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jueves, abril 22, 2021

PRI: la batalla de los egos

Probablemente el PRI, partido político que fue desplazado del poder en Guanajuato en 1991 tras ejercerlo por siete décadas con sus distintos avatares, no había tenido  una oportunidad como la que se le abre hacia 2012, para pensar en la recuperación de la gubernatura.

El largo periplo panista en el poder ha agotado la capacidad de lo que en su momento fue visto como la gran alternativa a un sistema decadente. Después de dos décadas, el PAN parece tan autoritario como el viejo PRI, ha cooptado espacios públicos y sociales con el mismo espíritu totalitario de su antecesores y sufre de una esclerosis acelerada para percibir cambios y nuevas demandas sociales.

El fenómeno, entendible en la medida en que el PAN no ha generado nuevas relaciones de poder entre el Estado y los gobernados, sino que se montó en las preexistentes a su llegada a las responsabilidades públicas, ha hecho olvidar los enormes defectos del PRI, sobre todo entre los menores de treinta años, a quienes les parecen parte de la prehistoria asuntos como las luchas del 68 o los excesos echeverristas y lopezportillistas que vivieron sus padres.

El PRI vive, además, un momento de auge con un liderazgo carismático de construcción mercadológica, representado por el gobernador Enrique Peña Nieto. Esa combinación hace pensar a los priistas que tienen prácticamente en sus manos la posibilidad de recuperar la presidencia de la República y que, aprovechando la ola del voto, pueden recuperar también algunas entidades federativas de las que han estado excluidos hace tiempo.

El año pasado, candidatos tricolores lograron éxitos en estados como Querétaro, Zacatecas y Aguascalientes, donde habían sido desplazados del poder por más de una década. Esos triunfos no sólo incrementaron la euforia del PRI, sino que obligaron a las dos principales fuerzas de oposición, reluctantes a confluir incluso en temas menores, a forjar proyectos de alianza para frenar al que se convirtió en el rival a vencer.

Sin embargo, ese panorama, nítido a los ojos de muchos analistas y observadores atentos de la política, no ha sido suficiente para que en Guanajuato los priistas logren trabajar en un proyecto de reagrupamiento y reconciliación.

Trabajando en contra de las posibilidades que les ofrece el contexto y atados a mezquindades y rencores parroquiales, los escasos liderazgos del priismo guanajuatense se disputan con saña los pequeños espacios burocráticos de sus debilitadas estructuras.

Encabezadas por el senador Francisco Arroyo y el diputado federal Gerardo Sánchez, los únicos actores guanajuatenses con referentes nacionales, las dos principales corrientes priistas trabajan activamente… en contra de su propio interés estratégico como partido.

La discordia en la cúpula se refleja y multiplica cuando se desciende en la escala partidista. Las escaramuzas cotidianas de personajes como Bárbara Botello, Alejandro Arias, Gerardo Zavala, Alejandro Rangel, Nicéforo Guerrero, Miguel Ángel Chico, Luis Gerardo Gutiérrez, Leonardo Solórzano o Javier Contreras, no hacen sino confirmar una percepción bien afincada en la opinión pública: los priistas no tienen ningún proyecto para servir a la sociedad, sino sólo para servirse del poder, incluso de las migajas del mismo.

Esta enorme carencia de perspectiva política y de voluntad de recuperación parece condenar a Guanajuato a uno de los fenómenos que más han lastrado nuestra vida pública como entidad: la falta de competencia electoral que, a final de cuentas, es la mayor incubadora de incompetencia política.

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Arnoldo Cuéllar Ornelashttp://arnoldocuellar.com/
Arnoldo Cuéllar Ornelas. @arnoldocuellaro. Periodista, analista político. Reportero y columnista en medios escritos y electrónicos en Guanajuato y León desde 1981.

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