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lunes, abril 19, 2021

El futuro no es lo que era

Hace unos años Juan Luis Cebrián, quien fuera el director fundador del periódico español “El País” y Felipe González, el expresidente del gobierno de esa nación hicieron un libro con este título, que consigna las conversaciones que tuvieron una vez que González dejó el cargo.
El texto me llamó la atención por varias razones. Hoy quiero referirme a una de ellas. En algún momento del mismo, González reconoce que uno de los logros del Pacto de la Moncloa fue asumir la transición como “la búsqueda de una especie de territorio compartido”, (que) trataba de comprender cuál era la verdad del otro para superar la política del rencor”.
España vivía un proceso muy complicado y era clave que los políticos, a pesar de sus diferencias, no contribuyeran a un clima de agravios como premisa fundamental para buscar un acuerdo en los temas más importantes del país.
Superar el rencor, era superar el agravio personal ese que se torna en el más difícil de sanar, el que más nos polariza, el que es una antesala de la violencia física.
Comento todo esto porque me parece absurdo que nuestros políticos, a pesar del clima social que vive nuestro país, en el que una guerra contra el crimen organizado ha generalizado la violencia en varias partes de nuestro territorio, generen discursos cargados de tanta agresión entre ellos, como si la que existe en México no fuera suficiente.
La sociedad ha vuelto a decir ¡ya basta! desde el desgarrador grito del poeta Javier Sicilia por el asesinato de su hijo. La sociedad se ha vuelto a reunir en un reclamo de paz, mientras muchos de nuestros políticos, ante la carencia de un discurso a la altura de esta sociedad, no saben hacer otra cosa más que agredirse, descalificarse en lo personal, ironizar el uno al otro, ponerse apodos, como si esto fuera un circo, y pensarán que el mejor político es el que más nos hace reir y no quien sabe gobernar.
Un proyecto de gobierno se debe caracterizar por el respeto y la inclusión de los que piensan diferente. Es común que como sociedad hagamos bromas a partir de los actos de gobierno o de nuestros gobernantes; pero bajo ninguna circunstancia el gobierno puede burlarse de la sociedad o ignorarla. No debe gobernar quien basa su respuesta en burlarse de aquel que lo critica.
En este contexto comento dos situaciones que me parecen graves:
1. La búsqueda de la candidatura panista a la Presidencia de la República, ha hecho que una parte del gabinete federal esté más ocupado en las descalificaciones al líder de tal o cual partido, que en cumplir su encargo.
2. Mientras, para los partidos de oposición la oportunidad de obtener una ventaja electoral a partir de los muchos errores del gobierno, los alejan de la enorme posibilidad de construir los puntos de acuerdo necesarios para lograr la seguridad, el crecimiento sustentable y muchas otras cosas que urgen en nuestro país. Pareciera que cada partido político pretende imponer el México que quiere, sin importarle lo que la sociedad opinemos. Como si México se siguiera reinventando cada seis años.
La sociedad hemos demostrado nuestra enorme capacidad de organización frente a los problemas locales y nacionales, a pesar de la diversidad ideológica que nos es natural. Qué grave que muchos de los políticos no lo puedan hacer.

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