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miércoles, abril 21, 2021

Torres Landa o la desilusión

Empieza a convertirse casi en una manía religiosa, paradójicamente sostenida por personajes absolutamente liberales, la idea de que para vencer al panismo gobernante en Guanajuato desde hace dos décadas hace falta un mesías con nombre y apellido: el ex candidato derrotado en 2000, Juan Ignacio Torres Landa.

Anhelado por priistas que fuera de ello no se preocupan mayormente en reconstruir a su partido; pero también por antipanistas a los que sólo un milagro podría darles satisfacción, el Juan Ignacio de carne y hueso parece permanecer absolutamente ajeno a los ruegos de quienes le reclaman que cabalgue de nuevo.

Como el mítico Che Guevara que salvaría a América Latina de los latrocinios de sus élites políticas y militares en los años 60, la llegada del salvador a Guanajuato puede no producirse nunca en tanto tienda a volverse cada vez más utópica.

Hasta que un día, como el postrado hidalgo que en su lecho de muerte escucha los exhortos de Sancho para regresar a los caminos, Juani les conteste a sus adoradores: “Señores, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha, y soy agora, como he dicho Alonso Quijano el Bueno.”

 

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