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sábado, mayo 15, 2021

¿Somos Charlie?

Debo empezar por aclarar que no conocía la publicación francesa Charlie Hebdo, ni siquiera había oído hablar de ella, sino a partir del brutal atentado que cobró la vida de varios de sus directivos y colaboradores.

La gran mayoría sabemos ahora que Charlie Hebdo es una revista que quienes la conocen, han definido como satírica, pues ironiza sobre la política y la vida cotidiana en Francia, así como la religión, especialmente la islamista.

Seguramente habrá quien pueda ser más preciso en esta descripción. Yo no. Simplemente dispongo de los datos que se han publicado en buena parte de los medios de comunicación hasta ahora.

Junto con el movimiento “Yo soy Charlie”, que se generalizó en solidaridad con la revista y con la libertad de expresión que implica el derecho a la publicación de la misma, surgieron diferentes pronunciamientos en sentido contrario, expresado obviamente con un: “Yo no soy Charlie”.

Estas últimas, que parecieran políticamente incorrectas en este momento, han hecho énfasis en los contenidos de la revista, a la que han acusado, entre otras cosas, de racista e intolerante.

Mi reflexión no pretende llamar a la autocensura, sino por el contrario, a una especie de “autoapertura” –por nombrarla de alguna manera-.

Quiero pensar que asumirse ahora con un “Yo soy Charlie” conlleva un llamado a la tolerancia y a la defensa social de la libertad de expresión, aun hacia ese tipo de publicaciones y contenidos. Implica también tolerar, aún si de lo que se ironiza es nuestra religión, o la ausencia de ella, nuestra ideología, o incluso nuestra persona, y eso no es lo que está pasando en México.

De la intolerancia a la sátira religiosa dan cuenta las decenas de exposiciones que a lo largo de los años han sido retiradas de museos, tan prestigiados, como el de Arte Moderno, en la ciudad de México, por considerar que faltaban al respeto a la religión católica, o los despidos que ha causado el montaje de las mismas.

De la intolerancia al trabajo periodístico dan cuenta las decenas de atentados y desapariciones de reporteros en diferentes partes del país, que han convertido al periodismo en uno de los oficios más peligros en México.

De la intolerancia a la sátira personal, da cuenta –sólo como un ejemplo- la reciente queja presentada por Joaquín López Dóriga y Televisa, a través de la cual se solicitó al Instituto Nacional Electoral “bajar” un spot –por cierto bastante malo- hecho por el partido de la Revolución Democrática. El sentido de la resolución fue considerar que el uso de la imagen del comunicador constituyó una agresión al mismo.

Cualquier intolerancia atenta contra la libertad de expresión. No se tiene que llegar al extremo de un atentado, para que sea condenable.

No sólo nos toca reclamar tolerancia y respeto irrestricto a la libertad de expresión en Francia, nos toca ser tolerantes y permitir su ejercicio aquí. A eso equivaldría una parte del discurso de “ser Charlie”, por eso cabe preguntarnos y preguntarles a todos los que ahora dicen que son “Charlie” ¿De verdad lo somos? ¿O sólo lo somos respecto de las publicaciones que se hacen en otro país, o respecto de otra religión u otras personas?

Twitter:  @r_izaguirre

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