mataron de la forma más cruel que nunca pude haber imaginado. Le cortaron los dedos de la mano, lo desnudaron, lo dejaron ensangrentado… revolcado sobre la banqueta del mercado”, relata Mariana.

Ella es hija de “Marcelo”, como se llamaba quien junto a sus “compañeros de trabajo” fue abandonado hace casi un año afuera del mercado central. Su muerte fue una de las tantas ejecuciones que en ese tiempo se incrementaron en la capital de Guerrero.

“De verdad que nosotros, en la familia, no sabíamos a qué se dedicaba mi papá. Antes trabajaba en una carpintería, pero siempre estaba de mal humor, decía que se sentía desesperado, que no le alcanzaba el dinero para todos, somos cinco hermanos, y que mis hermanos mayores, de 16 y 18 años, debían trabajar para ayudar”, contó la joven de 15 años, estudiante de bachillerato.

Marcelo, de 40 años, era carpintero, pero como muchos, se dio cuenta que el dinero que ganaba no le alcanzaba para solventar los gastos de una familia numerosa como la suya, y habría recibido la “invitación” para enrolarse en una célula de narcotraficantes. Como en la mayoría de los casos, la principal explicación a este cambio de oficios, es la pobreza y la necesidad económica.

“De repente mi papá nos dijo que dejaría la carpintería y que buscaría cómo ganar más dinero. Pasados dos meses de eso, comenzó a llegar con más dinero, a comprar cosas para la casa, para mi mamá, a darnos más dinero a mis hermanos y a mí, pero no explicaba o nos contaba nada… O quién sabe si mi mamá lo sabía”.

“A veces le llamaban a medianoche, o en la madrugada, y se iba, y regresaba a las tres horas o en la mañana, y cuando mi hermano le preguntó a dónde salía, se molestó y solo respondió que estaba trabajando de velador, pero como que no le creíamos. Sólo uno de mis hermanos, Carlos, dijo que sospechaba que mi papá era guarura de alguien importante, porque le había visto un arma, pero nada más”, agrega.

Y así transcurrió el tiempo hasta que una madrugada de agosto del año pasado, la esposa de Carlos, llamada Mariana también, les dijo a sus hijos que su padre, junto con otros cinco sujetos, habían aparecido ejecutados y mutilados en el mercado central de la ciudad. Junto a la pila de cadáveres, el típico narcomensaje de “esto les pasa por…” con sus características faltas de ortografía, y firmado por un cártel de reciente aparición.

“Para mí fue un shock. Yo hubiera preferido que siguiéramos pobres, pero que mi papá viviera aún con nosotros… lamentablemente la pobreza y la ambición nos arrebató a nuestro padre”, concluye Mariana entre sollozos.

Con información de agencias.

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